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Cerebro humano representando una muerte cerebral / PIXABAY

¿Sabías que tu cerebro es capaz de saber que estás muerto?

Esto sucede porque el cerebro puede llegar a estar consciente un breve periodo de tiempo después de que el corazón haya dejado de latir

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Un grupo de investigadores de la Universidad de Medicina Stony Brook de Nueva York ha llegado a una increíble conclusión: el cerebro humano es capaz de seguir trabajando por un corto periodo de tiempo después de que el corazón deje de latir, lo que sugiere que una persona podría llegar a tener consciencia de que está muerta. Entre las conclusiones del estudio, varias personas que consiguieron ser 'resucitadas' en momentos posteriores a su muerte clínica han explicado que eran capaces de escuchar conversaciones completas y de ver las cosas que sucedían a su alrededor. “Ellos describen ver a doctores y enfermeras trabajando, y dicen tener consciencia de todas las conversaciones, de cosas visuales que estaban sucediendo, que de otra manera no podrían saber”, explica el doctor y líder de la investigación Sam Parnia.

La hora de la muerte es establecida médicamente cuando el corazón de la persona deja de latir. Sin embargo, según este equipo de investigadores, hasta que la sangre deja de circular al cerebro existe un proceso en el que, aunque la persona esté oficialmente sin vida, sigue siendo consciente.

¿Qué ocurre en el cerebro al morir?

Cuando una persona sufre un ataque cardiaco, las señales eléctricas que controlan el bombeo del corazón se ven interrumpidas, provocando que deje de latir y que, a consecuencia de esto, se produzca la muerte. En este momento el córtex cerebral también baja su intensidad de forma inminente, dejando de producir ondas cerebrales y entrando en un proceso que poco a poco deriva en la muerte cardiaca, la muerte cerebral. 

Sin embargo, “hasta que esto sucede, pueden pasar horas desde que el corazón deja de funcionar”, ha explicado el doctor. Gracias a este nuevo estudio, el equipo liderado por Parnia espera que sus hallazgos ayuden a mejorar el tratamiento de los paros cardiacos y a prevenir las lesiones cerebrales durante el proceso de la resucitación de los pacientes.