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Maria Ponsà y su empleada organizando la floristería para Sant Jordi / GALA ESPÍN (CG)

'Rosas por Ucrania' desde la floristería más antigua de España, que está en Barcelona

Maria Ponsà vuelve a sorprender este Sant Jordi con una iniciativa benéfica y un diseño único para que las flores “logren decir cosas” y hablen de paz y solidaridad

7 min

Barcelona, 1920. Maria Ponsà Flors abría sus puertas en el cruce entre Rambla Catalunya y la calle Córcega, en tiempos de Alfonso XIII. Más de 100 años han pasado desde que los abuelos de Maria Ponsà, con el mismo nombre que dieron sus antepasados a la floristería, inauguraron este establecimiento para vender las más imponentes y originales composiciones de brotes y yemas.

Esta septuagenaria es la cuarta y última generación que regenta la histórica tienda, que en Sant Jordi se engalana con rosas de todas las variedades inimaginables y donde siempre prima la base familiar: organizar una recaudación benéfica.

 Rosas de Sant Jordi en la Floristería María Ponsa / GALA ESPÍN
Rosas de Sant Jordi en la Floristería Maria Ponsà / GALA ESPÍN (CG)

Rosas por Ucrania es la iniciativa solidaria de este año. Ponsà vinculará mediante diseños propios la brutalidad de la guerra con el símbolo de vida y amor del que hablan las rosas de Sant Jordi. “Ucrania es uno de los principales productores de Europa, por eso el trigo ha sido uno de los elementos principales que he escogido para este diseño, aunque normalmente se pone poco”, narra la florista mientras recuerda las causas benéficas protagonistas cada 23 de abril en su pequeña tienda del Eixample. Estos proyectos solían donar la totalidad de la recaudación del día, aunque en los últimos años la crisis pandémica lo ha impedido. Pero Ponsà se niega a perder la tradición: “No lo teníamos muy claro después de todo lo que hemos sufrido… pero lo tenía que hacer, la situación lo requería absolutamente”, sentencia.

Floristería María Ponsa/  GALA ESPÍN
Floristería Maria Ponsà / GALA ESPÍN (CG)

El mensaje de las flores

“Las flores deben tener un diseño bonito, pero también un mensaje, nos tienen que explicar cosas”, explica Ponsà. La veterana diseñadora floral acompaña esta afirmación con una anécdota que desde hace décadas observa: “A veces vienen y nos piden que escribamos una carta de amor para su mujer, pero con flores”. Las piedras incrustadas sobre el suelo con una espiral ideada por la florista han visto pasar a millones de personas en un siglo, con diferentes encargos y anuncios, pero en esta ocasión la unión entre la rosa y Ucrania para este proyecto solidario es clara: las yemas y brotes deben hablar de amor, vida, paz y libertad.

Escaparate de la floristería María Ponsa / GALA ESPÍN
Escaparate de la floristería María Ponsà / GALA ESPÍN (CG)

La invasión rusa del país conocido como el granero de Europa ha impactado en Occidente. Este Sant Jordi está marcado por el fin de la mascarilla en interiores y la guerra eslava. Por ello, el mensaje de Ponsà desde su centenaria floristería es claro, especialmente en estos días de lluvia que enturbian la celebración: “A esta gente le están cayendo bombas, si nos cae una gota de agua tampoco no nos pasará nada, digo yo”. Ella anima a todo el mundo a festejar y pasear este sábado por las calles de Barcelona.

El 100% de la recaudación de los diseños especiales de Rosas por Ucrania, que recordemos no son todos los productos que venderá este 23 de abril en su establecimiento ni en la parada frente a éste, irán a parar al proyecto solidario de Sor Lucía Caram. El objetivo es ayudar a las personas que lleguen a Cataluña huyendo del conflicto bélico para que puedan tener una vida digna.

Sant Jordi

La aventura de Ponsà para Sant Jordi, con casi 70 años, puede ser difícil de asumir. Pero ella se muestra alegre y repleta de energía. Duerme cuatro horas y trabaja casi 20 al día. Durante las últimas semanas ha ido de cabeza, organizando y planificando con sus empleadas todo el revoltillo previo al 23 de abril para que la tienda esté a punto y la cantante Lídia Pujol pueda amenizar este año la parada que colocarán frente a su tienda. “Siempre tengo ganas y energía para seguir”, explica con una sonrisa en la cara.

Maria Ponsà, dueña de la floristería Maria Ponsà / GALA ESPÍN (CG)
Maria Ponsà, dueña de la floristería Maria Ponsà / GALA ESPÍN (CG)

Pero no siempre fue así, de estresante. “Todos los amigos y familiares venían a ayudar para Sant Jordi”, rememora. Un espíritu que cree que se está perdiendo porque, en los últimos años “todo el mundo va a la suya”. Por eso se alegra cuando sus clientes, conocidos y más allegados la empujan a seguir hacia delante con las causas solidarias que la han llevado a construir 17 casas tras el terremoto en Salvador o a comprar un barco comunitario tras la catástrofe del tsunami. “Y nos sobró dinero para hacer un hospital de campaña”, enfatiza.

Ponsà nunca pone el nombre de su floristería cuando envía la ayuda humanitaria tras la recaudación lograda cada 23 de abril. “No ponemos Maria Ponsà Flors, ponemos Sant Jordi y el año, porque queremos que sepan qué es Sant Jordi, porque este es el espíritu de este día”, sentencia. Este será el diminuto escrito con el que los fondos serán repartidos a través de las rosas desde siete euros que la florista volverá a vender 102 años después de que sus abuelos empezaran esta tradición que, asegura, protege el corazón: “Las rosas, al final, hablan de amor”.