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El actor Albert Pérez / TEATRE AKADÈMIA

Albert Pérez: “Muchos queremos dedicarnos al teatro y no hay recursos para todos los proyectos"

El actor aterriza en el Teatre Akadèmia para poner al espectador frente a los nuevos retos de la sociedad en 'Els nostres fills'

11 min

Albert Pérez sigue al pie del cañón a sus 62 años y apuesta por la actuación en todas sus vertientes. Ha sido una cara más que familiar en las series de TV3 --desde Poblenou y Secrets de família a Nit i dia--, en el cine y en el teatro.

El intérprete vive una etapa muy productiva sobre las tablas. Hasta el 10 de abril se encuentra en el Teatre Akadèmia de Barcelona con Els nostres fills, una obra que pone sobre la mesa los retos de esta generación y las contradicciones de la misma a la hora de comprometerse.

Cartel de 'Els nostres fills'
Cartel de 'Els nostres fills'

--Pregunta: De qué va Els nostres fills?

--Respuesta: Trata de la relación entre tres amigos de toda la vida, qué voluntad de servicio tenemos respecto a la sociedad en la que vivimos y el resto del mundo y qué solución tenemos ante el reto de las energéticas.

--¿Un espejo de la actualidad para el espectador?

--La verdad es que sí. Es un texto muy bien escrito por Lucy Kirkwood, una comedia triste, porque el espectador sale haciéndose muchas preguntas y reflexionando acerca de cómo estamos dispuestos a ayudar en la sociedad como individuos.

--Debe ser chocante, ¿no?

--Sí, claro. Vivimos un momento crítico con todo lo que nos pasa: pandemias, guerras, falta de combustibles, de energía… Eso pide un cierto sacrificio y todos nos llenamos la boca de muchas cosas, ¿pero cuántos estamos dispuestos a sacrificar ciertas cosas como dejar el coche, a limitar el consumo de luz?

--El montaje también aborda la defensa medioambiental y los retos que ello implica. ¿Cómo se posiciona usted?

--Es complicado. El otro día tuvimos un coloquio con profesores universitarios especializados en energía nuclear y, por ejemplo, desconocía que las renovables también generan residuos. Muchas veces la información que recibimos no es del todo cierta y parece que si dices blanco en realidad dicen cactus. Es complicado, porque el lenguaje lo estamos pervirtiendo mucho, últimamente. Tener información clara y limpia de lo que sucede es muy complicado.

--¿Cómo definiría e su personaje en esta comedia?

--Robin es un físico nuclear, muy divertido, con mucha ironía, de la coña, aunque con un mundo interior reservado, no expresa mucho. Tapa sus emociones con esta ironía que desarrolla a lo largo de toda la función. Me encanta, me lo paso súper bien haciéndolo, es un gustazo.

--Robin además es un jubilado y el resto de personajes también son mayores. ¿Por qué entonces Els nostres fills?

--De entrada, el título de la obra original es The children, los niños. Y se llama así porque a pesar de ser tres personas mayores, no dejan de ser como niños, juegan entre ellos. Asimismo, hace referencia a lo que se pueden encontrar nuestros hijos.

Escena de 'Els nostres fills' / TEATRE AKADÈMIA
Escena de 'Els nostres fills' / TEATRE AKADÈMIA

--¿Y qué se pueden encontrar nuestros hijos?

--Es durillo, porque el futuro del planeta es complicado. Evidentemente que la humanidad tira hacia adelante, pero la gente joven lo tiene difícil a todos los niveles. También es cierto que están muy acostumbrados a tenerlo todo y hemos de aprender a renunciar a muchas cosas cuando hoy en día no queremos renunciar a nada. Y hablo de Occidente y nos basamos en esto, pero el mundo tiene muchos continentes. Si todo el planeta tuviera el mismo nivel de vida que nosotros no sé dónde iríamos a parar. No podemos tener todo lo que queremos, como dice el texto.

--En este presente y en el mundo del teatro, ¿cuál es la realidad actual del teatro y su futuro tras la pandemia?

--No es que sea muy alentador tampoco, pero como en cualquier ámbito de la sociedad. Es un sector precario, que siempre lo ha sido, a excepción de cuatro cosas que pueden funcionar. Somos muchos los que nos queremos dedicar a esto y no hay recursos para llevar a cabo todos los proyectos que hay. La gente se piensa que el mundo del actor es glamuroso y fantástico y la gran mayoría son mileuristas y ni llegan. La cosa no pinta muy bien.

