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El dramaturgo Marc Rosich

Marc Rosich: “La Barcelona del diseño quiso soterrar a personajes como Ocaña”

El dramaturgo lamenta que "no es nada fácil levantar proyectos teatrales, cada vez hay menos puertas a las que llamar"

16 min

Marc Rosich (Barcelona, 1973) vuelve al teatro con Ocaña, reina de las Ramblas. No es la primera vez, sino la cuarta que lo hace con este espectáculo que, a su vez, es el segundo en que se reencuentra con esta figura mítica de la Barcelona de la Transición.

Para quien no lo conozca, Ocaña era un travesti que frecuentaba el boulevard más conocido de la capital catalana entre los años 70 y 80 y que ponía en escena la realidad de un colectivo al que nadie se atrevía a mirar fijamente a la cara. Ocaña, con su valentía, sufrimiento y descaro se encargaba de recordar que había otra vida que la España gris del franquismo trató de ocultar.

Ocaña y el siglo XXI

Sin llegar a esos extremos, y como afirma Rosich, la Barcelona posfranquista preocupada por dar una imagen cuidada de sí misma tampoco quiso dar mucha visibilidad a este tipo de personajes. Ya en el siglo XXI y con la imposición de lo políticamente correcto la posibilidad de dar espacio a gente como Ocaña es casi inexistente.

El dramaturgo, por eso, sí lo hace, como lo hizo hace 10 años con Copi y Ocaña. Esta vez se centra solo en la figura del andaluz que se apodera del cuerpo del actor Joan Vázquez en escena. El intérprete habla con la voz que el performer dejó plasmada en muchas entrevistas que el creador ha recuperado de distintos archivos para que Ocaña vuelva a resonar en las calles de Barcelona, esta vez en el Paral·lel, solo los martes y en el Teatre Condal.

Cartel de 'Ocaña, reina de las Ramblas'
Cartel de 'Ocaña, reina de las Ramblas'

--Pregunta: Vuelve Ocaña, una vez más y pese a la pandemia.

--Respuesta: Tenemos la sensación de que llevamos cuatro años estrenando. La producción en Barcelona se estrenó en setiembre de 2019 en la Sala Beckett, donde ganó el premio al mejor musical, aunque en versión concierto se estrenó en verano. En marzo de 2020 tenía que hacer temporada en La Seca, que se canceló porque tuvimos que cerrar. Llevamos mucho tiempo y parece que cada capítulo sea un nuevo estreno. En 2021 sí fuimos a La Seca, luego estrenamos en el Condal, hicimos gira y nos invitaron de nuevo a regresar los martes este año. Lo cierto es que la pandemia ha hecho que el espectáculo se alargara mucho. Es curioso, porque los bolos se esponjaban en el tiempo. Muchos me dicen "¿otra vez?". Y sí, otra vez, porque el espectáculo todavía tiene vida y público por el mundo extraño en el que vivimos.

--Y para el que no lo haya visto ¿qué tiene Ocaña como obra y como personaje que atrae tanto?

--Yo seré humilde. Para mí, es el magnetismo del personaje y Joan Vázquez teniendo esta especie de posesión infernal al ponerse en la piel de Ocaña. Lo que vemos es eso, Joan Vázquez hace una conferencia acerca del personaje y delante de nuestros ojos se transforma en él. Eso tiene una magia teatral y lo hace muy bien. Además, Joan Vázquez es un grande cantando coplas y con Marc Sambola, el director musical, supimos desde un principio que él es quien debía hacerlo. Y está maravilloso, no lo digo yo. Y sí, el texto acompaña muy bien y todas las palabras que dice Ocaña están extraídas de entrevistas que hizo, hablamos con la voz de Ocaña. Por suerte, encontramos mucho material escaneado. Por aquel entonces, la prensa lo perseguía mucho.

--Es la segunda vez que usted lleva a escena a Ocaña, ¿a usted que le atrae de él?

