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Imagen del Pabellón de Alemania en Barcelona / WIKIMEDIA COMMONS - Hans Peter Schaefer

Claves del Pabellón alemán de Barcelona y su legado

La obra de Ludwig Mies van der Rohe tuvo un gran calado y sigue atrayendo visitantes actualmente

25.08.2019 13:45 h.
6 min

Uno de los lugares más emblemáticos de Barcelona y de Cataluña es el Pabellón de Alemania que se instaló para la Exposición Internacional que tuvo lugar en la ciudad condal en 1929. Diseñado por el célebre arquitecto Ludwig Mies van der Rohe y Lilly Reich, marcó un antes y un después en este arte y no tardó en cautivar a propios y extraños por su estilo modernista.

A día de hoy, ubicado en Montjuïc, sigue siendo uno de los puntos de referencia de la arquitectura de la ciudad y para comprender su importancia y legado hay varios aspectos clave a tener en cuenta que permiten conocerlo mejor. Una obra abierta al público que no deja de recibir visitantes año tras año por lo especial que resulta.

Representación alemana

El Pabellón de Mies van der Rohe era un espacio pensado para que el rey Alfonso XIII recibiera a las autoridades alemanas y del que se debía desprender el carácter democrático, progresista y aperturista del nuevo estado alemán, la República de Weimar, que había llegado tras la Primera Guerra Mundial.

Para lograr esto, el arquitecto creó una obra que sentaría las bases del Movimiento Moderno de este arte en el que la simplicidad y la funcionalidad son protagonistas. Y en él también están presentes los colores de la bandera alemana para homenajearla con una cortina roja, una alfombra negra y las paredes amarillentas de marmol de ónice.

Historia de la arquitectura

La obra ubicada en Barcelona está considerada como una de las edificaciones más importantes de la arquitectura moderna, pues en ella se apreciaba el estilo de este Movimiento Moderno por cómo aprovechaba el espacio, el carácter formal del mismo y la estructura que poseia.

La creación de referencia de Mies van de Rohe y uno de los principales de esta corriente junto a la Bauhaus, la villa Saboye o la Casa de la Cascada. En ella hay influencias del suprematismo, que apuesta por el blanco y negro y las formas geométricas, o la arquitectura japonesa. Sentó las bases de su estilo simple con materiales modernos como grandes láminas de vidrio o el acero industrial.

Menos es más

La frase que encumbra y resume la obra de este arquitecto fue su máxima de "menos es más". Unas palabras que se ven representadas en este Pabellón de Alemania que apuesta por la simplicidad en su estructura y edificación.

Mies van de Rohe, por ejemplo, se atreve con un edificio en el que los tabiques o elementos verticales no separan las zonas, sino que las integran y fusionan entre sí. Un concepto poco habitual en su momento que posteriormente comenzó a ser popular y extenderse.

Sin fronteras

El pabellón se puede dividir en cuatro zonas: un espacio central conmemorativo, una zona de administraccion, la terraza principal y un patio al sur. Pero lejos de estar delimitadas o separadas, el arquitecto pretendía que estas estuvieran fusionadas y practicamente no hubiera frontera alguna entre ellas.

Para ello, los reflejos en vidrios, mármoles y agua son clave, así como la iluminación y la transparencia que ofrecen las grandes planchas de vidrio que actúan como paredes que ayudan a transmitir la fluidez en sus diferentes áreas y la sensación de libertad de la nueva Alemania.

La silla Barcelona

Van der Rohe diseñó todo el mobiliario de esta edificación junto a Lilly Reich y hay un elemento clave que marcó un antes y un después: la silla Barcelona, la cual se convirtió en un icono del diseño y a día de hoy se sigue fabricando y se imita en el mobiliario de lugares modernos y de lujo.

Fue construida con cuero y con una estructura de acero inoxidable, un uso pionero en su momento. Fue creada junto a la mesilla auxiliar a juego y la otomana.

Reconstrucción

Tras el final de la Exposición, el pabellón fue desmontado en 1930 pero la repercusión y el reconocimiento que obtuvo hicieron que Barcelona quisiera recuperarlo para la ciudad.

No sería hasta los años 80 cuando el arquitecto Oriol Bohigas --entonces consejero de urbanismo del Ayuntamiento de Barcelona-- conseguiría su reconstrucción. Así, en 1986, el pabellón regresó en el mismo espacio que el original y se creó prestando atención a todos los detalles para que perdurase este icónico lugar.

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