Menú Buscar
Pásate al modo ahorro
El cineasta Enric Ribes / BTEAM

Enric Ribes: "El Raval se resiste a convertirse en un barrio turístico"

Gilda Love y la realidad del barrio barcelonés protagonizan 'Cantando en las azoteas', la última película del director de cine

15 min

Enric Ribes (Barcelona, 1989) lleva ya varios documentales en su haber. El último, Cantando en las azoteas, recupera a un personaje que dio origen a una pieza corta de seis minutos y de título homónimo, Gilda Love. Esta vez, por eso, tiene un toque distinto.

Más allá de ser un filme biográfico sobre esta artista del Raval, el cineasta añade varios elementos de ficción para reflejar otras cuestiones de la realidad que se cuelan en la vida diaria de su protagonista: la especulación inmobiliaria, la soledad de las personas LGTBIQ+ en la tercera edad, las drogas y hasta el concepto de familia.

Documental ficcionado

Gilda condensa en su figura todo eso y más. Ella ha sido una de las estrellas del Cangrejo, la mítica sala de Barcelona, pero ahora, sin trabajo, con los achaques de la edad y sola tiene que sobrevivir en un barrio que le es suyo y, en cambio, cada vez ve más lejano a lo que era.

Crónica Global mantiene una conversación con el director para hablar sobre todos los temas que aborda su filme y las dificultades de enfrentarse a estas realidades y a la situación de un cine no siempre visible.

--Pregunta: ¿Cómo tuvo la idea de hacer de un corto este nuevo largo?

--Respuesta: Quiero aclarar que venía de un corto, pero es complementario. Yo la pieza no la considero ni un corto, sino una pieza de seis minutos rodada con una Volex y una película antigua para transmitir ese punto de nostalgia que tenía Gilda. Era más biográfico. Lleva el mismo título, extraído de La canción del mariquita de Lorca, porque creo que Gilda es un personaje muy lorquiano. Pero sí, tenía cosas para hacer algo más largo con ella. Si uno quiere saber más de Gilda puede ver la minipieza, pero hemos filtrado la información personal en el propio guion.

--De hecho, la cinta arranca con algo de la vida de Gilda, su nacimiento, que ya estaba y, a partir de allí, en el largometraje se introduce la ficción.

--Es un diálogo entre la ficción y la no ficción. Desde el principio hemos dicho que es una película híbrida. Todos los personajes que salen son reales, no actores profesionales y ni tan siquiera hubo un casting. Son gente del barrio. Pero tras la pandemia y con las dificultades que tenía Gilda con su casa quisimos mantener este dispositivo ficcionado siendo lo máximo documental posible. A veces va a favor y otras, en contra. Porque muchos descubren que el piso no es suyo, pero la ficción se introduce solo en beneficio del personaje y de este concepto de prisma documental.

--Usted por eso venía del documental puro. ¿Esta película es un paso para saltar a la ficción o prefiere quedarse en el ámbito documental?

--A mí me gusta este híbrido. Mis dos documentales anteriores, codirigidos con mi compañero y socio de hace un tiempo Óscar Martínez, eran más televisivos, estaban vinculados a un proyecto para todos los públicos. Luego hicimos algunos más festivaleros y el mediometraje Greykey, con Inicia Films, pero este híbrido en el que no sabes leer qué es ficción y documental es lo que me interesa y me encuentro cómodo en este concepto híbrido. Además, en este proyecto el protagonista no lo podía hacer otra persona que no fuera Gilda. 

--La ficción la usa para hablar de temas como la especulación, la familia... ¿Era una manera de hablar de los temas que le preocupan?

--Totalmente. Tiene una vocación social y política y se enmarca casi en el neorrealismo. La película se hizo en un momento muy duro, de mobbing financiero, de fondos buitre que querían echar a inquilinos que tenían renta antigua, este cambio de paradigma de la ciudad, así como el nuevo concepto de género, de familia, que ahora es quien eliges tú. También el retrato de un barrio como el Raval en una época en la que solo se hablaba de él para hacer referencia a los narcopisos, con referencias a una persona adicta que enchufa a la niña a una persona que la cuidará bien porque ya cuidó al padre hace 15 años... Son muchas capas que queríamos tocar, como cómo enfocar las personas LGTBI que viven en residencias o se hacen mayores, su soledad.... Es un proyecto que lo hemos diseñado entre líneas y que el espectador se quede con lo quiera o con la magia de Gilda. 

Fotograma de 'Cantando en las azoteas' / BTEAM
Fotograma de 'Cantando en las azoteas' / BTEAM

--En este sentido, más allá de este retrato, ¿cree que es necesario denunciar todas estas situaciones en el cine? ¿Les falta visibilidad a estos asuntos?

--Claro. Hay muchas Gildas, no igual que ella, quizás, pero sí gente mayor, sola con nula visibilidad. Creemos que precisamente Gilda puede ayudar a poner el foco en esta soledad que viven las personas mayores y, quizás se incrementa en personas LGTBI ya mayores, que ya fueron rechazadas de jóvenes y que igual en una residencia o llegada la vejez se ven obligadas a guardar silencio de vuelta. La soledad, en este caso, es todavía más dura. La piel por eso ya ha hecho callo y son gente muy fuerte, pero la tristeza va en su interior. Aunque tiene un punto agridulce, de mirar hacia adelante con esperanza.

--También se habla de un doble abandono, el del colectivo LGTBI que, a veces, parece olvidar qué han hecho los más mayores por estas libertades, y de la propia ciudad de Barcelona, que también olvida estos personajes que la han hecho convertirse en lo que es.

