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El arquitecto Luis Alonso, del despacho Alonso Balaguer, en su oficina. / CG

El próximo gran reto de Barcelona: unir su área metropolitana

El arquitecto Luis Alonso asegura que la capital catalana cuenta con todos los ingredientes para mantenerse como referente internacional “en todos los sentidos”

10 min

Luis Alonso es uno de los arquitectos catalanes más internacionales. La exposición en la que se recopilan unos 140 bocetos de edificios dibujados en bolsas de mareo de aerolíneas, hecho que ejemplifica las horas de su vida que ha pasado a bordo de un avión, se podrá ver en Chile, Barcelona y Nueva York antes de fin de año.

Junto a su socio Sergi Balaguer dio el salto internacional en 2006 y ahora, 10 años más tarde y con oficinas en Lima, Bogotá, Río de Janeiro, Nueva York y Santiago de Chile, hace un repaso tanto de los retos de la arquitectura ‘made in Barcelona' como los de la propia ciudad en conversación con Crónica Global.

¿Cómo ve Barcelona en los próximos cinco años?

Cuenta con todos los ingredientes para mantenerse como una ciudad de referencia internacional. Es una localidad en la que se debe mantener la apuesta por el transporte público, con el esfuerzo final en desarrollar la línea 9 del Metro [la que llega al aeropuerto de El Prat]. El coche es muy poco necesario, se puede recorrer la ciudad a pie, en transporte público y en bicicleta.

Cuenta ante sí con un futuro extraordinario aunque se debe acabar de coser con todos los municipios del área metropolitana. Se debe llevar la visión metropolitana al límite.

Reside desde hace años en Latinoamérica y uno de sus últimos proyectos ha sido construir la villa olímpica para periodistas en Brasil. ¿Cómo es trabajar allí?

Cada mañana, cuando me levanto, veo la cantidad de cosas que están pendientes de desarrollar y aquí abordamos hace 25 años, es como si fuéramos una generación por detrás. Siempre aparecen las mismas problemáticas y en Brasil, igual que en el resto de Latinoamérica, son las diferencias sociales abismales. Son difíciles de diferir mientras no exista una voluntad política absolutamente clara y concisa para el reequilibrio social. Yo solo conozco dos formas de hacerlo.

El centro comercial Las Arenas de Barcelona, uno de los proyectos más conocidos en la ciudad del estudio Alonso Balaguer. / CG

¿Cuáles?

La primera de ellas es la educación, invertir para que sea absolutamente universal aunque se tarden 25 años en recoger los frutos. La segunda es la arquitectura y el urbanismo. Uno de los mejores cohesionadores sociales es la forma y los recursos de los que disponen los arquitectos para impulsar un modelo de ciudad, edificatorio, de calle y de espacio urbano. En mis conferencias siempre pongo el ejemplo de Barcelona. A finales de los años 80 tuvimos la suerte y el honor de contar con un alcalde, Pasqual Maragall, que entendió que la arquitectura era un cohesionador social y apostó por ello. Después de 25 años hemos recogido los frutos, incluso se nos ha ido de las manos con el tsunami turístico.

Estamos convirtiendo Barcelona en un parque temático. Siempre pongo de ejemplo extremo Venecia, donde se ha expulsado completamente a los ciudadanos y ahora solo vive allí la gente que trabaja para el servicio y para el turismo.

¿Qué solución hay para esta problemática?

El turismo es bienvenido. Es un buen recurso económico y significa que tenemos algo excepcional como el clima, el paisaje, la gastronomía, la cultura y la historia; aunque el cóctel en el que convivan los turistas y los ciudadanos es difícil de gestionar. Hay muchas ciudades en el mundo que lo han sabido hace como, por ejemplo, Berlín.

Cuenta con una cantidad extraordinaria de visitantes y el berlinés convive con el turismo sin tensión. Se ha sabido gestionar un modelo con equilibrio. Por ejemplo, estoy de acuerdo en que se construyan hoteles en Barcelona pero no de forma anárquica, ya que es el modelo de hoy en día pero no los será dentro de 25 años si seguimos así.

La Antigua Fábrica Sumar en Santiago de Chile, uno de los proyectos de Alonso Balaguer que está en obras en la ciudad. / CG

Si nos centramos en la arquitectura, ¿qué consejo le daría a un estudiante universitario?

El primero es que el modelo académico de Barcelona es reconocido y evaluado a nivel internacional. El segundo, que sería muy higiénico que se fuera unos años al extranjero. El sector aquí no está lanzado de ninguna manera y la materia prima que se les ha dado en cualquier universidad, la base intelectual, es extraordinario.

Se debe aprovechar esta formación. En cualquier sitio del mundo al que vayas y digas que eres de Barcelona, tanto como ciudadano como arquitecto, se te abren unas puertas extraordinarias.

¿Está realmente internacionalizada la arquitectura de Barcelona?

En 2006, cuando nosotros dimos el salto internacional, éramos conscientes de que la arquitectura catalana era reconocida a nivel internacional pero que, excepto los muy entendidos o los arquitectos, a cualquier ciudadano de a pie le costaría pensar en edificios de un arquitecto catalán que sean referencia en el mundo. Algo estábamos haciendo mal. Desde la propia formación académica que no nos abría la cabeza para salir fuera o del colegio de arquitectos que no entendió nada hasta que estábamos al final de la crisis.

Nosotros dimos el salto porqué detectamos este gap. Además, la arquitectura es un abrelatas económico brutal que la sociedad civil aún no ha sabido entender.

¿Quién se puede beneficiar de un proyecto arquitectónico además del estudio?

Cuando construimos el rascacielos de Bogotá [la Torre Bacatá, uno de los proyectos que tiene en marcha], no es casualidad que junto a nosotros vengan ingenierías españolas, consultorías catalanas o industrias del país. Se trata de gente que conoces bien, que ya has trabajado con ellos y que te entiendes. La arquitectura, al final, representa solo el 5% del presupuesto de la obra si te ganas bien la vida y sabes gestionar los honorarios.

El otro 95% es el que debería interesar a Cataluña y no se le ha sabido sacar el provecho adecuado. Cualquier porcentaje que obtengas aquí tendrá un impacto brutal.

Los Aire Ancient Baths de Chicago (EEUU) es uno de los proyectos en construcción del estudio Alsonso Balaguer. / CG

Alonso explica que hace tres años decidió mudarse con toda su familia a Chile para dirigir la oficina de la capital, Santiago. Reconoce que fue un “esfuerzo y sacrificio importante” pero que era necesario. Por “la excitación intelectual que aquí no tenía porque estaba todo parado y en la sociedad había un pesimismo exacerbado” y porque pudo disfrutar de la “sensación de salir y hacer valer tus conceptos y principios que son muy valorados”.

Critica que no se hayan impulsado iniciativas en este sentido ni desde la administración pública ni desde el Colegio de Arquitectos de Cataluña, donde se presentó con este discurso para convertirse en decano hace seis años y salió derrotado “porqué solo un porcentaje muy pequeño de gente me creyó”. Relata que tanto él como Balaguer tenían muy claro cuál era su norte y no se apearon de la senda par alcanzar el objetivo. Internacionalizaron su despacho y en este momento tiene obras en marcha en Chicago (EEUU), Bogotá y Barranquilla (Colombia) o en San Agustín del Guadalix (Madrid).

“Lo más importante es que la sociedad, el Gobierno y el Colegio de Arquitectos deberían entender que la arquitectura es un valor extraordinario desde el punto de vista cultural pero también desde el económico”, sentencia. 

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