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La tradición de San Juan con la Flama del Canigó, popularizada a mediados del siglo XX / MONTAJE CG

La tradición de San Juan que se inventó el catalanismo: la Flama del Canigó

La ‘revetlla’ de este 2022 se prevé multitudinaria, con todas las fiestas populares alrededor del fuego y las hogueras en Cataluña, pero la historia ‘ancestral’ de esta festividad es muy diferente

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Las hogueras y fuegos de la verbena de San Juan iluminarán todas las ciudades, pueblos y villas de Cataluña. La tradición, de origen pagano pero promovida y naturalizada por la Iglesia católica, ha evolucionado a lo largo de los siglos. Sin embargo, aquel festejo tan arraigado en nuestro imaginario colectivo como es la Flama del Canigó fue un invento del catalanismo cultural en 1955.

Hoguera de San Juan en la playa EP
Hoguera de San Juan en la playa / EP

Esta llama que recorre Cataluña y algunos lares de la Comunidad Valenciana fue popularizada por el francés Francesc Pujade en 1955, inspirado en el poema épico de Jacint Verdaguer (Canigó, 1886). Pero no fue hasta años después, en 1963 cuando se extendió, impulsada más tarde por Òmnium Cultural, organización que dota a este fuego de “ancestral” es su vídeo promocional de 2022.

El origen del fuego

Más allá de la simbología adoptada por la Flama del Canigó, vinculada a la cultura catalana, las hogueras que prenden por toda Cataluña y gran parte de España tiene un origen muy diferente. “Todas las sociedades agrarias tenían la mentalidad de que no se podía sobrevivir sin el fuego, que siempre ha estado presente en los hogares, de hecho esta alegoría de las llamas ya existía en la antigua Grecia”, explica el profesor de Historia de la Universitat Abat Oliba CEU (UAO CEU) de Barcelona, Emili Boronat.

En los inicios precristianos de esta celebración del solsticio de verano --21 de junio--, el festejo conectaba “con la tierra, los ciclos de las estaciones y las cosechas”, asegura el profesor. De hecho, la tradición de las hogueras se nutre del triunfo de la luz como fuerza de lo vital para “hacer que el día venza a la noche”, sostiene Boronat, manteniéndolas encendidas hasta el alba del siguiente día. La Iglesia católica naturalizó esta velada pagana, como hizo en otras ocasiones, dotándola de otras características que perduran hasta día de hoy, otro día --noche del 23 de junio-- y un nombre de culto: San Juan.

Un correfoc en Cataluña, en una imagen de archivo / Matthias Oesterle / ZUMA Wire / dpa
Un correfoc en Cataluña, en una imagen de archivo / Matthias Oesterle / ZUMA Wire / dpa

Tanto la celebración pagana como la adaptación cristiana comparten el espíritu de la naturaleza. “Se recogía todo lo viejo y caduco para echarlo al fuego, así como muere el inverno también se queman las cosas viejas”, un mensaje que fue transmitido por San Juan Bautista, según apunta el historiador de la UAO CEU. La fiesta de San Juan tiene unos orígenes tan ancestrales como la Pascua y la Navidad, que fueron adoptado en el calendario litúrgico al mismo tiempo.

Cervantes y las hogueras de Barcelona

La celebración de Sant Joan en Barcelona, además, está “largamente documentada”, remarca el profesor universitario, con testimonios del siglo XV que hablan del uso de pólvora y petardos. No obstante, recuerda que en la capital catalana fueron prohibidas las hogueras a finales de la centuria del XVIII por “la gran densidad de población” que no se solucionó “hasta el 1914, cuando cayeron las murallas de la ciudad”.

Una hoguera de Sant Joan en las calles de Barcelona, en una imagen de archivo de 2019 / EUROPA PRESS
Una hoguera de Sant Joan en las calles de Barcelona, en una imagen de archivo de 2019 / EUROPA PRESS

En ese momento nacía el germen del Eixample barcelonés, aunque los ciudadanos llevaban más de cien años sin encender los fuegos de la revetlla. Cosa que si se hacía en las poblaciones colindantes y el resto de Cataluña. Ejemplo de ello, según explica Boronat, es que Miguel de Cervantes escribió que “cuando el Quijote llega a Barcelona la noche de San Juan, no dice que haya hogueras”. Eso no quiere decir que no se hicieran, “se encendían en las montañas”, sentencia el experto.

Las fallas de los Pirineos y la recreación del correfoc

Las llamas en los picos de las montañas es una de las claves que caracterizan esta celebración y, además, cuenta con un reconocimiento como Patrimonio Inmaterial de la Humanidad por la Unesco en los Pirineos. Las Fallas de Isil, como ha explicado este medio, se realizan de forma ininterrumpida desde que se tiene memoria y mantienen la singularidad de “bajar las fallas por un camino muy complicado, campo a través y con un tronco de más de 50 kilos ardiendo”, señala el presidente de la asociación cultural de fallaires de Isil, Xavi Ros. Estas tradiciones de las villas de la cordillera están documentadas, de forma conjunta y puntual, desde el siglo XI.

Bajada de las fallas en Isil (Alt Aneu, Lleida) en San Juan / CEDIDA
Bajada de las fallas en Isil (Alt Aneu, Lleida) en San Juan / CEDIDA

Pero, además de la Flama del Canigó, hay fiestas populares catalanas para San Juan que son recreaciones contemporáneas. Este es el caso de los diables y los correfocs. Los demonios que lanzan petardos y fuego siempre habían estado ligados a la “lucha entre el bien y el mal”, remarca Boronat, lo que hacía siempre perder en las celebraciones a los diablos. Sin embargo, la adaptación actual es totalmente opuesta, posiblemente por una “transmutación del significado y como símbolo de rebeldía humana”, sentencia el historiador.

Sant Joan es una celebración que evoca sentimientos encontrados y las ganas de fiesta previas al verano de la mayoría de ciudadanos de Cataluña. Adaptada y recreada a lo largo de los siglos, la revetlla ha variado entre las tradiciones paganas, la naturalización religiosa y, finalmente, por el catalanismo cultural con un contenido laico. Un ejemplo de la pérdida de los orígenes ancestrales, aunque popularizado, es la Flama del Canigó.