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La directora Nely Reguera / BTEAM

Nely Reguera: "Europa tiene una política migratoria vergonzosa"

La directora de cine viaja hasta un campo de refugiados de Grecia en su nueva película, 'La voluntaria'

12 min

Nely Reguera (Barcelona, 1978) regresa a la gran pantalla con una película con un marcado toque social y un enfoque puesto en las emociones. Lo hace con La voluntaria, donde cuenta la historia de Marisa (Carmen Machi) una doctora jubilada que decide ir a un campo de refugiados de Grecia para ayudar.

La realidad se le impone a su protagonista. Por un lado, la idea que tenía del voluntariado es muy distinta a la que se encuentra, quiere saltarse todas las normas que hay. Su impulso, pese a parecer bueno, también tiene algo de egóico. A Marisa le pesa no tener nietos y la relación que tiene con su hija.

Realidad y ética

Hasta aquí una de las tramas que plantea la directora. La otra es la real. Porque sí, la catalana se dirigió hasta un campo de refugiados real para rodar, tras haber sido voluntaria unos meses. Los dilemas ético-morales, más allá de los técnicos, que tuvo que superar no eran pocos, pero los responsables le dieron el empujón final. El objetivo: retratar la realidad más allá de lo que se ve en las noticias.

La cinta quiere que se ponga el foco en estos campos de refugiados que durante un tiempo aparecen en las medios y luego se esfuman, cuando, en realidad, siguen estando allí, pero nadie los enfoca. Crónica Global habla con la cineasta para conocer la trastienda de La voluntaria, película que tocó muchos corazones y llegó al alma en festival de Málaga y que ahora llega a nuestros cines.

--Pregunta: ¿Cómo llegó al proyecto?

--Respuesta: En 2016 me fui de voluntaria con unas amigas a un campo del norte de Grecia con una ONG catalana. A raíz de esas semanas allí, donde también tenían una escuela, volví muy removida, con muchas dudas y muy consciente de lo complejo que es la relación entre voluntarios y refugiados. Llegas allí y te encuentras con gente que ha perdido todo y se encuentran en esa especie de limbo. Además, cuando llegué justo cerraron las fronteras cuando ellos iban allí para irse a Alemania u otros países y se encuentran allí, varados. Tú entablas relación con ellos que se quedan allí, pero luego marchas a hacer tu vida. Todo eso me generó preguntas y quería hacer algo con ello, sin saber qué. Esto coincidió con otro proyecto que tenía en mente sobre una mujer que se acaba de jubilar y no sabía muy bien qué hacer y que no tiene nietos y la casa se le cae encima. Y con Valentina Viso y Eduard Solà, los guionistas con los que escribí la peli y la anterior, pensamos en unir ambas historias y ver qué pasaría si juntábamos a esa mujer jubilada que busca qué hacer y quiere tener un nieto y la llevamos a un campo de hay personas que necesitan que las cuiden o está carente, como mínimo. Y así nace la historia.

--¿Fue muy complicado el rodaje y conseguir permisos?

--Sí. El gobierno griego nos iba enseñando los mejores campos y no acababa de decidirse, al principio. Lo que no dejaba de plantearme es hasta qué punto era ético rodar una película en un campo de refugiados. A la vez, tenía claro que la única manera de retratarlo es yendo a un campo real y con refugiados. No tenía sentido hacer un decorado, además de que no teníamos los medios y quería que la gente tuviera una idea de los campos diferente a la que tienen y sea más real. En los campos, más allá de lo que se ve en las noticias y que sucede, también hay gente que trata de hacer su día a día, montan sus negocios, celebran cumnpleaños en estas condiciones, etcétera, más allá del drama que viven.

Nos preguntábamos todo eso, y lo hablé con ellos antes y me dijeron que estaba bien que lo retratara. Tienen voluntad de que su realidad se vea y se conozca cuánto más mejor. Una vez contamos con su aprobación sí intentamos hacer el rodaje lo menos invasivo posible, adaptarnos nosotros a ellos y no a la inversa y colaborar en el campo. De hecho, fue complicado por eso, porque no controlas el set, era una localización a la que nos adaptábamos si pasaba algo y reducíamos los planes de rodajes si era necesario.

La directora de cine Nely Reguera / BTEAM
La directora de cine Nely Reguera / BTEAM

--Hizo casting para todos los personajes. ¿Cómo fueron?

