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Retrato a Miquel Oliver en el exterior del campus Poblenou de la UPF / LUIS MIGUEL AÑÓN (CG)

Miquel Oliver: "El metaverso me da repelús porque se basa en tecnologías que no existen"

El codirector de la Cátedra UPF-UPC de Telefónica alerta sobre los malos usos de la digitalización y propone medidas para despertar vocaciones TIC

13 min

La digitalización ha experimentado un impulso sin precedentes a raíz de la pandemia, pero sus repercusiones sociales todavía no se han despejado. Desde la Cátedra UPF-UPC de Telefónica, codirigida por los profesores Miquel Oliver (UPF) y Lluís Jofre (UPC), se reflexiona sobre el impacto de tecnologías como el Internet de las Cosas o el blockchain, a la vez que se ofrecen consejos para asuntos candentes como la becha digital y la persecución de la ciberdelincuencia. Crónica Global entrevista al profesor Miquel Oliver para dilucidar hacia dónde avanza la transformación tecnológica.

--Pregunta: La Cátedra UPF-UPC de Telefónica cumple 20 años. ¿Cómo ha cambiado la sociedad en este tiempo?

--Respuesta: La cátedra nació en el año 2000 como una colaboración muy orientada hacia la producción audiovisual, un tema que preocupaba tanto a Telefónica como a la universidad. En aquel momento, la UPF estaba impulsando un proyecto llamado el campus de la comunicación, en la estación de Francia. Junto a Telefónica se creó allí un embrión de personas trabajando en este entorno. ¿Qué ha pasado después? El boom de Internet y las redes sociales.

--Por aquel entonces la visión de negocio del social media no se percibía tan claramente.

--Cuando Facebook apareció el impacto fue brutal. Cuando entré a dirigir la cátedra, nos movimos de forma gradual hacia la reflexión sobre la formación online, cuando la apuesta de Telefónica por Miríadax estaba en pleno auge. Los MOOCs [siglas en inglés de cursos online abiertos y masivos] también fueron una revolución e hicimos un informe que tuvo mucho impacto. En la última etapa, nos hemos orientado hacia temas de impacto sobre la sociedad, como el blockchain o el Internet de las Cosas.

--En la cátedra estudian los efectos del cambio tecnológico. ¿Entre la población hay más tecnofobia o tecnofilia?

--Aquí nos encontramos en un entorno de estudiantes de ingeniería donde hay poca aversión al riesgo. A veces esto nos confunde y pensamos que el comportamiento de la sociedad es el mismo. Ahora vivimos la revolución del metaverso, pero nadie se acuerda de Second Life, que fue un big fail. Desde la cátedra nos interesa ser conscientes de que estamos en un entorno de experimentación, pero también de que la sociedad es muy diversa. Hay gente muy sensible a exponer sus datos en la red, pero otros que a cambio de lo que sea venden su intimidad. Hay que entender la sociedad en su complejidad.

--Sú último proyecto consiste en la definición de los retos de la nueva digitalización con el horizonte temporal de 2040, para el cual contarán con el apoyo de un grupo de estudiantes. Le pedimos un ejercicio de futurismo: ¿qué tecnologías eclosionarán y cuáles nos decepcionarán en este periodo?

--No soy muy optimista con el metaverso porque se basa en tecnologías de realidad virtual y aumentada que no existen. Todo lo que se construye en base a tecnología demasiado verde me genera cierto repelús, porque es un movimiento de generación de expectativas donde, si rascas, no hay solidez. Veinte años atrás, las aplicaciones con geolocalización parecían el futuro y lo son ahora mismo. Detrás una tecnología GPS que había que instalar en un terminal móvil, lo cual ha llegado con la ley de Moore. En el metaverso, esto no pasa. Pero veremos qué dicen los chavales que tienen una visión como nativos digitales. Por otro lado, creo que blockchain va a ser la solución en combinación con el Internet de las Cosas. La gente que desconfía de Internet es posible que dentro de unos años vea que esta desconfianza se puede compensar con una capa de double-check. El blockchain creo que sí generará una nueva oleada de aplicaciones.

--La brecha digital ha saltado a la palestra a raíz de la polémica sobre la exclusión financiera de los mayores. ¿Cómo afrontamos este problema?

--En su momento, se definió el servicio universal para el Internet y la telefonía. Por regulación, las compañías como Telefónica deben llevar el servicio a todo el mundo y a un precio regulado. Digamos que es un progreso a nivel social obligar a que con recursos de todos las compañías hagan accesible este servicio. En otros campos, ¿por qué no hacer lo mismo?

Miquel Oliver, codirector de la cátedra UPF-UPC de Telefónica / LUIS MIGUEL AÑÓN (CG)

 

 

Miquel Oliver codirector de la Cátedra UPF-UPC de Telefónica / LUIS MIGUEL AÑÓN (CG)

--Además, la brecha digital no solo afecta a los ancianos.

