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Carlos Quílez, responsable de Investigación de Crónica Global, en una alegórica imagen captada para su nuevo libro.

El mundo del crimen: ¿Dónde acaba la realidad y dónde la ficción?

El periodista de Crónica Global Carlos Quílez explica unas cuantas verdades, otras imaginadas y ajusta algunas cuentas en ‘Sigue la mala vida’, su nuevo libro de no ficcion

Paula Ferrer
4 min

De cuando en cuando, quienes dedican su día a día a explicar fechorías, tienen necesidad de poner el contador a cero y hacer un repaso. Así tratan de saber con qué quedarse y qué deben enviar a la papelera.

Eso es lo que ha hecho otra vez el periodista Carlos Quílez con Sigue la mala vida. Es un compendio de 11 historias criminales, todas basadas en hechos, personajes y situaciones reales, y dos cuentos de ficción. El libro acaba de salir a la venta.

Presenta historias como las de Jesús Contreras Porcel, uno de los atracadores de bancos más temidos y más prolíficos que ha fabricado Barcelona. “La historia de Contreras, el llamado atracador del chándal, es la historia de una constante derrota, la huida hacia delante de un criminal que lo fue y lo es de forma irremediable, atendiendo a sus circunstancias”, explica.

Quílez, encargado del área de Investigación de Crónica Global, no esconde su fascinación por este tipo de personajes tan sumamente lastrados pero tan representativos de la criminalidad del país.

Jueces de manos sucias

“Este libro dedica un parte sustancial a sus ilustrísimas señorías”, añade el autor. “En Sigue la mala Vida explico, por ejemplo, datos desconocidos de un juez corrupto que, además de serlo, tuvo tiempo para desarrollar una profunda psicopatía que le llevó a las mayores cotas de peligrosidad social que puede ostentar un servidor público. Se trata de Luis Pascual Estevill”.

Quílez también revela datos desconocidos de otro mítico magistrado de Barcelona, Adolfo Fernández Oubiña, un juez que “llamaba maricones a los abogados homosexuales, asesoraba a los cárteles que gestionaban el trafico de heroína de la ciudad y tenía tiempo para ver su serie preferida, El coche fantástico, en el pequeño televisor que presidia la mesa de su despacho en el juzgado”.

El autor se detiene en un capitulo para, desde la distancia, distinguir entre la fauna judicial. Se trata de discernir entre quienes se toman en serio su oficio y aquellos que no. Quílez ha bautizado ese capítulo de la obra con un prometedor título: “Los jueces y fiscales ¡Uff!”

Las cloacas de la sociedad

A este veterano periodista (más de 25 años a sus espaldas de información judicial y policial) le gusta el lumpen. Sigue la mala vida (editorial Alrevés) es un ejemplo de ello. 

Uno de los cuentos está dedicado a quien Quílez denomina, el “nuevo Vaquilla” y en otro capitulo muy duro y emotivo aborda la vida y el declive de un camello anónimo, “como muchos de los que viven y mueren en cualquiera de nuestras grandes ciudades sin que a nadie le importe lo más mínimo”. 

Cuentos criminales

El autor de Manos sucias, y de Piel de policía (junto a Andreu Martín), se entrena con dos cuentos de ficción. “En ellos, inevitablemente, he dejado sobre el papel mi huella más personal, porque no entiendo la literatura de otra forma que no sea  la de dejar en cada línea algo, lo bueno o lo malo, de uno mismo”, asegura el autor.

Sigue la mala vida, que ha sido ilustrado con fotografías de la fotoperiodista Nuria Puentes, es otro ejemplo de la particular perspectiva del crimen que tiene el autor, siempre alejado de clichés, “de buenos o malos”,  y con la vocación de intentar comprender (que no juzgar), a aquellos que viven al margen de la ley.