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Uno de los pasteles de la artista Katherine Dey.

Pasteles que hay que tener agallas para comer

Una artista neoyorquina reproduce imágenes de lo más espeluznantes pero con un sabor muy rico

Redacción
20.04.2016 08:46 h.
2 min
El arte tiene límites muy difíciles de discernir, y para lo que algunos puede ser innovador o provocativo, para otros puede resultar inadmisible o de mal gusto. Este es el caso de Katherine Dey, una artista neoyorquina, que hace pasteles para comer con imágenes más bien sórdidas y que resultan espeluznantes para la mayoría de los mortales.

El cuerpo de un bebé, el busto de su propio padre o una paloma descabezada son algunas de sus piezas, unos pasteles que hay tener agallas para comer. Los glotones quizá pueden concentrarse en el gusto más que en la apariencia, pero sin duda no resulta tarea fácil.

Según publica el diario británico The Telegraph, Dey pinta y esculpe en Nueva York, haciendo además cursos para gente que quiere aprender a hacer “pasteles monstruosos”.

Un punto canibalesco

“Me siento inspirada por una gran cantidad de cosas que amo. Es una extraña sensación que tengo cuando algo parece real pero no lo es, o cuando un pastel no parece especialmente apetecible, pero es un pastel y su sabor es delicioso”, afirma la artista en BuzzFeed ante los que tienen dudas.

Para la pastelera-artista es fundamental que la gente sienta la “contradicción” a la hora de comer y, por qué no decirlo, alberga un punto canibalesco comer imágenes muy realista de gente que conoce, como su propio padre.

Lo cierto es que detrás de estos pasteles hay un trabajo ingente para que perduren en el tiempo: “Se necesita mucho tiempo para que no se deshagan”, añade la artista.

El pastel de un cerebro El pastel de una paloma descabezada El pastel con el busto de su padre