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Un hombre con dos rosas y una bolsa con libros, paseando por las Ramblas de Barcelona en el Sant Jordi veraniego / EFE

Un Sant Jordi con mascarilla

La celebración del Día del Libro, con un seguimiento irregular por el coronavirus, incrementa un 30% las ventas del sector. Ruiz Zafón y Rahola, entre los más vendidos

11 min

Desde 1984, Sant Jordi, la festividad del libro, no cambiaba de fecha. En aquella ocasión, el 23 de abril cayó en Lunes de Pascua, motivo suficiente para que la celebración se postergara unos días y tuviera lugar el día 27 de ese mes. No era la primera vez: en 1962 y en 1973 ya había sucedido. La Semana Santa obligó a cambiar la fecha a una celebración que desde 1930 tiene lugar siempre el 23 de abril, la jornada en la que se conmemora el fallecimiento de dos grandes escritores de las letras universales, Shakespeare y Cervantes (si bien este último falleció en realidad un día antes). Este año, y por motivos ajenos a cualquier tipo de cuestión religiosa, Sant Jordi también ha cambiado de fecha. El aislamiento a causa del Covid-19 obligó a que el pasado mes de abril el Día del Libro se celebrara a medio gas y de forma virtual, a través de la internet, con charlas y encuentros vía redes sociales con autores. Ante la imposibilidad de que los lectores acudieran a las librerías se decidió trasladar la celebración a julio.

Cuando el 4 de junio, coincidiendo con una escalonada reapertura de las librerías, los gremios de libreros, editores y distribuidores se unieron para lanzar la campaña #LaVidaComençaEnUnaLlibreria casi nadie se imaginaba que volveríamos a encontrarnos con una Cataluña y, especialmente Barcelona, golpeada por una alta cifra de contagios. Esto ha provocado que este Sant Jordi veraniego en el que se había puesto ilusión, ganas y mucha esperanza tuviera que ser completamente redefinido, aunque en medio de más de una contradicción.

Mientras desde la Consejería de Salud se recomendaba a la población de Barcelona y Hospitalet aislarse y salir a la calle solo cuando indispensable, el presidente del Gremio de editores, Patrici Tixis, animaba a seguir con las celebraciones. Su entusiasmo, sin embargo, no ha sido compartido por todos. Los editores independientes y fundadores de la asociación Llegir en Català hicieron público el 16 de julio un comunicado en el que anunciaban que no participarían en la concentración de paradas que debía tener lugar en el Paseo de Gracia, puesto que consideraban incompatible “pedirle a la gente que se quede en casa como hacen las autoridades sanitarias y, al mismo, animarlos desde las asociaciones del sector del libro a que vayan a Paseo de Gràcia”.

Aspecto de uno de los pocos puestos callejeros de venta de libros del centro de Barcelona / EFE

 

Aspecto de uno de los pocos puestos callejeros de venta de libros del centro de Barcelona / EFE

Tan solo 24 horas después, el Ayuntamiento de Barcelona suspendía la celebración en la famosa arteria barcelonesa y, escalonadamente, otras editoriales cancelaban las firmas de sus autores. Este es el caso, por ejemplo, del grupo editorial Penguin Random House, que anunciaba pocas horas después que cancelaba las firmas y todos los actos previstos para el 23 de julio. Por el contrario, el Grupo Planeta ha optado por seguir adelante, pero solo a medias: solo algunos de sus autores han firmado en algunas librerías. 

Un Sant Jordi con distintas tonalidades

Esta mañana, la consejera de Salud hacía énfasis en que el Sant Jordi de verano no podría celebrarse por igual en toda Cataluña. Efectivamente, ha sido así. La celebración ha sido desigual en el territorio catalán. En muchas localidades ha sido inviable. Es el caso del Segrià (Lleida), cuyas librerías cancelaban el pasado 13 de julio la celebración. "Desafortunadamente, la situación sanitaria en la comarca del Segrià nos empuja a cancelar la celebración del Sant Jordi de verano en las calles", aseguraban las librerías de la zona en un comunicado, que se hizo público poco después de que algunas librerías de Figueres hubieran también renunciado a participar en el festejo por los mismos motivos sanitarios. En Girona, en cambio, los vecinos encontraron paradas de libros y rosas en la Plaça de la Independència, así como también los vecinos de Tarragona, en cuya Rambla Nova las librerías Abacus, La Capona y Adserà han tenido parada.

