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El director teatral Ramón Paso / REDES

Ramón Paso: "Tenemos un gran problema con la comedia en este país, el teatro público la desprecia"

El director teatral reconoce ser un privilegiado por tener varias obras en cartel pero denuncia las dificultades que se encuentra para sacar un proyecto adelante

18 min

Si uno mira la cartelera teatral de Madrid puede encontrar una serie de actores que aparecen en varias obras. Son Ana Azorín, Inés Kerzan y Ángela Peirat. Todas ellas junto a Jordi Millán coinciden bajo las órdenes de un director responsable de la compañía, Ramón Paso.

El director teatral regresa --si es que se puede decir que alguna vez se ha ido-- con dos obras que arrancan la temporada 2022-23 en el Teatro Reina Victoria. Se tratan de Sueños de un seductor, de Woody Allen, y Usted tiene ojos de mujer fatal... en la radio, de Enrique Jardiel Poncela.

Familia de teatro

Con este último, Paso tiene una conexión especial. El dramaturgo era su bisabuelo, uno de los grandes nombres del teatro español del siglo XX que, pese a todo, cuesta ver representado en este país. El director no se queja, pero lamenta que así sea.

Reconociendo que no puede quejarse --sólo en septiembre tiene cuatro obras en los teatros de Madrid-- siente cierto pesar por los esfuerzos que uno debe hacer para reivindicar a ciertos autores patrios. Ni que decir tiene poner en valor la obra de uno y más siendo comedia.

Defensor del arte

Crónica Global aprovecha el estreno de este doblete del director en el Reina Victora para charlar con Paso sobre este lujo que le concede la cartelera. Un hecho del que se alegra pero que no quita que tenga que luchar por levantar otros proyectos.

Poco le importan las críticas que puedan llegar acerca de lo "titiriteros" o "subvencionados" de los que se acusa a la profesión. Admiten que unas cuantas estrellas son culpables de eso, pero que él no es una cosa ni la otra. Prueba de ello es el esfuerzo y tiempo que dedica al día a esta profesión, unas 14 horas. ¿Lo paga el cariño del público? Puede ser. Él sólo sabe que sigue trabajando y que ni siquiera un apellido le salva los muebles.

--Pregunta: Arranca temporada y lo hace con un doblete de obras.

--Respuesta: Además con Sueño de un seductor arrancamos en enero de 2020 con sensaciones muy bonitas. Eso para nosotros fue el regreso de la pandemia que nos tuvo apartados y para mí un sueño hecho realidad porque Woody Allen es un actor al que admiro profundamente. Luego está Usted tiene ojos de mujer fatal... en la radio, que fue un éxito tremendo en 2017, y volver a hacer un texto de mi bisabuelo es un placer enorme.

--Empecemos por este último texto. ¿Da respeto ponerse a trabajar a una obra conocida y además de un familiar?

--Siempre que se toca el texto de un señor que es inmortal me da mucho respeto, como me pasa con El abanico de lady Windermere de Wilde, Allen, Jardiel... Con Jardiel aún más porque hay una vinculación, conozco muchísimo su vida no tanto por la cuestión familiar sino porque lo he estudiado con interés. A este señor le costó un montón hacer esta obra, estrenarla y convertirla en un éxito ¿y ahora vengo yo a toquetear aquí casi 100 años después? Uno siempre duda si actualiza y ayuda a la comprensión del texto o mete la pata. En general, me ha salido bien, porque gusta, pero da muchísimo respeto porque es alzarse a los hombros de un gigante.

--A su bisabuelo le costó entonces, ¿pero ha cambiado mucho el panorama? ¿Sigue costando mucho levantar una obra en este país y no se ha aprendido nada?

--No hemos aprendido nada. Cuesta muchísimo. En Madrid hay muy poquitos teatros ahora mismo y en manos de unos señores muy específicos que tienen unas ideas sobre programación --que no digo que sean buenas o malas, son las suyas-- y es muy difícil conseguir colar un proyecto. En este momento, ya no es cuestión de tener una buena obra o reparto, es que te reciban con las manos abiertas en los teatros públicos o privados. Es muy complicado porque el teatro público se reviste de una falsa intelectualidad y glamour y el privado tiene que vender entradas sí o sí. En el público te preguntan cuán difícil de entender es tu obra y en el privado de qué va tu comedia y qué mediáticos tienes. Por eso, cuando intentas hacer teatro porque te gusta, lo amas y lo entiendes es muy complicado.

Cartel de 'Sueños de un seductor'
Cartel de 'Sueños de un seductor'

--Pero su apellido como director o el los de los autores ¿no deberían ser garantía?