--Sí, hasta hace poco en el colectivo se hablaba de que se minusvaloraba el movimiento travestí o travestismo, como se llamaba antes. Se minusvaloraba y no se tuvo en cuenta el pundonor que tuvieron y la lucha que abanderaron para defender la libertad en el momento más duro. Se escondió en el concepto del canallismo, de cabarets y bares de última copa situados en barrios con claroscuros. Este concepto ha cambiado, se ha cambiado el prisma. Y es mejor que lleguen tarde a que no lleguen. Y la visibilización de drag queens ha ayudado a que los veteranos tengan su influencia y que realmente se valore lo que sufrieron y simbolizaron como primera lucha. Y es verdad que el Raval es un mundo en sí mismo, se ven personas muy especiales con historias detrás muy bestias y fascinantes. Es de los pocos lugares de Europa donde todavía se conserva un barrio así en el centro, junto al Quartieri Spagnoli de Nápoles. El Raval tiene ese halo de ser un barrio de acogida, atractivo de turistas, pero nunca acaba convirtiéndose en un barrio turístico, hay cierta resistencia vecinal, y también su mala fama, claro. Pero, a veces, la pela manda y cae.

--¿Cree que solo se enfoca lo oscuro?

--Sí. En las noticias solo aparecen las cosas negativas del barrio: especulación --que es verdad que la hay--, narcopisos y drogas --que es verdad--, delincuencia --que también--. Pero también pasa en otros barrios. Pero hay mucha gente y fue un reducto de libertad en unos momentos duros para España y grises a nivel global.

--Lo que sorprende es ese punto casi nostálgico del que habla y se ve en el filme cuando usted es muy joven. ¿Tuvo que investigar mucho sobre la historia del barrio? ¿Es su manera de dar un toque de alerta a la juventud para que redescubra el Raval y a sus vecinos?

--A mí me fascina el Raval, el mundo canalla, ravalero, el mundo de transformistas aflamencados. Todo eso, en los que sí he investigado, se puede extrapolar a muchos otros, además, más políticos, sociales, de derechos, de la ciudad. Retratarlo a través de Gilda ofrecía estas posibilidades porque Gilda no deja de ser el Raval

--Pero es muy agridulce. Sobre todo su final.

--Gilda es muy alegre, positiva y fuerte, pero su situación no es buena y la que viene tampoco, pero más vale tomárselo con la cabeza bien alta, haciendo lo que realmente quiere uno, y no tirarse de cabeza en la cama, no salir y estar en depresión hasta que lo saquen de casa o pase lo que tenga de pasar. Y la peli acaba con un plano muy parecido, en el que la niña le ha dado momentos de luz, pero cuando se va debe enfrentarse a la triste realidad y enfrentarse con los demonios del pasado. Eso sí, siempre saludando a la gente del barrio y a la que quiere, y seguir cantando en los balcones como hacía con su madre y como habla el poema de Lorca. Un poema del que hemos intentado seguir la estructura, sin que se pueda decir que es una adaptación del mismo, pero pequeños fragmentos nos han servido para trabajar el guion.

Gilda Love en 'Cantando en las azoteas' / BTEAM
Gilda Love en 'Cantando en las azoteas' / BTEAM

--Con este tipo de cine que usted hace en los límites de ficción y realidad en un momento agridulce del sector, ¿se siente un poco Gilda en su lucha para lograr la visibilización de un cine, además, diferente y reivindicativo?

--Es un momento duro, sí, pero a la vez se consume mucho audiovisual y hay directores y directoras supertalentosos que explican historias que valen mucho la pena. En mi caso, me gusta este cine reivindicativo, que se haga una peli por algo, que muestre algo que interese al público, que visibilice situaciones y tenga un resultado útil. Por supuesto que es audiovisual y ha de distraer y no ser una cosa superespesa, pero que aporte algo. Puede que sea un cine minoritario y, aunque haya cambiado, todavía el documental tiene cierto estigma de ser entrevistas con cuatro imágenes. Aquí hay un trasfondo de trabajo de juego con la ficción, de cámara con Ana Franquesa, de luz, de cuidar la puesta en escena, de dirección de arte para adaptar el piso,...

--¿Seguirá entonces en esta línea? ¿Tiene algo pensado?

--Tenemos algo, en fase muy germinal todavía. Y sí, mi voluntad es seguir con esta tónica y contar historias humanas con sensibilidad. Me gustaría seguir explicando historias poniendo el foco en las pequeñas historias humanas y de forma sensible.

--Como bien dice, eso se aleja de la idea incluso que uno tiene del documental. Sobre todo, de ese documental ideológico.

--Nuestras película, como decías, toca la actualidad sin querer ser panfletario con los temas que toca. Al final, las películas tocan aristas de temas y tú tratas de poner tu granito de arena para reflejar determinadas realidades, pero nunca desde un lado adoctrinador o panfletario. Queremos hacer algo de forma natural y mostrar cómo Gilda es y cómo lo vive.

--¿Cree que esas realidades son las que pasan más desapercibidas?

--Totalmente. Vivimos abocados a las redes sociales y nos hemos olvidado de mirar y de mirar al vecino de al lado o dejar de ir a casa de los abuelos. ¡Ni conseguimos estar 15 minutos hablándonos cara a cara sin mirar un momento el móvil! Se trata de reivindicar esos pequeños detalles, momentos que parece que han desaparecido. Como mirar una película tranquilamente, mirar álbumes de fotos, o fijarnos y reivindicar esa mirada pura de una niña que le da maquillaje a alguien sin saber si se lo da a un hombre o mujer porque le da igual lo que es.