--Usted ahora está en el Teatre Akadèmia, un espacio más reducido, más off, ¿cómo ve este panorama?

--Además, este teatro es el único que funciona a través de mecenazgo. Elsa Peretti, que falleció lamentablemente el pasado año, era una mujer italiana con mucha cultura que sacó adelante este espacio y hace cosas muy interesantes. Entre el TNC y un teatro pequeño la única diferencia es el presupuesto. Y el hecho de estar en un teatro pequeño no es hacer mal teatro, dan espacio a dramaturgos y directores jóvenes y se hacen muy buenas producciones. En las salas pequeñas se hace muy buen teatro.

--¿Cree que están en extinción estas salas?

--Hubo una época en que sí desaparecieron muchas salas pequeñas, pero ahora se ha estabilizado y se mantienen. ¡Y por muchos años! Son necesarias para dar voz a nuevos autores, dramaturgias y emergente.

--Al respecto de esto y al respecto de los sacrificios que uno está dispuesto tomar, ¿también se han de hacer sacrificios para ser actor?

--Sacrificios, renuncias… pero como en cualquier sector. Hoy en día todo está muy precario y no es fácil vivir con eso, has de ir trampeando. La vida es eso, subidas y bajadas. Es duro, no es fácil mantenerse en la brecha. Afortunadamente entre el TNC y otro pequeño, y toda la vida he vivido de esto, pero a veces tienes sueldos muy razonables y otros bastante míseros.

Albert Pérez en escena / TEATRE AKADÈMIA
Albert Perez en escena / TEATRE AKADÈMIA

--¿Qué le hizo meterse en este mundo tan precario? ¿Y cómo ha capeado este mundo, como dice?

--Yo empecé haciendo teatro de barrio, amateur, mientras tenía un trabajo “normal” y cuando tuve cierta edad decidí dedicarme profesionalmente a ello. Lo he capeado haciendo este trabajo lo mejor que puedo, poniendo profesionalidad y ganas. Así tiras hacia adelante.

--Bueno, y del teatro pasó a la televisión, donde hizo muchas series, sobre todo en TV3, ¿Cómo fue ese salto?

--Yo soy actor y por mucho que la gente pregunte de qué, lo que implica ser actor es hacer cine, teatro y televisión. Hay gente que sólo se dedica a una cosa, yo no. Tuve la suerte de que los directores confiaran y pidieran mis servicios.

--¿Y cómo ve el sector televisivo ahora?

--Hoy en día están las plataformas y pienso que algún día esto petará, igual. Ahora es la burbuja de la imagen. Es un boom muy grande y no sé hasta cuándo aguantaremos. Es cierto que va a rachas, yo tuve una racha de series y ahora hace una temporada que no he tenido mucha incursión en el mundo de la imagen, a excepción de alguna película. Hay épocas en que interesas más y otras que pasas a un segundo plano. La edad supongo que también influye, tengo 62 años, y cada vez hay menos personajes mayores y somos menos los actores que trabajamos cuando llegamos a cierta edad.

--Se lo escuchamos decir mucho a las actrices, no tanto en actores. ¿La edad también les condiciona?

--Las que lo tienen más difícil son las mujeres. Se escriben menos personajes para las mujeres en teatro; ahora, demos gracias que en el mundo de la imagen tienen más cobertura, pero sí, siempre hay más personajes de 25 a 55 años, que no de 18 o 70 años. Uno se debe adecuar a la demanda.

--Por suerte, ahora está en el teatro y además afrontando debates de plena actualidad. ¿Debe contribuir el teatro a abrir o visibilizar estos debates?

--Sí, para eso los nuevos dramaturgos plantean los problemas de la sociedad actual. Hay clásicos que son muy buenos y deben seguir haciéndose, y también hacerse autores contemporáneos. Precisamente, Lucy Kirkwood tiene 36 años, un montón de obras escritas y sus obras se estrenan a nivel internacional. Y so necesarios estos debates en el teatro, el cine, la televisión… La cultura siempre intenta abrirte las miras y hacerte reflexionar un poco.

--Y tras Els nostres fills, ¿qué tiene a futuro?

--Tengo otras obras en gira y en septiembre otro proyecto. Por suerte, llevo 40 años en esto y siempre he ido haciendo y confío continuar en la brecha, evidentemente.