--Mira, yo estoy moviendo una versión nueva de  Cuatro corazones con freno y marcha atrás de Jardiel y no estoy encontrando ningún tipo de complicidad ni en teatros del Estado ni privados. De repente, deciden que hay autores que no están de moda o no están donde deberían estar. Cuando nosotros hicimos el Ernesto de Wilde en 2017 era casi una locura, lo acogió el Teatro Lara y fue muy bien. Ahora este año lo hacen en el Teatro Español, pero entonces yo no recibí buenas sensaciones. Ya no es el autor que lleves detrás. ahora, importa los contactos que tengas. Esto pasa siempre en esta profesión nuestra, que es como un pueblo. En nuestra cartelera tendríamos que ver más autores de repertorio. El repertorio español está muy descuidado. Ya no hablo de Jardiel, sino de Miura y otros. Y recuperar el nacional y el internacional.

--En cambio un Shakespeare o un Calderón nunca faltan.

--Muchas veces nos quedamos con los nombres de siempre, sí. También intenté mover La tragedia española de Thomas Kyd que he trabajado con Daniel Oliver y no hay respuesta positiva. Estamos en un momento en que el teatro español está saneado, no estamos tan mal como se nos hace creer, pero sí está encerrado en ciertas posiciones. Hay individuos que se lo han ganado y para el resto es muy complicado.

--¿Y colocar comedias es más complicado o no?

--En este país tenemos un problema tremendo con eso. La comedia es lo más difícil de hacer y un acto de generosidad, además. Hacer reír y que a través de la risa el público piensa, salga de su zona de confort y se metía en lugares más sombríos de la personalidad y la sociedad es difícil. Pero el teatro público lo desprecia. Se hacen muy pocas comedias y muy aburridas a veces. También es cierto que en este país el sentido del humor es inherente al español y tenemos esa cosa tan hortera de que despreciamos lo nuestro y nos quedamos con lo de los demás. La risa es muy española y la despreciamos porque es nuestra.

Escena de 'Sueños de un seductor' / COMPAÑÍA PASOAZORÍN
Escena de 'Sueños de un seductor' / COMPAÑÍA PASOAZORÍN

--Y estas dos comedias, ¿qué aportan ahora al espectador, por ejemplo?

--Risas y un buen rato. Pero hay más allá. Sueños de un seductor es un alegato contra la masculinidad tóxica, habla de esa generación que crecimos con Ramblo o Bogart de ejemplo y de repente te das cuenta que ser sensible también te permite desarrollarte como hombre. En definitiva de qué es un hombre y qué no. Luego, Usted tiene ojos... también te hace reír, porque Jardiel era un maestro de la risa, se cachondea del mito del Don Juan. Otra vez, una masculinidad tóxica, porque es cierto que El barbero de Sevilla era un tipo muy hijo de puta con las mujeres. Aquí vemos que ese Don Juan acaba destruido y luego redimido por una mujer. Es un momento para ver estas nuevas masculinidades.

--¿Pero sin adoctrinar?

--Es que la diferencia entre el drama y la comedia es esa. El drama te dice lo que está bien y lo que está mal, te da un mensaje. La comedia te hace sentir ridículo, ver en qué te conviertes cuando intentas ser un Don Juan y la caída en el ridículo de un personaje que intenta seducir o ser un Bogart. El drama te dice: la vida es esto, vive bien o tendrás un final terrible. La comedia te dice que eres pequeño y falible y debes reírte de ti mismo.

--Todo ello lo sirve rodeado de su compañía, PasoAzorín, que forman un grupo con los que hace diferentes obras con un reparto muy parecido. ¿Qué importancia tiene para un director como usted el concepto de compañía?

--Para mí es fundamental, son el núcleo de mi trabajo y componen un núcleo ideológico de lo que queremos defender, contar, de hacia dónde queremos ir, cómo nos distinguimos. Además esta profesión es muy difícil y nos apoyamos mutuamente artística e intelectualmente. Te da sensación de casa, somos una familia. A eso añade que son grandes actores y actrices muy dúctiles: porque ahora mismo ensayan Usted por las mañanas, hacen El abanico en el Lara, Filomena, una comedia actual y luego Baldosas amarillas que es un drama sobre las drogas.

--Esta es otra. Dice que es difícil meterse, pero usted tiene un mínimo de cuatro obras en cartel.