--Una de mis primeras obras, un encargo del director del Tantarantana, Julio Álvarez, que me propuso unir a estas dos grandes locas en una obra de teatro, que son Copi, el dramaturgo argentino-francés travesti también, y Ocaña. Yo los conocía a ambos y en aquel entonces no existía el internet de ahora y tuve un acceso a él de forma limitada. Diez años después recuperamos alguna cosa del principio (ríe), pero con el paso del tiempo se ha encontrado mucha más documentación. Por ejemplo, hemos sabido muchas más cosas de la muerte de él, hemos conocido a gente que estuvo con él. La primera era una obra más de ficción y este podríamos decir que es casi teatro documental.

--¿Le da la sensación de que con su obra mucha gente descubre a Ocaña?

--Para nosotros es un ejercicio de memoria histórica. No hemos de olvidar los hitos del colectivo, la gente que abrió camino. Si el espectáculo sirve para que gente del colectivo y fuera de él descubra la figura magnética de Ocaña, bienvenido sea. Olvidamos muy pronto que todas estas libertades que tenemos hoy las disfrutamos gracias a que hubo unos pioneros. Para nosotros el espectáculo funciona como reivindicación de estos personajes que la Barcelona del diseño y del ‘posa’t guapa’ soterraron. Quisieron apartar todos estos momentos locos y canallas que había en la Transición en Barcelona, mucho antes de la Movida. Y hacer como si no hubieran existido.

Joan Vázquez en 'Ocaña, reina de las ramblas' / FOCUS
Joan Vázquez en 'Ocaña, reina de las ramblas' / FOCUS

--¿Cree que en Barcelona podría salir otro Ocaña?

--Ahora es tremendo. Lo hablamos con gente de la compañía y amigos. Cuando hice la primera obra muchos me decían: "¡Ostras, qué libertades, qué locura vivimos en la Transición!" Antes era posible hacer lo que hacía Ocaña. Diez años después me he dado cuenta de que es más difícil ser libre creativamente. Nos estamos conservadurizando de manera muy preocupante cada vez. Ahora, la cosa está mucho más acomplejada, y el ambiente, con la aparición de estos partidos de extrema derecha, se ha enrarecido mucho. Es preocupante en el fondo, porque Ocaña es un canto a la libertad. Incluso podríamos decir que nuestro espectáculo es muy estético y muy limpio y nos podrían reprochar que la liberad de Ocaña era un punto más canalla y más guarra (ríe). En el fondo hemos hecho un espectáculo muy fino, con alguna salida de tono estilizada de la bestialidad y lo animal que era Ocaña. Era una bestia artística. Lo que podemos hacer es una visión estilizada del personaje, porque, si no, madre mía…

--¿Uno como creador tiene que vigilar mucho lo que dice?

--Totalmente. Está lo políticamente correcto, el no pises callos, los límites del humor… que está bien, pero en algunas líneas de creación nos coarta en cuestión de dramaturgia o de creación de personajes. Hay veces que uno quiere representar a un personaje homófobo o racista y lo has de explicar muy bien para que no te digan que es lo que tú piensas. Cuando hacemos ficciones también representamos lo peor de nosotros mismos y en esta voluntad de no ofender a nadie acaban saliendo obras más sofisticadas, menos salvajes y con menos alma.

--¿Con las redes Ocaña sería otra cosa?

--Absolutamente. Igual no sería posible. Es la flor de un momento. Ahora sería muy diferente, no sé quién podría ser el Ocaña ahora.

--¿Cree por eso que su Ocaña acaba siendo una obra reivindicativa de esas libertades?

--No olvidemos que los partidos de extrema derecha están campando a sus anchas y queda muchísimo trabajo por hacer. Alguna vez me han dicho "¿otra vez reivindicando esto?". Bueno, igual hay quien lo tiene asumido, pero el mundo está tomando otros derroteros. El mundo está tan revolucionado que olvidamos la existencia de estos personajes pioneros. Nunca está fuera de lugar llevarlos a escena.

El actor Joan Vázquez / ISAÍAS FANLO
El actor Joan Vázquez / ISAÍAS FANLO

--Usted estaba estudiando periodismo y dice que sintió la llamada del teatro. ¿Qué fue ese imán que lo atrajo?