--Hice casting con las dos actrices y tuve claro que ellas eran las idóneas. Me atraía la capacidad de Carmen para que el público empatice con ella, da sensación de proximidad y da verdad a cualquier personaje. Con Itsaso Arana era interesante el equilibrio que mantiene su personaje, desde donde hace las cosas.

--Precisamente, el personaje de Caro, plantea el debate normativo en los campos de refugiados. Usted que ha estado allí ¿cuesta mucho atenerse a ellas? ¿Hay muchas normas?

--Cuando fui, se organizaron ONGs tan pequeñas, de personas que se volcaron tanto que fueron aprendiendo con el tiempo. Yo viví ese momento de pequeños grupos más inexpertos que querían seguir sus impulsos para ayudar y no sólo atenerse a las normas, pero con el paso del tiempo van dándose cuenta y son conscientes de lo complejo que es su papel y su trabajo. Allí, uno trabaja con gente de diferentes etnias, religiones con diferentes situaciones y tratar de una manera a uno y no a otro puede generar conflicto. De allí, que las normas sean necesarias. Aunque, llegado a un punto, con tanta norma, uno también se plantea hasta qué punto estas normas necesarias permiten desarrollar el trabajo que uno ha ido a hacer. Queríamos mostrar esa complejidad y que la gente reflexionara si lo mejor es buscar el bien de la mayoría dejando a algunos detrás o buscar el bien de alguien sólo en concreto. Eso representan Marisa y Caro. Lo que más me interesaba de hecho era plantear preguntas.

--Pasó mucho tiempo desde que se gestó la idea y los campos, no sólo siguen estando, sino que están de nuevo de actualidad por la guerra en Ucrania.

--Aparte de que es espantoso lo que sucede con la guerra en Ucrania, uno se alegra de que Europa, por primera vez, haya abierto sus puertas a ciudadanos ucranianos para que tengan permiso de trabajo, salud y demás, aunque no a todos cabe decir. Eso, por eso, evidencia el racismo de las instituciones, porque el trato que recibieron sirios, afganos y otras personas procedentes de África es completamente diferente. Es importante que nos enfade, nos indigne y miremos de exigir cambios.

Nely Reguera en el rodaje de 'La voluntaria' / BTEAM
Nely Reguera en el rodaje de 'La voluntaria' BTEAM

--Al margen de esta situación, como bien dice, se retrata el vacío de cierta gente mayor ¿o más de ciertas mujeres que por exigencias del sistema capitalista y patriarcal se dedicaron a los suyos y sienten cierto malestar por no haber sido abuelas, madres...?

--Por un lado, quería reflexionar sobre qué nos lleve a ayudar., hasta qué punto, cuando uno va a un campo o realiza cualquier acción solidaria, a una persona le mueve un sentimiento puramente altruista de ayuda al otro o si, inevitablemente, las carencias y situación personal de uno influye. Eso afecta a mujeres de esta edad como a todos, desgraciadamente. También los jóvenes viven esto. Muchas veces, por muy buenas que sean las intenciones que uno tiene, la complejidad de las relaciones sumado a la situación emocional de cada uno condiciona nuestros actos. A esto se suma que la sociedad occidental, que no deja de ser muy egocéntrica y consumista, muchas veces no es capaz de anteponer el bienestar del otro por el de uno propio. Además, hay esta soberbia y paternalismo de creer saber qué le conviene a los otros. Sobre la situación de Marisa no veo tanto una crítica patriarcal, sino a una mujer que se ha centrado mucho en ella y en su trabajo, que tiene unos hijos a los que quiere pero con los que no se encuentran, ya que no entienden la situación que viven ambos. Seguramente es una persona que no ha sabido darse cuenta de que hay cosas que dependen de ella y no pude buscarlo en los otros. No puede pretender que la felicidad que la llene sea cuidar al otro y que el otro la quiera. Ahí sí, que tal vez tiene que ver con el sistema y con la educación que hemos recibido, especialmente las mujeres de una generación. Pero sí la imagino una feminista en su época.

--¿Espera que con la película la gente tome conciencia de lo que se vive en un campo de refugiados?

--Totalmente. Y que tome conciencia de que esa gente continúa allí. Que no se hable en las noticias no significa que no estén. Y siguen llegando. No sólo de Siria sino de otros países. Ahora mismo Europa tiene una política migratoria vergonzosa. Nos dedicamos a pagar a otros países que no respetan los derechos humanos, ni están dentro del marco legal europeo para que hagan de matones de fronteras e impidan la llegada de personas. Me encantaría que llegara ese mensaje e hiciera pensar al ciudadanos sobre su papel en todo esto y le genere preguntas.