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Ricardo García Cárcel / YOLANDA CARDO

Ricardo García Cárcel: "Nunca me he creído los mitos, ni los santos ni los demonios"

El historiador valenciano charla con Manuel Peña en la Fundación Juan March de Madrid sobre su obra y la necesidad de releer los mitos sin épica ni cayendo en "interpretaciones bipolares"

7 min

Agustina de Aragón, Felipe V, la Inquisición o 1714. No hay ningún mito que se le haya resistido al historiador Ricardo García Cárcel. Con ironía, autocrítica y mucha experiencia, ha hecho este martes una retrospectiva de su carrera como historiador y de todos aquellos momentos de su biografía personal que le llevaron a ser uno de los más reconocidos historiadores de nuestro país. Ante un auditorio lleno de la Fundación Juan March, en el marco del ciclo Autobiografía intelectual, ha explicado su éxito profesional como “una conjunción del azar y la necesidad”.

En conversación con Manuel Peña, uno de sus discípulos en la Universitat Autònoma de Barcelona y autor de Una historia no oficial de Cataluña, ha admitido que su vocación de historiador le ha perseguido siempre y que muy probablemente fue “el primer acto de rebeldía contra su padre”, que prefería que estudiara Derecho. Su primera obra, Las germanías de Valencia, ya dejaba entrever su inquietud de ir más allá de la versión oficial: “Me vi inserto en una problemática que era la modernidad o no modernidad de las comunidades y de la germanía. Hasta qué punto el Imperio fue bueno o no para España y qué hubiera pasado si los comuneros no hubieran sido derrotados”. A sus 70 años, asevera que "nunca se ha creído los mitos, ni los santos ni los demonios".

Manuel Peña y Ricardo García Cárcel / YOLANDA CARDO

Manuel Peña y Ricardo García Cárcel / YOLANDA CARDO

Evolucionar con los tiempos

Su tesón y trabajo duro han estado siempre vinculados a la autocrítica. Después de que Peña lo haya definido como un “historiador excepcional” y con un “instinto histórico peculiar”, García Cárcel ha explicado cómo reescribió de arriba abajo su primera obra al quedarse insatisfecho con la primera edición. A este respecto, ha añadido que su generación y la disciplina de la historia social estaba “muy marcada por un marxismo muy simplista, muy de catecismo”. “Allí trasladé mis inquietudes de joven historiador y que nos dominaba como generación”, ha rememorado.

El historiador valenciano vivió la dictadura, la llegada de la democracia y la entrada de España en la Unión Europea. Otra vez, por esta mezcla de razones azarosas y de necesidad, abordó académicamente la Inquisición y la leyenda negra. Su libro Leyenda Negra, historia y opinión, escrito en 1992, coincidió con "el año de la euforia olímpica”, con los Juegos Olímpicos de Barcelona. “España estaba recién integrada en la Unión Europea. En ese contexto, entendí y consideré que había llegado el momento de entonar el réquiem a la leyenda negra. Ya éramos europeos. Habíamos alcanzado el estatuto de la normalidad”, ha reflexionado ante los presentes.

Manuel Pena Garcia Carcel

Manuel Peña y Ricardo García Cárcel durante el acto en la Fundación Juan March / YOLANDA CARDO

En 2002 volvió a centrarse en la temática, con su libro Inquisición, historia crítica, escrito junto a Doris Moreno Martínez. Una obra que “se convierte en un objeto de culto”, ha asegurado Peña. De nuevo, por ese impulso fruto de la necesidad de "superar la interpretación bipolar de la Inquisición". García Cárcel, junto a otros jóvenes historiadores, asumió el reto. La nueva historiografía duró hasta mediados de los años 80 y, entre otros aspectos, intentaron cuantificar el número real de víctimas de la Inquisición. "Como la Guerra Civil, era un tema que nos había perseguido entre españoles”, ha abundado García Cárcel.

Historia de Cataluña

Si el mito de la Inquisición es difícil de tumbar, también lo es el del nacionalismo catalán. En 1973 el historiador valenciano aceptó una oferta de su maestro para trasladarse en la Universitat Autonòma de Barcelona: “Mi interés por Cataluña empezaba por mi propio marco doméstico. Y lo que fue azaroso se convirtió en una necesidad histórica”. Y es que García Cárcel se casó con una catalana y tuvo interés en conocer la historia de Cataluña, superando la versión de Ferran Soldevila.

“Nunca me he creído los mitos, ni los santos ni los demonios”, ha soslayado. El historiador fundó el Centro de Estudios Pierre Vilar, que tuvo la misión de llevar a cabo una revisión de la historiografía de Soldevilla para “desentrañar el no menos mítico 1714”. Una gesta ambiciosa. “No lo conseguimos”, ha confesado García Cárcel. "Pero no te has rendido”, le ha contestado su discípulo Peña.

Pena Garcia

Manuel Peña y Ricardo García Cárcel durante el acto / YOLANDA CARDO

Más allá de la autocrítica y autoexigencia demostrada por García Cárcel, la velada ha culminado con un aire optimista. Si pudo superar su "educación sentimental" respecto Agustina de Aragón --que en realidad era catalana-- y "volverla a releer sin épica", el paso de los años y el conocimiento de la historia le hace redimensionar e incluso relativizar algunos de los retos contemporáneos. Y hacerlo, como le ha recordado Peña, sin rendirse nunca ni caer en derrotismos.