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Tren cremallera del Valle del Núria / VALLE DEL NÚRIA

Un paseo por la historia del Valle del Núria

El tren cremallera que llega hasta el santuario es el más largo de España y el único habilitado para subir hasta allí

21.07.2018 16:52 h.
3 min

El Valle del Núria es un estación de esquí y montaña situado a 2.000 metros de altura, en el Pirineo de Girona, que destaca por su encanto natural y la belleza de sus rincones. En sus inmediaciones se ubica el Santuario de la Virgen del Núria, conocido entre otras cosas por ser un lugar de peregrinación religiosa, en el que se redactó el primer Estatuto de Autonomía de Cataluña de 1932. Este paraje, declarado patrimonio natural, complementa un espectacular atractivo turístico gracias a su estación de esquí, que ostenta la Q de calidad entregada por el Instituto para la Calidad Turística. También por la inmensidad de su vegetación y sus picos, en los que nacen multitud de fuentes y torrentes.

Según cuenta la leyenda, San Gil llegó a este valle en el año 700 y talló laboriosamente una imagen de la Virgen del Núria. La tuvo que esconder en una cueva al tener que huir por ser perseguido por los árabes. Siglos más tarde, un peregrino procedente de Dalmacia acudió a ese lugar guiado por una revelación divina. Construyó una pequeña capilla, convirtiéndolo en el lugar de culto y peregrinación que es hoy en día.

El tren cremallera

El 22 de marzo de 1931 se inauguró oficialmente el tren cremallera del Valle del Núria, el único medio de transporte habilitado para recorrer las inmediaciones de este espectacular paisaje. Los pasajeros pueden disfrutar de una forma diferente de esta subida, en la que se salva un desnivel de 1.000 metros. Con 12'5 kilómetros de recorrido, conecta la localidad de Ribas de Freser con el Valle, en el Ripollés. Pasa por puntos como el apeadero de Riabs o el municipio de Queralbs. Junto con el Cremallera de Montserrat, son a día de hoy las únicas líneas ferroviarias de tren cremallera que existen en España, siendo la del Núria la más extensa de todo el país.

Los visitantes lo consideran como una atracción en sí misma. Conecta de una forma especial con la naturaleza del entorno y ofrece unas vistas espectaculares. Encaja perfectamente con la sintonía de paz y tranquilidad que se respiran en el valle pirenaico.