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Pescado fresco / PIXABAY

Estas son las claves para comprar pescado verdaderamente fresco

Las vísceras, los ojos, la firmeza de la piel o el olor son los elementos a evaluar para saber a ciencia cierta si el alimento está en buen estado para su consumo

3 min

El pescado es un alimento rico en proteínas y vitaminas, pero su problema es que alcanza mal estado rápidamente. Por eso, antes de comprarlo, hay una serie de elementos a tener en cuenta para saber si es realmente fresco.

Se conoce como pescado fresco aquellas piezas que presentan propiedades similares a las que el ejemplar tenía cuando estaba vivo. Ese estado efímero, puede verse afectado por diversos factores. “Los responsables del deterioro del pescado son fundamentalmente las enzimas y los microorganismos presentes de forma natural en la piel y en el sistema digestivo de los peces, que una vez muerto el pescado, comienzan a actuar sobre los tejidos”, explican desde el Centro Tecnológico experto en Innovación Marina y Alimentaria.

Factores de degradación 

Según se explica en el portal web Alimente, otros factores de degradación son la oxidación de las grasas, el daño físico que sufra el pescado, la temperatura o el grado de contaminación biológica.

Lamentablemente, no todos los establecimientos ofrecen pescado con total frescura. Por este motivo, es fundamental que el consumidor conozca las claves para diferenciar entre un ejemplar fresco y otro ya pasado.

Cómo detectar el pescado malo 

Las vísceras del pescado son lo primero que se deteriora. Si se ve que el animal tiene la tripa hinchada, significa que sus vísceras ya están en estado de putrefacción. Además, los ojos deben estar abultados y con forma esférica. La pupila tiene que ser negra y brillante, y el cristalino transparente. En el caso contrario, cuando el pescado presente una menor frescura, la pupila habrá adquirido un tono grisáceo y el cristalino será nublado u opaco.

En el caso de la piel, debe lucir una tonalidad similar a la del vino, intensa y viva. Si presenta manchas de sangre, la frescura casi habrá desaparecido. Al igual que si la piel es blanda y se desprende con facilidad del pescado. Además, su textura es dura, firme y elástica.

Las agallas del pescado deben tener un color rojo o rosa intenso, un aspecto limpio y brillante, y un tacto resbaladizo. Y las escamas deben ir pegadas al cuerpo del pez, lo que dificulta su eliminación. El olor es otro factor ineludible, pues el pescado fresco siempre huele a mar. A medida que pierde esa frescura, el hedor será cada vez más desagradable.