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La actriz Cristina Rota / JC

Cristina Rota: "El teatro, el arte revela verdades que luego los políticos ocultan"

La actriz y maestra de actores habla del compromiso social ante el estreno de 'Van pasando mujeres', un homenaje a Alfonsina Storni

14 min

Cristina Rota (La Plata, Argentina, 1945) es la madre de todas las estrellas del cine español. Desde Penélope Cruz a Alberto San Juan, pasando por Marta Etura, Fernando Tejero o José Coronado la lista de actores y actrices que se han formado en su escuela es larga y extensa.

La argentina, una de las tantas exiliadas durante la dictadura de Videla, llegó a España huyendo y con ganas de aportar a un país que la ha acogido con los brazos abiertos y en el que, desde el primer día, decidió volcar todo lo que sabía.

Poesía y compromiso

No muy presente en los escenarios, la Rota, como se la conoce en el medio, se sube de nuevo a las tablas en Van pasando mujeres. Un homenaje a una poeta que traspasó fronteras, Alfonsina Storni que se programa en la Sala Mirador de Madrid del 14 al 30 de mayo. Y no sólo eso, sino que además dirige la puesta en la que también participan sus dos hijas María Botto y Nur Levi.

Comprometida desde sus tiernos años de infancia con la sociedad en la que vive, sea Argentina o España, la actriz no puede evitar hablar de política, de compromiso social y del temor que le generan ciertas actitudes en plena pandemia.

Cartel de 'Van pasando mujeres'

 

 

Cartel de 'Van pasando mujeres'

--Pregunta: ¿Por qué este homenaje a Alfonsina?

--Respuesta: El año pasado el ciclo de poesía que realiza la Sala Mirador se dedicó a Walt Whitman y me pidieron que este año fuera alguna de las grandes escritoras que dejaran huella. Tenía varias opciones. Alfonsina Storni de Argentina, Juana de Ibarbourou de Uruguay y Gabriela Mistral de Chile, formaron una línea que a mí me marcó, porque mi madre era una gran amante de la poesía universal. Ella me leía y me explicaba a Alfonsina. Ella fue una activista allá por el 1953, y esas cosas marcan. Además, por aquella época el gobierno de Perón hizo pruebas piloto y, en las escuelas, declamación era una asignatura troncal por lo que nos hacíamos amigos de los poetas. A mí aquello me atravesó, por suerte. Mi madre me señalaba los poemas que debía leer por la edad, pero claro, a un niño lo marcas lo que no puede hacer y lo hace. Yo fui a todos los poetas que hablaban de la muerte, de la desolación del mundo, de la pobreza, de la discriminación… con una conciencia de clase no consciente todavía. Y ella se escandalizaba. Ellas tres me marcaron mucho.

--¿Qué tiene Alfonsina para decirle al público de ello?

--Alfonsina tuvo una infancia y adolescencia de vivirla desde dentro y ver la vida desde abajo, comprendida desde una conciencia humanística y muy culta. Su poesía y sus artículos periodísticos, que empezó a escribir en 1919 en La nota y La nación periódicamente, son contra la discriminación, por la justicia social, por los desfavorecidos, por las mujeres que entraban dentro de los discriminados. Y hablaba, por su puesto, del rol de la mujer en aquella época, sobre la falta de empatía de los poderosos y los ricos con respecto a los pobres, y sobre todo, de un concepto extraordinario de ella que era que los estados, el sistema crea al pobre para luego darle la limosna. Pegaba muy fuerte donde dolía y por eso los intelectuales y poderosos la trataban como un deshecho. Sin embargo, fue la única mujer invitada a un congreso de más de 100 intelectuales.

--¿Eso se ve en la puesta, lo explicáis o solo a través de su poesía?

--Se lee su poesía y sus artículos periodístico-literarios y yo asumo el rol de Alfonsina y hablo con su voz.

--¿Cómo ha sido encarnarla, todavía le dio vértigo con todo lo que implica a nivel emocional?

Me costó. Y en plena pandemia, con tanta corrupción y falta de empatía gubernamental, del Estado del sistema con respecto a todo, a la vida y a la muerte, a la poca defensa de la vida y a la mentira permanente, con esta deformación del alma humana de los que rigen o debieran regir un país, hubo momentos en que me paralizaba, me daba bastante ansiedad, me dolía… Quería poner toda Alfonsina y era imposible. Ha sido duro, pero hay que seguir, lo digo siempre. Me repugna el regodearse en los dolores de uno mismo y caer en el narcisismo victimista.

La poeta Alfonsina Storni / WIKICOMMONS

 

 

La poeta Alfonsina Storni / WIKICOMMONS

--¿Cree que es un fallo que tienen las dos facciones políticas, derechas e izquierdas? ¿O hay más victimización en un lado que en otro, como tantas veces se critica?

