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Los detractores de las corridas acudieron a la última que se celebró en la Monumental de Barcelona para increpar a los aficionados.

El PP es el único partido que apoya abiertamente la fiesta

El resto de las organizaciones políticas mantienen una postura matizada, mientras el Constitucional no se pronuncia sobre la prohibición catalana

Antonio M. Yagüe
2 min

Solo el PP sostiene una defensa a ultranza de las corridas de toros, mientras el Tribunal Constitucional mantiene congelada la sentencia sobre su recurso a la prohibición del Parlament de Cataluña. Cumplirá seis años en octubre y el Alto Tribunal batirá todos los récords de demora sobre un recurso.

La incógnita quizá espere a despejarse tras la composición del nuevo Ejecutivo. Pero, salvo el partido que lidera Rajoy, los candidatos a gobernar son cautelosos a la hora de anunciar medidas abolicionistas generales y contundentes.

Puerta abierta o menos

Podemos ha pasado de la erradicación total de la fiesta a simplemente no apoyarla. El PSOE únicamente se ha comprometido a erradicar el polémico Toro de la Vega. En su pacto con Ciudadanos se propone crear una comisión de expertos y elaborar una nueva ley de Bienestar Animal que establecerá “los mecanismos legales necesarios que impidan situaciones de maltrato animal en los espectáculos públicos y festejos populares en todo el territorio nacional”.

Los aficionados consideran que la ambigüedad del enunciado abre la puerta a la prohibición de las corridas y de los festejos populares. También advierten de que el Parlament utilizó una fórmula similar para prohibir la lidia, tras la puesta en marcha de una comisión ante la que comparecieron toreros y ecologistas. La decisión final fue prohibir las corridas de toros, pero permitir los festejos populares de bous al carrer que se celebran en los pueblos.

Pacto de mínimos

“El texto del pacto solo se dice lo que dice. La interpretación es de cada uno”, se han limitado a comentar portavoces de los partidos de Sánchez y Rivera.

Parece claro, que se trata de un pacto de mínimos, que podrían firmar hasta Rajoy e Iglesias. A muchos diputados les cuesta dar la cara en estos temas. “Prefieren actuar de forma anónima, como se hizo en la votación del Parlament donde varios diputados del PSC votaron en contra, pero la votación no se hizo nominal y no se supo en el momento su nombre”, sostiene un veterano aficionado madrileño.