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Dragones en Barcelona / PIXABAY

¿Por qué Barcelona es la ciudad de los dragones?

Por la ciudad hay repartidos más de 400 esculturas en honor a estas criaturas fantásticas

3 min

La capital catalana alberga multitud de esculturas de dragones de todos los tamaños y formas que los turistas se dedican a buscar por cada rincón de la ciudad. Estas figuras están hechas de piedra, de madera, en mosaico, hierro forjado y de todos los materiales que se puedan imaginar. Tanto es así que multitud de artistas de diferentes épocas históricas se han atrevido a diseñar su propia versión de esta figura mitológica. Entre ellas destacan principalmente los dragones de Gaudí, que pueden encontrarse en el Park Güell, aunque en total más de 400 modelos de dragón residen en las calles de Barcelona.

Escultura del dragón de Gaudí en Park Güell / PIXABAY

Escultura del dragón de Gaudí en Park Güell / PIXABAY

El barrio del Eixample es uno de los que más figuras presenta de esta criatura mitológica. Esto se debe a la gran tradición arquitectónica de esta zona de la ciudad, siendo el dragón un recurso muy solicitado por los grandes arquitectos catalanes del modernismo. El dragón más grande representado es el que se encuentra en el Parque de la España Industrial, cuyas dimensiones alcanzan los 32 metros de largo y un peso de más de 150 toneladas. Mientras, los más pequeños resultan ser un par de dragones esculpidos en los tiradores de las puertas de El Pati dels Tarongers, en el Palau de la Generalitat, con unas dimensiones de tan solo 10 cm y 100 gramos.

Escultura del dragón chino de La Rambla / PIXABAY

Escultura del dragón chino de La Rambla / PIXABAY

La leyenda

Su origen se remonta a una antigua leyenda que tiene como protagonista a Sant Jordi, el patrón de Cataluña. Cuenta la historia que en la región de Capadocia habitaba un dragón que atacaba al pueblo y lo dejaba sin ganado. Un buen día, cuando ya no quedaban animales con los que alimentar al dragón, el pueblo decidió hacer un sacrificio humano organizando un sorteo entre todos sus habitantes.

La elegida para el banquete de la criatura fue la princesa Cleodolinda, pero justo cuando iba a ser devorada por el dragón, Sant Jordi mató a la bestia cortándole la cabeza. Se dice que de la sangre que empezó a borbotear por el cuerpo decapitado, creció una rosa roja, símbolo con lo que en la actualidad se conmemora el Día de Sant Jordi cada 23 de abril.