Andrew Broadhurst, un inglés de 39 años, ha fallecido a causa de una meningintis aguda que derivó en una encefalitis que acabó con su vida.  El fallecido ha sido víctima de una mala gestión médica. Broadhust acudió hasta cuatro veces al hospital, por un fuerte dolor de oído, dolores de cabezas y problemas en su visión.

En el primer diagnóstico le dijeron que se trataba de una simple infección que se había extendido por el oído o de una posible otitis. Pese a ese diagnóstico, Andrew cayó en su baño y tuvo que ser llevado de urgencia al hospital por una inflamación en su cerebro. Al día siguiente, falleció en el Reina Elizabeth de Birmingham, Reino Unido.

Su madre llegó a asegurar que esta condición llevó Andreu a un dolor terrible que lo volvía loco. La madre también recuerda el momento en que Andrew se derrumbó en el baño; "se encontraba bajo la ducha, de repente salió tapándose los ojos y diciendo: mamá, mamá, mamá".