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Representación de 'Nessun dorma' en el Gran Teatre del Liceu por su 175 aniversario / EUROPA PRESS

4 de abril de 1847: el deslucido 175 aniversario del Liceu

El Liceu ha organizado una gala en la que ha demostrado que es un teatro sin alma, una celebración que no ha estado a la altura de la efeméride en sintonía con la actual situación del teatro

Toni Oliver
7 min

El domingo de Resurrección de hace 175 años se inauguró el entonces mayor teatro de Europa impulsado por un conservatorio musical y por burgueses de la ciudad. Ya antes de su nacimiento tuvo problemas económicos y para remediarlos se constituyó una tercera sociedad, el actual Círculo. Nacía así el Gran Teatro del Liceu, uno de los pocos teatros de ópera de Europa impulsados por la sociedad civil y, por tanto, sin palco Real, aunque sí incluía el nombre de la Reina Isabel II en su denominación original.

Un día antes de su 175 aniversario se ha celebrado una gala. En realidad, un simulacro de gala pues ha tenido bastante poco glamour, algo a lo que estamos acostumbrados en Barcelona. A diferencia de otros teatros del mundo cuando celebran una efeméride, no había ningún código de vestimenta, había pocos presidentes de las empresas mecenas, ningún famoso y, eso sí, alguna autoridad, destacando la ausencia del ministro de Cultura, Miquel Iceta, catalán por cierto. Ha sido un concierto más bien extraño, con un reparto de suplentes, ellas muy buenas, eso sí.

Netrebko, la gran ausente

Estaba previsto que la mejor soprano del mundo, Anna Netrebko, fuese la estrella del concierto. Tal vez para ajustarse a su agenda se había movido un día la gala. Inicialmente la diva rusa se posicionó contraria a la invasión de Ucrania sin abjurar de su amistad con el presidente ruso. Sus declaraciones fueron correctas, pero insuficientes según la dirección del Met. La cancelación de su apretada agenda en el teatro neoyorkino supuso que ella misma prefiriese desaparecer de los teatros occidentales. Sea porque ha recapacitado, sea por el quebranto económico, recientemente ha sido más contundente y volverá a los escenarios en mayo. Llevar a Netrebko al paro iba a servir para poca cosa y ahora todos felices. Salvo nosotros, pues la figura central del 175 aniversario no ha venido.

El público del 175 aniversario del Gran Teatre del Liceu / EFE
El público del 175 aniversario del Gran Teatre del Liceu / EFE

Si el formato tenía algo de sentido era con un solo tenor y una sola soprano. El montaje era más bien extraño, el escenario lleno de maniquíes, el coro vestido de negro con su mascarilla, los cantantes de calle, ellas con vestido largo,… Ir cambiando de cantante no hay por donde cogerlo. Radvanozky, quien canceló recientemente su actuación en la Dama de Picas por la tristeza de la muerte de su madre, ha estado muy bien y Lisette Oropesa sublime en la escena de la locura de Lucia de Lammermoor, lo mejor de la noche, sin duda.

Teatro de segunda

Una de las sopranos suplentes, Iréne Theorin, finalmente se ha caído del cartel y Radvanozky ha hecho lo que ha podido, cantando con partitura. Joseph Calleja el tenor inicialmente previsto, también se ha caído del cartel y ha sido sustituido a última hora por Michael Fabiano, quien ha estado bien en la parte dedicada a Turandot aunque le ha faltado sincronía con la orquesta, probablemente por lo precipitado de su llegada que habrá hecho que cantase con poco, o ningún, ensayo. El barítono Ludovic Tézier ha cumplido con creces.

La magnitud de la ausencia de Netrebko la da que arrastre en su caiga al tenor acompañante y que su hueco lo iban a cubrir tres sopranos. Este baile de cantantes demuestra la debilidad del Liceu, un teatro en sus horas más bajas y al que los cantantes no tienen ningún problema en renunciar. No estamos en la Champions, no estamos en la Europa League, no sé si estamos en los últimos puestos de primera o directamente en segunda. Un aniversario del Met, de la ROH, o de la mismísima Scala seguro que no sería así. Qué pena y qué rabia.

Un Liceu sin alma

El diseño de la gala también ha variado. Estaba previsto representar tres fragmentos de tres óperas, pudiendo escuchar a Netrebko como Musetta, Lady Macbeth y Turandot, acompañada por Calleja. Se ha mantenido el formato pero cambiando La Boheme por Lucia de Lammermoor y protagonizando cada ópera un reparto diferente. Es casi lo mismo, pero no es igual.

El presidente de la Fundación Gran Teatro del Liceu, Salvador Alemany (c), junto al elenco político que asistió a 175 aniversario / EUROPA PRESS
El presidente de la Fundación Gran Teatro del Liceu, Salvador Alemany (c), junto al elenco político que asistió a 175 aniversario / EUROPA PRESS

El experimento ha salido a medias. La calidad vocal de Radvanozky y Oropesa es indiscutible, pero el formato es complejo, ni una ópera ni un recital. Lo peor ha sido el video final que demuestra que el Liceu es un teatro sin alma. Está muy bien que salgan las señoras de la limpieza, los tramoyistas y acomodadores, pero también se merecían salir los cantantes, al menos los catalanes, que han hecho grande el teatro. Montserrat Caballé, Victoria de los Ángeles, Josep Carreras o el Tenor Viñas, por subrayar cuatro nombres indiscutibles, se merecían un recuerdo, al menos tanto como la señora que pasa el aspirador. Se podrían haber invitado a personas vinculadas al teatro, como los miembros del antiguo ballet, directores de orquesta o cantantes. Igual tenía sentido invitar a Josep Carreras. Pero no, estamos en tiempos populistas y si la función ha comenzado de manera populista escuchando el manido villancico de Pau Casals, de manera populista ha acabado con todos los trabajadores del Liceu sobre el escenario.

El destino ha querido que la celebración de este aniversario fuese tan deslucida como la actual situación del teatro. Nada es casual.