El cantante Ernest Crusats, líder de La Iaia, inicia su carrera en solitario con La font gelada, 11 canciones con una fuerte conexión con la naturaleza y un sonido unitario. Aunque La Iaia no ha confirmado su separación, el intérprete ha asegurado que el grupo actualmente "no está en activo". El próximo 16 de marzo, el artista estrena en directo en la Sala Apolo de Barcelona por el Festival Mil·lenni su primer proyecto fuera de la banda en un concierto acústico.

Un espacio en el que también revisitará temas que le marcaron. "Muchas veces lo que acaba ocurriendo es que se hacen canciones antiguas porque la gente las pide, pero quizás no sea el deseo de los músicos. En este caso es guay porque hemos podido recuperar una canción antigua, pero a la vez es para nosotros un gusto tocarla", explica Crusats en una entrevista con Crónica Directo.

--Pregunta. ¿Qué presentará en la Sala Apolo?

--Respuesta. Es la presentación del disco en Barcelona. Obviamente es un día especial para nosotros porque tal vez sea la presentación más importante de este nuevo trabajo. Hemos pensado un formato especial para estar en la Sala Apolo porque serán conciertos con sillas, poco habitual.

--¿Cómo será el concierto?

--El concierto es muy fiel al disco, son cuatro músicos y está todo microfoneado de una manera bastante especial porque no hay corriente en el escenario, es todo acústico. Tratamos de conservar una formación pura, con pocos elementos. Es un concierto delicado e incluso nosotros tocamos sentados. Aparte del disco también hago una canción nueva y alguna versión de La Iaia en este formato.

--¿Cómo ha sido reencontrarse con estas canciones?

--Para mí ha sido muy positivo porque precisamente hacemos una versión de Sota l'arbre, que es una canción que está en el primer disco de La Iaia y es de las que más recorrido tuvieron. Con La Iaia ya la habíamos tocado muchas veces y las canciones en su momento tienen sentido, pero a medida que pasa el tiempo tú vas evolucionando y ya no te encajan tanto. Esta en concreto la hemos versionado y nos encanta hacerla. Muchas veces lo que acaba ocurriendo es que se hacen canciones antiguas porque la gente las pide, pero quizás no sea el deseo de los músicos. En este caso es guay porque hemos podido recuperar una canción antigua, pero a la vez es para nosotros un gusto tocarla.

--El disco 'La font gelada' salió hace unos meses. ¿Cómo ha sido el proceso de asimilación de sacar un álbum fuera de La Iaia?

--Es día a día la asimilación, para mí todavía es algo nuevo. Es un proyecto nuevo que debe darse a conocer más. Estamos en una fase inicial y yo todavía estoy tomando conciencia del proyecto, en los primeros pasos. Debe pasar a la realidad, que vayan pasando cosas que nos pongan en marcha. 

--¿Cómo surgieron las canciones?

--Es un disco algo conceptual. En el fondo, las canciones versan sobre una misma temática y la estética del sonido, la forma de producir las canciones, es bastante unitaria en todo el disco. Es un álbum donde hay un componente de naturaleza todo el rato en las letras y dentro de este hay una cierta expresividad emocional. Y a su vez las canciones todas son con guitarras punteadas, unas baterías sencillas y unos bajos que van acompañando todo el rato. Todas las canciones están dentro de estas normas y esto hace que le dé como un sentido unitario. A veces hay discos que son más Frankenstein, que digo yo, que son canciones distintas y una tras otra bien enganchadas, que es maravilloso también, pero en este caso no. Es un disco unitario y era una de las cosas importantes para mí.

--He visto que le ha dado bastante importancia a la letra de las canciones.

--Sí, las letras eran un elemento importante. Si la canción no avanzaba bien con la letra, la descartaba directamente. Muchas veces lo que ocurre cuando haces música es que tienes unas melodías y después pones la letra. En el proceso de poner la letra, a veces sientes que estás llenando agujeros. En estas canciones quería que desde un inicio la letra ya estuviera presente y te permitiera desarrollar la canción en sí. Trataba de arrancar los temas haciendo letra y música a la vez y realmente dándole importancia a lo que se contaba en la canción. Si tenía sentido para mí y me transmitía cosas, la consideraba como buena. Si no conseguía contar nada y no me transmitía, la descartaba. El punto de partida no era tanto hacer melodías bonitas, más poperas, sino que era construir canciones que desde el minuto cero ya me las creyera.

El cantante Ernest Crusats / INSTAGRAM

--¿Descartó muchas cosas en este proceso?

--Tampoco descarté tantas cosas, pero muchos intentos fallidos sí hubo. O sea, no pude descartarlas porque ya directamente no eran una opción. 

--¿Cómo se llega a ese punto?

--Tenía la necesidad de que la música que hiciera me la pudiera creer de arriba abajo. Cuando te pones las canciones tú notas si lo que tienes delante de ti tiene sentido y un componente de credibilidad. En cambio, muchas veces te pones la canción y va sonando una letra, va sonando una música, pero no acabas de conectar o no acabas de creer al autor. Esto supongo que es intuición, es una sensación que tienes. A veces es difícil saber por qué. O sea, es una mezcla de mil cosas que después quieres conseguir copiando una canción que ya has hecho o canciones que te gustan y no consigues. Es bastante frustrante, porque si hay todos los elementos que había en el otra, por qué esta no funciona y la otra funciona tan bien. Esto ya es más misterioso.

--Si hubiera una fórmula sería todo más fácil...

--Es guay que inexplicablemente haya algunas cosas que funcionan y otras que no. Esto es bastante interesante y en música ocurre bastante. Intentas copiar una canción, por ejemplo, de un grupo que te gusta mucho, pero no hay forma de que lo que tú haces coja ningún tipo de valor, aunque hagas exactamente lo mismo. Los procesos creativos son un misterio realmente. ¿Cuál es la fórmula, cuál es la clave del éxito o que me transmita o que funcione?

--Después de La Iaia, ¿cómo ha sido el camino hasta llegar a trabajar en un concepto propio?

--Para mí, no seguir haciendo un disco con el nombre de La Iaia fue bastante difícil, porque lo tenía muy integrado y ha sido una época de mi vida larga a la que he dedicado muchas horas, muchos pensamientos y mucha energía. Hacer otro proyecto tampoco fue una decisión muy firme y clara. Lo que pasó fue que yo seguía escribiendo en casa, seguía haciendo música, y llegó un momento en que me di cuenta o que empezó a tener sentido para mí el hecho de decir que ya no lo veía como La Iaia, sino como Ernest Crusats. Fue bastante imprevisto y haciendo lo que sentía, que eran las canciones. Pero ya te digo que me costó entenderlo. Creo que acepté que estaba en otro momento, que ya no hacía la música con las personas con las que había estado haciendo, hacer una cierta despedida, aunque nunca hemos dicho que fuera el final de La Iaia, pero sí que el grupo que no es tan activo, y empezar este proyecto en solitario.

--¿Ahora empieza de cero?

--Era como una nueva aventura, digamos, para lo bueno y lo malo. Con La Iaia ya teníamos mucho recorrido, teníamos unos conceptos asegurados, un público que se nos mantenía, y en cambio con Ernest Crusats comienza desde cero. Pero eso también tiene cosas muy positivas porque es algo que me ilusiona, un nuevo proyecto siempre son oportunidades nuevas también.