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Dos mujeres fotografían a una niña. Menores / PEXELS

'Sharenting': los riesgos de compartir fotos e información de los menores en la red

La creación de una huella digital de los niños comporta muchos peligros, como el ciberacoso, la suplantación de identidad y el robo de datos

10 min

Las redes sociales están a la orden del día y cada vez son más las personas que muestran aspectos de su vida privada en sus cuentas personales. La sobreexposición generalizada de las personas también afecta a los menores. Los adultos, para presumir de sus hijos, comparten imágenes de los pequeños en internet. Esta práctica ha adoptado el nombre de sharenting. Y, aunque no se haga con mala intención, son muchos los riesgos a los que se enfrentan los menores cuando sus imágenes circulan por la red. 

Según un estudio de la Universidad de Michigan, el 56% de los padres suben fotografías de sus hijos que podrían resultarles vergonzosas. Asimismo, un informe del Reino Unido revelo que los padres habrían publicado en redes sociales un promedio de 13.000 vídeos o fotos de sus hijos antes de que cumplieran los 13 años. Otra investigación de AVG calculó que el 81% de los bebés están en Internet antes de cumplir seis meses. Unas cifras alarmantes cuando se conocen los peligros a los que pueden estar expuestos los niños. 

Privacidad

El sharenting es un anglicismo adoptado en España que proviene de share (compartir) y parenting (crianza) y que consiste en publicar fotografías, vídeos o cualquier otro tipo de información sobre los hijos en internet, sobre todo en redes sociales. ¿Se deben compartir imágenes de los menores en línea? “Yo te preguntaría directamente para qué y qué gana el menor. Si me respondes que gana algo y que es en su beneficio, entonces puedes compartir la imagen. Si no lo es o le puede perjudicar, entonces no se debería compartir", afirma Jorge Flores Fernández, fundador y director de PantallasAmigas. “Los padres no son propietarios de la imagen de los hijos como para hacer uso de ella. Los niños son personas con sus propios derechos”, añade el informático. 

“La primera precaución debe de partir de nosotros mismos, recapacitando sobre cómo puede afectar ahora y en el futuro aquello que vamos a compartir. Lo ideal es evitar compartir este tipo de contenidos en la red hasta que sea el propio menor el que pueda decidir por sí mismo”, explica Raquel Cueto, técnica de Ciberseguridad para Menores de INCIBE. Sin embargo, esta concienciación debe llegar más allá: “De nada vale que nosotros hagamos un esfuerzo por proteger la privacidad de nuestros hijos si no se lo traspasamos a nuestros familiares y amigos y ellos terminan publicándolas”. 

Riesgos

Y es que el menor corre muchos riesgos cuando sus imágenes circulan por la red, como el ciberacoso, grooming, suplantación de identidad, robo de datos y delitos relacionados con internet. Y la más básica: una pérdida de su intimidad. “Estás contando aspectos de la vida de tus hijos, entonces, automáticamente estás quitándole privacidad”, argumenta Flores. Con esta exposición, los niños se vuelven más vulnerables. “Aunque a priori no sea una imagen ridícula y humillante, puede cambiar la situación y que sea usada para el cyberbullying”, argumenta el fundador de PantallasAmigas. Además, remarca que, con el paso de los años, los niños pueden renegar de esas imágenes.

Sin embargo, hay un aspecto que es mucho más peligroso. “Cuando hablo de desprotección y falta de privacidad o de vulnerabilidad, me centro sobre todo en la exposición de que pueden tener los menores respecto a personas adultas que quieran aproximarse a ellos con fines sexuales o de abusos”, confirma Flores. Una teoría que también respalda Cueto: “En ocasiones, las imágenes que se utilizan en redes de contenidos íntimos de menores pueden ser imágenes descontextualizadas que aparentemente hemos compartido de manera inocente, como el niño en la bañera”. 

Una niña utiliza un teléfono móvil / PEXELS
Una niña, utilizando un teléfono móvil / PEXELS

Privacidad

La imagen de cualquier persona, sea adulto o menor, se considera un dato de carácter personal. La actual legislación ampara a los menores protegiendo sus datos, pero corresponde a los padres o tutores legales el derecho de velar por el honor, la intimidad y la imagen de su hijo. A partir de los 14 años, el propio menor sí que puede decidir sobre su imagen en internet. Por tanto, una vez cumplida la edad, el niño podría denunciar a los que hubieran compartido su fotografía si no estuviera de acuerdo con el contenido publicado. 

“Hay que tener en cuenta que, cuando estamos haciendo públicas estas instantáneas, se está afectando a la huella digital del menor. Es decir, al conjunto de información que luego alguien puede encontrar sobre ese niño en internet”, asegura la especialista en ciberseguridad. Unos datos que cada vez se comparten antes. “Se empieza a publicar la ecografía, sus primeros pasos, la caída de los dientes, momentos en el aseo, en la bañera. Pueden ser imágenes inocentes en el momento, pero que descontextualizadas o con el paso de los años, pueden afectar al menor”, comenta la experta. 

Desconocimiento

Existe un gran desconocimiento sobre el tema y se está normalizando el hecho de compartir el día a día de los pequeños. “Actualmente, existe una gran aceptación social de la sobreexposición unida a la fácil accesibilidad que todos tenemos a la tecnología y a captar una imagen. Suele partir de un hecho inocente: quiero enseñar a mi hijo al mundo porque estoy muy orgullosa de él. Hay poca reflexión y la exhibición precisamente está vista como algo positivo”, argumenta Cueto. 

"Se abusa un poco de la tendencia. Parece que no tienes vida o que tienes algo que ocultar si no lo compartes en las redes sociales. Hay mucho de autoestima, de concepto y de presión social”, critica el director de PantallasAmigas. "Me cuesta asumir este nivel de desatención en el tratamiento de la imagen de nuestros hijos. Hemos extendido los usos sociales que hemos asumido sin saber muy bien por qué. Está muy desproporcionado lo que ganas con lo que te juegas y con el sentido que tiene”, añade el informático. 

Seguridad

¿Cómo se puede compartir imágenes de los menores de una forma segura? “Tenemos que hacer primero una reflexión de que aquello que estamos compartiendo no se pueda malinterpretar y no dañe al menor, hacer uso de las opciones de privacidad y seguridad que nos ofrecen las plataformas, limitar con quién lo compartimosconcienciar a su vez a las personas con quienes compartimos esta información”, apunta la técnica de INCIBE. “La seguridad al 100% no existe una vez que lo has hecho público”, garantiza. Y es que aunque la imagen se comparta en el perfil personal de una red social o en un grupo de conocidos, esas imágenes pueden acabar en el ordenador de un anónimo.

“Yo creo que hay alternativas, simplemente hay que molestarse un poco. Si realmente crees que es tan importante compartir las imágenes de tu hijo, será relevante también que te tomes la molestia de saber cuál es la mejor manera de hacerlo”, asevera Flores. "La gente se cree que los niños son objetos a proteger, pero son sujetos de derecho. Otra cosa es que mientras no tengan capacidad para para desenvolverse de forma autónoma, tú te hagas responsable de decidir por ellos, pero es siempre en su bienestar. Tú eres el albacea de sus derechos, no eres el propietario”, zanja el experto.