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Café listo en el interior de una cafetera italiana / Perry Merrity en UNSPLASH

Cómo sacar el mayor partido a una cafetera italiana

El diseño de una máquina que fue patentada en 1933 y sigue igual es clave en un momento de auge del producto

Victoria Herrero
6 min

Hay amantes del café más puro y sin artificios ni añadidos a los que no les gusta eso tomarse una buena taza sacada de una máquina de cápsulas. Para ellos, el verdadero sabe mejor si se hace en un elemento clásico de la cocina como es la cafetera italiana de toda la vida. El diseño que resiste al paso del tiempo, ya que fue patentado en 1933 y hoy en día se vende sin modificarse. 

Pese a no haber cambiado ni un ápice ni de su aspecto ni de sus funcionalidades, conviene saber algunos trucos para hacer el café perfecto y con la mejor calidad. Recomendaciones muy sencillas y con las que uno puede empezar la mañana de la mejor manera posible. 

¿Cómo es esta cafetera?

Antes de ponerse manos a la obra, lo primero de todo si nunca se ha tenido un modelo de este tipo es conocer sus partes y su funcionamiento sencillo. Así pues, este utensilio de cocina está formado por una base donde se añade el agua, un cacillo donde previamente se ha añadido el café molido y una cámara superior (la que hay que vigilar cuando está en el fuego) que es donde irá reposando la bebida que se prepara y que sirve de indicativo de que estará llista. 

Sabiendo esto, el primer consejo parte de la idea de escoger el mejor ingrediente y esto va más en relación con los gustos personales. Con todo, lo mejor es elegir un producto que sea de tueste natural (nada de torrefacto ni mezcla), además de la variedad 100% arábica

Primeros pasos

Es importante llenar la parte inferior de la cafetera con agua bien caliente (o en su defecto, la que salga del grifo si no se tiene mucho tiempo para ello) hasta justo la marca que se indica debajo de la válvula. Una manera de asegurarse de que el café no se amarga o se quema ligeramente y mantiene, además, su aroma y sabor. 

Ahora es el turno de echar el ingrediente principal de esta bebida en el cacillo dispuesto para ello. La medida exacta es justo en el borde del mismo y sin apretar el café. A diferencia de otro tipo de moddelos convencionales o más modernos en los que el café se prensa un poco, en este caso es mejor no hacerlo ya que se podría estropear la cafetera. Se cierra la misma y se pone sobre el fuego a temperatura media

Cogiendo temperatura

En el momento en el que el fuego vaya haciendo su función (ya sea en los de toda la vida o buen en una placa de vitrocerámica que tenga un tamaño adecuado a la base de la cafetera para no perder calor) la tapa mejor dejarla abierta en los primeros instantes. Puede parecer una tontería pero es algo que hace un verdadero italiano a la hora hora de hacer café, aunque algunos digan que así se pierde parte de su inconfundible aroma

Los que prefieran seguir este protocolo podrán ver con cuidado cómo se va haciendo el café, sin que salga de repente, además de que con este gesto se evita que la bebida se caliente demasiado y pueda perder frescor y dulzura a la hora de tomarlo luego en la taza. Y una señal inequívoca de que el café está listo: un sonido típico y un burbujeo característico. Acto seguido se toma inmediatamente sin dejar que se enfríe y para ser ya perfecto del todo, sin nada de azúcar ni añadir leche. 

Café recién hecho / Frederic Dupont en UNSPLASH
Café recién hecho / Frederic Dupont en UNSPLASH

El origen de este utensilio

A este elemento de cocina también se le conoce como cafetera moka y fue un invento que funciona prácticamente igual que la expreso que elabora la bebida por medio de un sistema que pasa el agua hervida por vapor y luego por el café molido. Este prototipo, que no ha variado con el paso de las décadas, fue patentado por Alfonso Bialetti en el año 1933 a través de la empresa que lleva su nombre y que todavía hoy la sigue comercializando exactamente igual. 

Tal es su importancia, más allá de un mero objeto de cocina, que la popularidad de su diseño ha sido reconocida incluso por los grandes del arte industrial, así como por museos como es el caso del Museo de Arte Moderno o el Museo Nacional de Diseño Cooper-Hewitt.