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El teatro municipal de Alcorcón y la estatua del dramaturgo español / CG

El dibujante llama más la atención oficial que el dramaturgo

El único gesto del Gobierno ha consistido en una exposición en torno a su obra como artista plástico, anterior a la literaria

02.10.2016 18:33 h. Actualizado: 08.01.2019 19:12 h.
3 min

El Ministerio de Educación y Cultura tampoco ha estado muy fino con el centenario de Antonio Buero Vallejo. Se ha limitado a montar en la Biblioteca Nacional una exposición de Buero como dibujante, la otra faceta del escritor. En ella destaca el famoso dibujo de Miguel Hernández, la imagen más popular del poeta, hecho a plumilla en la cárcel, donde coincidieron. “Fue una petición del autor de Nanas de la Cebolla, porque como hacía mucho tiempo que no veía a su hijo, creía que éste no iba a reconocerlo”, subraya el escritor y periodista Sebastián Moreno.

Muchos se sorprenden --advierte Moreno-- de que el dibujo esté tan bien acabado. Quizá desconocen que el dramaturgo, antes de dedicarse al teatro, estudió en la Escuela de Bellas Artes de San Fernando y hasta se ganó la vida pintando. “Carmena debería --propone--  dejarse de tanta memoria "histérica" y promover recitales poéticos en el marco histórico de la cárcel de Torrijos (al final de la calle Conde de Peñalver), hoy dedicado a una residencia de ancianos”.

Los expertos consideran que Buero --“siempre en combate con la censura”, como recuerda su viuda--, ni era franquista ni merece este silencio, sino una mayor difusión nacional e internacional.

Acudir a una de sus representaciones era, en ocasiones, como ir a una manifestación contra el régimen. “La gente iba a ver el teatro de Buero para descubrir sus símbolos, para ver qué decía entre líneas. Y decía cosas, muy gordas, y otras que estaban y no todo el mundo sabía descubrir. Abrió la ventana del teatro español y hizo ver a los que estaban ciegos por culpa del franquismo”, comentó en una ocasión Adolfo Marsillach comentando el estreno de El tragaluz.

Además de Historia de una escalera o El Tragaluz, media docena de los títulos de Buero resisten al paso del tiempo y entran en la categoría de clásicos. Como En la ardiente oscuridad, El concierto de san Ovidio, La fundación o El sueño de la razón. Son dramas que perviven porque tienen una lectura más allá de su posición de resistencia dentro del régimen franquista.

Pero todo indica que Buero seguirá en lo que en el argot literario se conoce como el Purgatorio de los escritores. Una estancia intermedia entre el cielo y el infierno de los reconocimientos, desde su muerte hasta que llegue la reposición de alguna de sus obras.