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Medusas en aguas andaluzas /EP

Una plaga de medusas infesta las playas del litoral andaluz

El aumento del agua del mar durante los meses de primavera y la entrada del viento de Levante favorece la proliferación y llegada de estos temibles invertebrados

3 min

Son indiscutiblemente la canción del verano. Un año más, las medusas regresan a los litorales españoles, capaces de amargar un día de playa a los bañistas. Desde finales de la semana pasada, una plaga de estos temibles invertebrados ha infestado los arenales de la parte occidental de la costa andaluza, en especial el litoral malagueño, almeriense y del Estrecho.

Las villas de Marbella, Manilva y especialmente en Estepona, se enfrentan estos días a la llegada de un elevado número de ejemplares a sus playas, obligando que desde primera hora de la mañana ondean la bandera amarilla, o incluso rojas, en municipios omo el de Roquetas de Mar.  

Dos especies de medusas

Si bien cabe tener en cuenta que los expertos ya avisaron de que este verano se podía registrar un mayor número de estos marinos en las costas del Mediterráneo. Al parecer, el aumento de la temperatura del agua del mar durante los meses de primavera y que estos días sople viento de Levante, estarían detrás de la llegada de estos bancos de medusas.

Casi todos ellos se trata de enjambres especie de Pelagia noctiluca, una clase común en el Mediterráneo y de pequeñas dimensiones. Se caracterizan por su coloración violeta rosácea brillante, y presentan la umbrela abultada, además de ocho tentáculos.

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No obstante, también se ha detectado la presencia de Rhizostomas luteum, estas de gran tamaño y que pueden llegar a medir un metro de largo. Las imponentes dimensiones de esta especie hacen que se haya ganado el sobrenombre de “medusa gigante”.

A pesar de su gran tamaño, su picada produce una reacción urticaria menor que la de la especie Pelagia. En caso de sufrir la picada de cualquiera de ellas, expertos y autoridades recomiendan acudir a un puesto de socorro, lavar siempre la herida con agua salada o suero marino, aplicar hielo y retirar los tentáculos que hayan podido quedar adheridos a la piel con unas pinzas.