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Joven rompiendo un cigarrillo para dejar el tabaco / Martin Büdenbender EN PIXABAY

Ahora no se puede fumar, pero ¿hasta cuándo fue "saludable"?

La pandemia ha restringido aún más el consumo de tabaco, pero hubo una época en la que se consideraba beneficioso para la salud

Carlos Losada
6 min

Una de las medidas que se están tomando para proteger a la población de un posible contagio por coronavirus es la prohibición de fumar en muchos lugares y terrazas al aire libre, ya que el humo que se expulsa puede estar lleno de aerosoles.

Así pues, aparte de los riesgos que conlleva inhalar el humo de los cigarrillos cada día, el acto de fumar también resulta peligroso para quienes no tienen Covid-19 y pueden ser contagiados por un fumador que sí lo tenga.

No siempre fue perjudicial (o así se anunciaba)

En la actualidad casi todo el mundo conoce las consecuencias que fumar puede provocar en el organismo. De hecho en cada cajetilla o producto destinado al consumo de tabaco (con todo lo que incluye) se especifica perfectamente este hecho.

Sin embargo, esto no siempre fue así, sino que la industria tabacalera fomentaba el consumo de cigarrillos llegando a exponer que se trataba de algo que resultaba beneficioso para la salud.

Un problema que no “existía”

A pesar de que se ha comprobado que desde la irrupción de la industria tabacalera y la producción masiva, el tabaco ha sido causante de numerosas enfermedades y muertes, no fue hasta mediados del siglo XX cuando aparecieron los primeros estudios que trataban de mostrar este hecho.

Es más, las compañías fabricantes no dudaban en publicitar los cigarrillos como algo que resultaba bueno para la salud en todo tipo de dolencias; unos anuncios que con el tiempo llegan a provocar cierta perplejidad por lo que están mostrando.

Un cigarrillo rodeado de tabaco tratado / EFE
Un cigarrillo rodeado de tabaco tratado / EFE

Curando el asma y la tos

Las supuestas propiedades que se daban al tabaco resultan hoy en día casi burlescas. Buceando en anuncios antiguos que aparecen en Internet no es difícil encontrarse con algunos que apuntaban que el tabaco era bueno para curar el asma (eso sí, a los mayores de seis años).

También los hay donde se argumentaba que fumarse unos cigarrillos ayudaba a que la garganta funcionara mejor, ya que la protegía de la irritación y de la tos, algo así como decir que poner una olla de agua al fuego ayuda a que esta se enfríe. Incluso hubo una marca que llegó a autoproclamarse como la favorita de los médicos. Ni que decir tiene que una publicidad en la que las personas que cuidan de la salud recomiendan fumar ciertos cigarrillos resultaba especialmente exitosa.

Ayuda a adelgazar

Otras bondades que la publicidad otorgaba al tabaco era la capacidad para calmar los nervios y aportar energía al organismo (se lo recomendaban a los deportistas). A eso se añadía la idea de que ayudaban a mantener la línea y a perder peso. Este argumento estaba destinado a las mujeres, para las que había anuncios que incidían en la libertad (e igualdad) que les daba fumar cigarrillos como los hombres.

Durante décadas las marcas invirtieron mucho dinero en tratar de conquistar a una audiencia que se lanzaba a los “placeres” del tabaco sin tener conocimiento de lo perjudicial que llegaba a ser para su cuerpo, especialmente para su aparato respiratorio.

Grandes actores

Esta inversión también se hizo para que los actores de Hollywood más conocidos fumaran determinadas marcas, incluso cuando alguno de ellos no eran ni fumadores ocasionales. No es extraño encontrar decenas de anuncios con estrellas que mostraban la mejor de sus sonrisas junto al paquete de turno.

Se podría decir que esta práctica se “fue de las manos” con anuncios como el de Papá Noel fumando una determinada marca, o el de los Picapiedra en el que se veía a Pedro y Pablo escaqueándose de cortar el césped para ir a fumarse un pitillo.

Primeros estudios

El doctor Richard Doll fue el primero que insistió en los peligros que tenían las sustancias que se incluían en cada cigarrillo (actualmente se sabe que hay más de 3.000 sustancias cancerígenas en cada uno de ellos). De este modo retomaba algunas ideas que ya habían apuntado investigadores alemanes en los años 20 y que cayeron en el olvido.

Sin embargo, a partir de 1954, este epidemiólogo británico, insistió en que el tabaco ponía en riesgo la salud de las personas y poco a poco fue calando. Aparecieron nuevos estudios que lo constataban y comenzaron las luchas contra la industria tabacalera, que fue variando la publicidad hacia la venta de un modo exitoso de vida. Ahora todo ha cambiado. Desde 2005 la publicidad y el patrocinio de los productos del tabaco está prohibida en España.