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El saltador Daniel Bramble como repartidor de Amazon / TWITTER

Efectos de la crisis del Covid: de atleta olímpico a repartidor de Amazon

El saltador Daniel Bramble se queda sin financiación en pleno confinamiento y deja el atletismo a un año de los Juegos

6 min

La crisis económica provocada por la pandemia del Covid llega a casi todos los ámbitos, también la del deporte. Un ejemplo claro de ello es la historia de Daniel Bramble, un atleta olímpico que ha pasado a trabajar como repartidor de Amazon.

No se trata de que sea un trabajo mejor o peor, sino las circunstancias que lo han llevado hasta aquí. La situación mundial y la falta de financiación por parte del Reino Unido lo han llevado hasta aquí, pasando de los entrenos a las diez horas diarias como empleado del servicio de la paquetería.

Impensable

"Si hace un año me hubieran dicho que en año olímpico estaría repartiendo paquetes de Amazon te diría que eso es una locura", asevera el saltador de longitud británico.

Su historia empieza a principios de la pandemia. Tras participar en la primera ronda de los Campeonatos de atletismo británicos su preparación para los Juegos Olímpicos se vio cercenada de raíz. "Volví a Londres porque no tenía sentido estar cerca de mi centro de entrenamiento si no podíamos entrenar", explica, en una entrevista el campeón.

El atleta Daniel Bramble entrenando / TWITTER
El atleta Daniel Bramble entrenando / TWITTER

Única salida viable

Durante el confinamiento apenas tenía nada que hacer, puesto que estaba encerrado en la capital inglesa, donde no podía entrenar. "Necesitaba un trabajo porque me pasaba el día jugando a la PlayStation y durmiendo. Tenía que salir de casa y estar activo", lamenta.

Cuando se cumplió el primer mes de reclusión se puso a buscar trabajo. Barajó varias opciones y se decantó por los de repartidor. Encontró entonces una oferta en Amazon. Las condiciones eran bastante duras, pero suponían una ayuda para paliar el mazazo económico del parón competitivo.

Gran cansancio

"La primera semana fue terrible. Andaba al día diez o doce kilómetros. Cargando cajas muy pesadas por todo Londres. En total repartía unos 150 paquetes diarios. Una locura. Por las noches estaba tan cansado que no hacía nada más", recuerda.

En un primer momento pensó que podría compaginar el entrenamiento y el trabajo, pero sus jornadas era de once horas diarias, incluidos domingos, con un parón de diez minutos para comer. “Era imposible entrenar”, subraya. “Al llegar a casa estaba reventado", prosigue.

Agravantes

Fueron más de tres meses de trabajo intenso en los que, además, debió ver cómo otros compañeros que sí recibían ayudas pudieron evitar sacrificios similares. Él no corrió esa suerte. Cuando empezó todo, Bramble estaba a meses de poder ir a Tokio (Japón) sin una sola ayuda. Ni del Gobierno ni de patrocinadores.

En 2017, cuando sus resultados se resintieron por una lesión, el Gobierno le retiró las becas. En 2018 fue Nike quien cortó el grifo tras más de dos años patrocinándole. Para intentar llegar a los Juegos, un año antes de la cita olímpica, abrió una campaña de micromecenazgo en GoFundMe, pero sin demasiado éxito. El confinamiento complicó todo aún más.

La magia de las redes

"Es gracioso porque cuando acababa mis jornadas de trabajo de diez horas, a lo mejor miraba las redes sociales y deportistas del equipo británico, del mismo equipo que yo, estaban de vacaciones y disfrutando de la vida o entrenando y viviendo con relativa normalidad", añade. "Yo no podía permitirme eso", sentencia.

Cansado de su situación, explicó lo que le pasaba en Twitter. Su historia se volvió viral y arrancó una campaña de recaudación de fondos que empezó a recibir adeptos. Finalmente, llegó la cadena de ropa Gymshark y aportó los 9.000 euros que faltaban para llegar al objetivo establecido.

Esperanza

" Ha sido el mejor regalo de cumpleaños de mi vida, con permiso de los de mi madre", bromea ahora Bramble. Ahora, sólo espera un mayor reparto de las ayudas para poder ir a Tokio y por que no solo se tengan en cuenta las estadísticas a la hora de adjudicarlas.

Pese a que las becas del Estado no tienen en cuenta otros factores como una lesión o un problema personal que afecte a los atletas, u otros factores humanos, el atleta se muestra optimista un mes después de colgar el traje de repartidor. Por ránking, antes de la pandemia, hubiera entrado. Ahora, ha fichado a un nuevo entrenador y ultima los detalles para su debut olímpico. Por el momento, ya no tendrá que subir edificios gigantescos sin ascensor. Vuelve a ser atleta.