Ha estado sucediendo durante todo el verano: después de pasar un buen rato a remojo en la playa o en la piscina, los bañistas notan cómo sus dedos se arrugan. Este extraño fenómeno ocurre siempre que mantenemos las manos (y también los pies) durante largos periodos de tiempo en contacto con el agua. ¿A qué se debe?

La creencia popular era que el agua se adentraba en la piel y la ablandaba hasta el punto de que conseguía arrugar su superficie. Pero un estudio científico llevado a cabo por la universidad de Newcastle (Reino Unido) ha arrojado luz sobre esta cuestión.

Adaptación al medio

El estudio comprobó la habilidad de los seres humanos para coger objetos fuera del agua en dos supuestos diferentes: con los dedos arrugados por el agua y con los dedos secos y con la piel tersa. En esta investigación detectaron que el fenómeno responde a un proceso activo. Es decir, el arrugamiento de los dedos se produce cuando, al pasar el agua por la capa exterior de la piel, los vasos sanguíneos se contraen en respuesta a un impulso procedente del sistema nervioso autónomo.

Dedos arrugados / BRENDEROUS - WIKIMEDIA COMMONS

Dedos arrugados / BRENDEROUS - WIKIMEDIA COMMONS

“El arrugamiento de los dedos en condiciones húmedas podría haber ayudado a nuestros ancestros a conseguir comida de vegetaciones húmedas", apuntaba el doctor Tom Smulders, responsable del estudio. "Y observando nuestras plantas de los pies, llegamos a la conclusión de que su arrugamiento nos permitía correr mejor bajo la lluvia”.

¿Por qué los dedos no permanecen arrugados?

Los dedos no permanecen arrugados de forma definitiva, sino que pasado un breve periodo sin contacto con el agua regresan a su forma original. Sin embargo, el estudio no consiguió dar respuesta a este efecto aunque se intentó averiguar su por qué.

“Nuestras primeras teorías apuntan a que esto podría disminuir la sensibilidad en las yemas de nuestros dedos o incluso aumentar el riesgo de daño al coger objetos", conjeturaba el doctor.