--Eso no es porque sea yo el director, sino que somos compañía. Es cierto que estoy en varios teatros pero la de horas que cuesta. Y tengo la suerte de los apoyos de empresarios que he tenido como el de Antonio Fuentes, por ejemplo, que siempre ha sido generoso y me ha abierto camino. Ahora, una cosa que sucede es que si tienes éxito en el teatro privado te desprecian en el público y a la inversa. ¡Es completamente absurdo! 

Cartel de 'Usted tiene ojos de mujer fatal... en la radio'
Cartel de 'Usted tiene ojos de mujer fatal... en la radio'

--¿Es casi un sacrilegio para unos triunfar al otro lado?

--¡Al revés! Mira, Jordi Galcerán es nuestro mejor dramaturgo cómico en la actualidad. Tiene obras más fáciles y otras muy complejas que van a sitios muy especiales del ser humano. ¿Por qué eso no debe tener cabida en un CDN o en un Español? Además el público también necesita público. Todos ellos programan lo que quieren con la voluntad de que vaya el mayor número de espectadores posibles, pero estamos en un país donde la palabra comercial es peyorativa. Eso no ocurre en Inglaterra o Francia. Comercial significa que lo ve mucha gente. Otra cosa es que sea bueno o malo. Arte, de Yazmina Reza era hipercomercial y muy buena. Luego hay otros comerciales que son muy malos como hay espectáculos buenos y malos en el público. La calidad no tiene que ver con lo comercial.

--¿Cuán difícil es en este contexto mantener una compañía? ¿Es una aventura que compensa?

--Es una aventura maravillosa y supercomplicada. Es como el templo maldito, te lo pasas bien pero hay mucho peligro y sufres mucho. La realidad es que Ana, Inés, Ángela y yo trabajamos unas 14 horas al día que jamás estarán bien pagadas. Están muy disfrutadas, eso sí. Una compañía lleva muchísimo tiempo y esfuerzo. Lo que pasa es que somos unos privilegiados, tenemos la suerte de que nos gusta lo que hacemos.

--Con todo ese sacrificio y amor por el teatro, ¿duele cuando a uno le llaman subvencionado y titiritero?

--(ríe) Sí, porque nunca he sido ni una cosa ni la otra (se pone más serie). Duele mucho. Es cierto, y no me gusta decirlo, que nosotros hemos vendido esa imagen. Los científicos no tienen esa imagen y están igual que nosotros. Lo que pasa que nosotros tenemos la putada de las alfombras rojas, que allí es dónde parecemos gilipollas. Allí aparece el 0,1% de la profesión que es millonaria. Si en las alfombras rojas, además de las superestrellas también se vieran a los chavales que se dejan los cuernos en una sala de 30 espectadores para conseguir llenarla un día a la semana y no ganan dinero sino que lo pierden nuestra imagen cambiaría. Pero si soy un taxista que me dejo el alma en el taxi todo el día y la representación del arte son un montón de petardos vestidos con esmoquin y trajes maravillosos frivolizando una profesión, pienso, "menuda pandilla de hijos puta". Otra cosa es cuando eso nos lo llaman políticos, porque lo que hacen entonces es pura demagogia y allí no entraré porque la demagogia no me atrae.

Escena de 'Usted tiene ojos de mujer fatal... en la radio'
Escena de 'Usted tiene ojos de mujer fatal... en la radio'

--¿Es la confusión del espectáculo y la cultura, esa fina línea que cuesta ver y es fácil de traspasar?

--Puede ser. Además cuando los actores dicen que esto es un juego y frivolizan. ¡No, no, no! ¡Esto es dificilísimo de hacer! Para una representación son treinta y pico días de ensayos en jornadas muy largas donde el actor lo pasa muy mal, porque a veces lo que uno quiere hacer  se critica, se cambia. Allí no juegan, hacen esfuerzos muy grandes. Yo en el ensayo de Usted tiene ojos esta mañana no he visto que jugar a nadie, sino un montón de profesionales luchando para aprenderse un texto de un montaje muy endiablado. Esto requiere muchísima precisión, pero a veces lanzamos esa imagen de juego y diversión. Y no, esto es una profesión que cuesta mucho.

--Visto así, ¿qué es entonces lo que le engancha?

--Hacer reír. Me dedico a esto porque me gusta hacer reír. No hay cosa que más me guste que el sonido de un patio de butacas que se ríe. Me gusta la carcajada que pone de acuerdo a todo un patio de butacas, la risa tímida de uno o dos espectadores que han pillado un chiste pero notan que no son seguidos por los demás, la risa templada y cálida de un chiste graciosos que no es la monda. Eso es. La comedia siempre hace falta, es muy necesaria.