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Imagen de la soprano Anna Netrebko y su marido, Yusif Eyvazov, en la representación del lunes en el Liceu / LICEU

¿Por qué Anna Netrebko no nos llenó anoche en el Liceu?

La gala conmemorativa de los 20 años de la reconstrucción de la ópera barcelonesa se quedó muy corta, pese a contar con la presencia de la grandísima diva y de su esposo

Toni Olivé
05.11.2019 13:48 h.
8 min

El nombre de la velada prometía, celebrar los 20 años de la reconstrucción del Liceu en una temporada que se ha inaugurado, como la de hace 20 años, con Turandot, con una fachada y cristaleras restauradas y con el atractivo indiscutible de la diva entre las divas, la grandísima Anna Netrebko, sin duda la soprano que ahora está en la cumbre por los papeles que interpreta, su calidad vocal y la fama que atesora dentro y fuera del escenario. Fue, sin duda, una noche donde el público solo quería una cosa, aplaudir a rabiar, y lo hizo, durante más de diez minutos al acabar la función a pesar de gozar de un solo, y extraño, bis. Pero su interpretación de Tu che la vanità, de Don Carlo, de Ove son io? de Macbeth y sobre todo cuando el mundo se paró en un pianísimo eterno de O mio babbino caro, de Puccini, donde el director Denis Vlasenko se ganó el sueldo congelando a la orquesta para que la gran Netrebko se luciera. Puccini es, sin duda, el autor que mejor supo llegar a los sentimientos, pero cuando lo interpretan monstruos divinos como Pavarotti o Netrebko, a quien no se le ponen los pelos de puntos o le cae una lagrimilla mejor que no vuelva a escuchar ópera, esto no es lo suyo.

Si algo se le puede reprochar al concierto es que supo a poco porque todos queríamos más. Se empeña en hacer pareja artística con su actual marido, el tenor Yusif Eyvazov, correcto, pero solo eso, y el contraste con alguien estratosférico es cruel. La Netrebko insite en meterlo con calzador no solo en estas giras / bolos sino también en óperas completas, lo que en el medio plazo no le hará ningún bien a la carrera del tenor azerbayano. Y cada vez fuerzan más la máquina. Este fin de año los dos participan en una “cosa rara” en el Metropolitan de Nueva York, tres actos de tres óperas diferentes, algo así como ir a un restaurante y querer comer los platos más famosos de tres chefs de autor a toda velocidad… seguro que sacan mucho dinero de este invento, pero no parece que sea el camino de una estrella que está en su mejor momento. La Netrebko siempre ha tenido prisa, y ahora la vuelve a tener. En 2005 comenzó a aparecer en todos los festivales y galas televisadas con el gran tenor mexicano Rolando Villazón, hasta que Villazón tuvo problemas con sus cuerdas vocales y tras operarse de un quiste en 2010 su voz nunca volvió a ser la misma. Las facultades de Netrebko son muy superiores a las de la gran mayoría de cantantes profesionales y seguir su ritmo sin tenerlas solo lleva al desastre.

Dentro de estas ganas de hacer “cosas raras” entra el bis, un O Sole Mio interpretado por un barítono, un tenor y una soprano, lo nunca visto… y tampoco se ha perdido nada quien no lo haya visto. Ver a la Netrebko jugando a ser Pavarotti con los tres tenores es innecesario y fuera de lógica. Hay decenas de arias en las que podría lucirse haciendo lo que de verdad sabe hacer, cantar ópera.

No he hablado del tercero en discordia, el barítono Christopher Maltman. Otra fuerza de la naturaleza que sin llegar a la altura de la diva no desentona en absoluto por su torrente de voz. Si el tenor hubiese estado a la altura de Maltman nadie se hubiese acordado que es el marido de la jefa. Pero como no es el caso se presta al cotilleo, al comentario machista y, además, al qué pasaría si esto lo hiciese un tenor… #metoo!!

Más allá de la velada musical, con momentos sublimes pero ni completa ni excelente, destacaron algunas cosas que no quiero pasar por alto. Es la primera vez que veo a alguien que viste frac con pajarita de color. El protocolo inglés dice, precisamente, white tie cuando hay que llevar frac, será otra licencia del marido de la diva. Como también fue curioso ver a Maltman con chaqueta de smoking de terciopelo y corbata larga. Siendo inglés aún es más chocante porque se supone que ellos si saben cómo van estas cosas. Respecto al vestuario de la diva, que se ponga lo que quiera, su voz cubre vestidos, capas y joyas, que de todo salió al escenario.

Pero también fue una noche triste en el Liceu, una más. El anterior gerente, Roger Guasch, salvó al Liceu de la ruina junto con su presidente, el melómano Joaquim Molins. Juntos fueron capaces de dotar de cierta sostenibilidad al Liceu. La campaña 20 años del Liceu inventada por ellos es una magnífica excusa para encontrar un camino de mayor desgravación para las aportaciones de particulares y empresas. Hoy Roger trata de hacer del Espanyol un club solvente y Joaquim escucharía ayer a la Netrebko desde un palco en el cielo. Ayer no tuvo que ser solo un concierto sino una gala con presencia de autoridades representando a las instituciones que ponen dinero, que son todas: Generalitat, Ministerio de Cultura, Ayuntamiento de Barcelona y Diputación de Barcelona y un homenaje a los mecenas y abonados, idealmente con una cena con la diva (y su marido, claro). Tenía que haber sido una fiesta en la que aprovechando que SM el Rey estaba en Barcelona lo “normal” sería haberle invitado aunque fuese a la cena. Nada de eso ocurrió. Fue un concierto más, con mucho ruso entre el público eso sí, y hasta con una espontánea que subió no se sabe a qué al escenario ante el asombro de todos y la inacción de los responsables del Liceu.

Sin duda, dejar pasar una oportunidad histórica como ésta es un ejemplo más de la decadencia no ya de la cada vez más inexistente burguesía catalana sino de toda la sociedad barcelonesa. Dentro de nada, en lugar de ópera la principal actividad serán conciertos de los Pets y festivales de fin de curso. Si se quiere cambiar esta deriva autodestructiva hay que trabajar ya en algo grande para el 25 aniversario.