--Los nativos digitales, la gente joven que ha nacido con un móvil en la mano, no saben de hardware. El gran reto es cómo conciliar los cambios con una parte de la sociedad que morirá con limitaciones y a los cuales debemos garantizar una calidad de vida digna. Una digitalización mal llevada nos supone incrementar brecha y dejar gente por el camino.

--Otra brecha se da en el mercado de trabajo, que no está adaptado a los perfiles techies que piden las empresas. ¿Cómo lo solucionamos?

--Arrastramos este tema desde hace muchísimo tiempo. Las vocaciones en áreas TIC van decreciendo, mientras la demanda del mercado es cada vez más alta. No solo las grandes empresas, las pymes también necesitan buenos informáticos y técnicos para gestionar sus infraestructuras. Más después de dos años de pandemia en que la aceleración ha sido brutal. Casi tenemos que buscar a profesionales debajo de las piedras. Y es muy difícil por los estereotipos que se han creado en la sociedad. Debe haber un cambio de mentalidad para romper estos clichés y entender que es un campo con muchísimas posibilidades: como hay mucha demanda y poca oferta, los salarios están subiendo. Los jóvenes tiene que ver ahí su gran oportunidad. Esto hay que explicarlo muy bien porque, desde un punto de vista laboral, ahora mismo es el sector más caliente.

--Y explicarlo quizá desde antes. La última ley educativa ha eliminado la asignatura de informática.

--Creo que la asignatura central, la de tecnología, es del siglo XIX. Se enseña cómo generar energía y no se ve nada de TIC. Involuntariamente estás generando personas reacias a la tecnología y echas a perder un espacio por mala gestión de contenidos. Se podrían dar dos o tres pinceladas interesantes sobre robótica o datos, tenemos herramientas preparadas para chavales que se utilizan en extraescolares. No es forma.

--Ciberseguridad. Las empresas están haciendo muchos esfuerzos para defenderse mejor, ¿pero se puede estar seguro al 100%?

--Sí, pero a un coste infinito. Hay que asumir riesgos. Una empresa asume riesgos de inversión y, en ciberseguridad, pasa exactamente lo mismo. Puedes decidir no tomar ninguna medida y tener serios problemas, o tomar las medidas que te parecen más razonables de manera asesorada. Tienes que estar preparado para un ataque en cualquier momento, pero si te has vacunado antes, tendrás una reacción más sensata e impactarás menos en tus usuarios. La prevención total solo existe en un mundo ideal.

--En la cátedra también reflexionan sobre el Internet de las Cosas (IoT). Hemos asumido cosas tan corrientes como los electrodomésticos inteligentes o las marquesinas de autobús conectadas, ¿pero dónde estamos y hasta dónde puede llegar el IoT?

--El común denominador del Internet de las Cosas es el hecho de la minituarización, tener presencia de Internet en los dispositivos más pequeños posibles. El gran salto son los sensores: aplicados en casa lo llamamos domótica, en las ciudades, smart cities, o en las fábricas, industria 4.0. Hoy en día hay una explosión de dispositivos conectados a Internet. El dispositivo más sensorizado por excelencia es el móvil, todos llevamos en el bolsillo un GPS, cámara de alta generación, microfonía, acelerómetro... pudiendo construir aplicaciones impensadas entorno a lo que los móviles nos dicen continuamente. El acelerómetro puede decir si te has caído de la bicicleta por el patrón digital que genera el movimiento. Si te has caído y estás en una situación grave, se puede activar un mecanismo para que te encuentren en pocos minutos. Hay fronteras obvias como la privacidad de los datos.

--¿Y está bien resuelta la cuestión de los datos personales?

--La tecnología va unos años por delante, a la regulación le cuesta más. Hay fronteras legales y éticas y queda mucho trabajo por hacer. Los temas de privacidad tienen todavía mucho recorrido. Por una parte, educar a los usuarios y las empresas. Por otro, disponer de los mecanismos que te permitan cambiar de opinión.

--¿La Inteligencia Artificial (IA) también va por delante de los reguladores?

--Es otro ejemplo. La IA no existe, simplemente se trata de dar más capacidad de cálculo a un dispositivo. Hace años cuando en los juegos de ajedrez el hombre ganaba a la máquina era porque el hombre acababa generando patrones que la máquina no era capaz de generar. Por eso no existe la IA, sino una altísima capacidad. Siempre hay este factor que para mí define lo que es la inteligencia. Pero en este campo se ha avanzado muchísimo y hay que ver dónde están los límites. En el caso de la movilidad autonóma, si un vehículo atropella a tres personas y mata dos, ¿de quién es la responsabilidad? ¿Del fabricante, del propietario, del programador, de la ciudad? Ahora mismo no hay respuesta porque implica un debate ético.