--De pequeño veía en la tele representaciones de Sagarra, Guimerà y óperas. Yo flipaba. Poco a poco entré en grupos de teatro amateur y me volví militante. Fui a los Lluïsos de Gràcia, donde unos señores bastante mayores nos inculcaron el amor por el teatro de todo tipo, desde Chejov a Javier Poncela y Shakespeare y Guimerà. Estos señores nos inculcaron la pasión y ese grupo hacíamos trabajo como locos y sirvieron como mili. Allí me di cuenta de que en mí había un dramaturgo.

--¿De ahí le viene su eclecticismo en la creación de todo tipo de obras?

--De allí y de todo. Me dicen que soy esquizofrénico en mis obras, tanto he trabajado en obras con Calixto Bieito haciendo dramaturgia extrema y posdramática como trabajé con Paco Morán y Manolo Escobar, y no se me caen los anillos. Disfruto mucho, sobre todo cuando hay música incluida. En mis obras de texto siempre hay música incluida. Eso creo que viene por diversas razones. Una, que el trabajo con Calixto Bieito, que siempre trabajaba con dramaturgia musical por detrás y yo, como melómano, que siempre escuché óperas y coplas. También me gusta el trabajo de Xavier Albertí, donde siempre hay una estrategia musical detrás. Y he acabado haciendo también musicales para niños, óperas contemporáneas.

--¿Cree que la etiqueta de musical pesa en el sector, o incluso el hecho de hacer teatro infantil?

--Los dramaturgos normalmente siguen una línea muy determinada y yo la hago así de loca. Para algunos soy el de las adaptaciones de novelas, para otros el de infantil, para otros el que hace óperas raras y para otros, el que trabajó con Paco Morán. Y soy todos estos en el fondo. En Arola Editors, estamos editando algunas de mis obras y, al corregirlas, me di cuenta de que cada una es de un padre y una madre y soy yo. Pero encuentras vasos comunicantes. Esto creativamente es raro porque a veces haces algo vanguardista mientras haces subrayados en teatro infantil. Convives con esos matices de grises y te pones un sombrero distinto en cada caso. Esto se vive con muchas flores de Bach y café, cada vez más descafeinado (bromea).

El actor Joan Vázquez / ISAÍAS FANLO
El actor Joan Vázquez / ISAÍAS FANLO

--¿Eso igual que es un riesgo también es una motivación?

--Sí, pero también implica que en cada nuevo proyecto estás en un abismo, porque das golpes de volante muy fuertes. Eso también tiene muchas consecuencias.

--¿Y cómo ve el panorama teatral actual?

--Se está haciendo camino, pero esta colección de textos que hace Arola es un ejemplo de la cantidad de voces y autores que podrían estar incluidos en la colección y que no lo están. Esto se complementa, en cambio, con una estructura muy débil que hace que no podamos vivir de forma digna del teatro. Creamos unas condiciones de remar a contracorriente. No existen las condiciones óptimas para vivir dignamente. Todos hemos trabajado mucho, pero no se nos ha cuidado mucho. Estamos un poco desamparados.

--Cuesta ver nuevas generaciones jóvenes en instituciones, cierto.

--Bueno, más jóvenes… ¡Ese es el problema! Se nos coloca la etiqueta de jóvenes, pero yo tengo 48 años. La gente que está al frente de los teatros, a nuestra edad ya hacía tiempo que dirigía equipamientos. Yo me siento picando puertas igual que lo hacía cuando estaba en el Obrador de la Beckett. Me siento en el mismo punto, ahora. Pero bueno, Arola me publica las obras (ríe). No es nada fácil levantar proyectos, cada vez hay menos puertas y menos aún con la pandemia y las condiciones cada vez son más de alto riesgo. Si la crisis de 2008 fue decapitadora todavía no sabemos cómo esta dejará el panorama teatral. Nosotros sonreímos, celebramos que abren los teatros, pero los números no salen.

--Y frente a este panorama. Usted sigue con su actividad frenética. ¿Qué otros proyectos tiene?

--En esta esquizofrenia mía, vuelvo a hacer de actor en una obra de Victoria Szpunberg, La màquina de parlar. Un texto que Victoria escribió hace 13 años, que estrenó en la Beckett entonces y que volveremos a hacer. Y luego preparo otras cosas, con muchos sombreros en la mesa, pero que no se pueden decir (ríe).