Por lo que se refiere a Barcelona, a la cancelación de la celebración en el Paseo de Gracia se ha sumado que algunas de las librerías, como es el caso de No Llegiu, han optado por considerar el día como una jornada cualquiera y no adherirse a este festejo veraniego en torno al libro. Se calcula que, en la Ciudad Condal, unas 80 librerías han participado en el día de hoy, la mayoría de ellas colocando frente a su puerta una parada con libros y algunas, como es el caso de Documenta o de la librería argentina Lata Peinada, organizando firmas de libros, eso sí, siendo conscientes de la necesidad de tomar medidas de seguridad. En Documenta tan solo firmaba un autor a la vez y, para poder acudir y solicitar la rúbrica, era necesario reservar plaza. Por ahí han pasado Esmeralda Berbel, Stefanie Kremser, David Nel·lo o Rafael Nadal, seguramente uno de los autores más solicitados en el día de hoy y que más sesiones de firmas ha realizado.

Aspecto de una librería del centro de Barcelona este jueves, cuando Cataluña celebra una jornada atípica de Sant Jordi por el coronavirus/ EFE

 

Una librería del centro de Barcelona este jueves,cuando Cataluña celebra un Sant Jordi atípico / EFE

Por su parte, en la joven Lata Peinada han estado Ricardo Ruiz Sosa, Marc Caelles o el poeta Bruno Montané. En la librería La Calders a lo largo del día han acudido editores –Laura Huerga de Raig Verd, Eugenia Broggi de l’Altra Editorial, Nuria Iceta de L’Avenç, Valeria Bergalli de Minúscula y Ricard Planas de Males Herbes– para recomendar distintos títulos a los lectores. En los días previos y también a lo largo de hoy, más de un autor ha ido a las librerías para dejar firmados algunos ejemplares.

Quienes se acercaron a Documenta pudieron conseguir los libros con autógrafo incluido de Xavier Bosch, Enric Calpena, Eva Baltasar, cuya novela Boulder fue la más vendida el pasado 23 de abril, o Núria Pradas, ganadora del Premi Ramon Llull con Tota una vida per recordar. Quienes optaron por La Calders se han encontrado con ejemplares firmados de Reina, la novela-diario con la que Elisabeth Duval se ha estrenado en narrativa no dejando a nadie indiferente, Lectura fácil de Cristina Morales, Premio Nacional de narrativa 2019, o de El corazón de la fiesta de Gonzalo Torné, sin duda uno de los títulos más destacables de este año. 

Participación y ventas, una agradable sorpresa

La situación sanitaria y el periodo estival hacían que fuera difícil presagiar buenos augurios. Sin embargo, hubo sorpresa, incluso para los más incrédulos. En el gremio de editores y en el de libreros de Cataluña había satisfacción: se calcula que las ventas del día de hoy han sido alrededor de un 30% más elevadas con respecto a cualquier día de un mes de julio. Particularmente positiva ha sido la jornada para las librerías de barrio, pues los lectores han optado precisamente por no alejarse de sus domicilios, más aun teniendo en cuenta de que en el centro ciudad no estaba prevista la celebración de los años precedentes.

Más allá del tradicional 10% de descuento, aplicado también de forma desigual y bastante cuestionado últimamente, los lectores han acudido a sus librerías de confianza, donde el control del aforo ha sido constante. Muchos tenían que esperar fuera debido a la gran afluencia. Si bien en esta ocasión no se ha hecho pública la tradicional lista de los más vendidos, el libro de fondo ha sido particularmente solicitado, algo que ya se había notado a lo largo del encierro, cuando aumentaron las ventas del libro electrónico.

Por lo que se refiere a las novedades, a pesar de las acusaciones de plagio, datos extraoficiales apuntan a que Pilar Rahola ha conseguido un año más destacar entre las más vendidas con El espía del Ritz, junto a Joel Dicker y su sexta novela, El enigma de la habitación 622. Junto a estas propuestas, La sombra del viento ha vuelto a ser uno de los libros más demandados por lectores que, de esta manera, rendían homenaje al recientemente fallecido Ruiz Zafón. Entre el público se comentaba que las más de setecientas páginas del libro de Puigdemont, en cambio, no han tenido una excesiva demanda. El Sant Jordi de verano ha funcionado.