--Yo lo atribuyo a la falta de denuncia. Unos actúan en pos de la pulsión de muerte, diciendo que te quites las mascarillas y te diviertas. Confunden la libertad con el ocio más elemental y primario en las relaciones humanas y confunden lo intrincado de las relaciones humanas con la mera cerveza. No hubo contraposición a eso, no hubo denuncia. El fracaso se debe a que la oposición a eso no existió ni antes, ni durante, ni después de eso. No ha existido oposición. Entonces los ciudadanos estamos indefensos ante todo eso.

--¿Cree que hay algo de confusión entre libertad y libertinaje?

--No importaría tanto eso como la falta de empatía. Y lo que veo, y que creo que Alfonsina lo diría, es la soledad que se siente al darte cuenta de que hay un mensaje psicópata en lo más profundo de su significado de la palabra. Es el mensaje de la fatuidad. Pasan el número de los muertos como una estadística y ya, nadie se hace eco de lo humano. ¡Son seres humanos que sufren! ¡Morimos solos! A mi me aterra morir completamente sola y dejando a todo lo que amo sufriendo por esa soledad, sin poder despedirnos, ni vernos. No hay empatía, esa palabra que dice todo el mundo y no sé si entienden todos.

--¿Cómo es dirigir y trabajar con sus hijos?

--Es fácil, porque ellos están ya muy formados. Han tomado clases y han trabajado conmigo y ya con discípulos incluso, con lo cual tenemos una relación de respeto y admiración. Aunque ellos siempre tienen ese rol de respeto, pero es tan fácil, me entienden tan rápido… Lo maravilloso de un actor es que entiendan las claves y busquen según su sentir y su personalidad.

--¿Qué relación tiene con sus discípulos?

--Maravillosa. Es una admiración mutua. Cuando ves que han entendido la sustancia del trabajo que es el compromiso con la vida y tener siempre algo que te sea importante, que sea superior y supremo en el mensaje para humanizar y que el hombre no se autoaniquile como está pasando…

--¿La obra la retrotrajo a la Argentina de sus días?

--Sí, claro. Todo un viaje al mundo de la política, del activismo, de la militancia, a mis compañeros de estudio, a los amantes primeros del teatro. Si Alfonsina empezó a los 14 haciéndose anarquista -¡imagínate que vida tan dura tendría!-, nosotros militábamos ya a los 13 o 14 años. Y a los 10 años ya estábamos medio posicionados. Equivocados o no, pero estábamos buscando.

Cristina Rota en el espacio de su escuela y la Sala Mirador / JC

 

 

Cristina Rota en el espacio de su escuela y la Sala Mirador / JC

--¿Cómo recuerda su llegada aquí?

--Como todo exilio. Pero yo estaba muy protegida, porque yo formo parte de un exilio que tiene una formación y por lo tanto que tenía herramientas. Herramientas para poder dar cosas, no para querer recibir o necesitar recibir. Yo si no recibo creo el campo y veo qué necesita este país, que es lo que habían enseñado, dónde podía ser útil. Eso es lo importante, saber dónde uno puede ser útil y allí fui. 

--¿Y cómo ve la Argentina de hoy?

--Estoy en contacto con gente no tanto del teatro sino de la psicopedagogía, de la psicología social, de la antropología, de la filosofía. Y del teatro estaba en contacto con gente que ya no están: Federico Luppi, que ya no está; Norma Aleandro, con la que perdí el contacto hace mucho… Mi mundo más que dramaturgos y poetas era más de los escritores, periodistas, sociólogos...

--¿Cómo vive esas muertes como las de Alezzo y otras pérdidas?

--Me duele cada muerte porque se mueren los referentes. Cada maestro de la universidad, persona luchadora, me siento como cuando uno pierde a los padres y uno piensa “ahora yo soy el vértice”. Ya no tengo referencias para poder ir, consultar y sigo teniendo diálogos como con Cortázar… Yo dialogo con poetas (bromea).

--¿Qué nuevos referentes tiene?

Mucha gente. Para mí aquí un referente fue Puigserver el creador del Lliure. Era un hombre extraordinario, amante del teatro. Esa gente que hace que el arte perdure y que dejan herencia. Y dejó herencia a Lluís Pasqual y en mucha otra gente. Lluís es una persona amante del teatro y lo amo por eso. ¡Y porqué amo a Lorca!

--¿Cómo vivió la polémica que tuvo Pasqual en el Teatre Lliure?

--Francamente y dicho rápido: demencial, injusta. Creo que responde a otros intereses que prefiero ni mencionar. No tiene nada que ver con el Lluís con el que trabajé y con el que vi cómo trataba a los actores y que tiene una paciencia… Él, como todo creador, morirá sin poder transmitir esa pasión más que a cuatro o cinco. Yo me lo digo a mí misma, moriré y solo he podido transmitir la pasión, el amor por la vida, el compromiso, el amor por el teatro y por contar verdades. El teatro, el arte revela verdades, luego los políticos las ocultan, pero nosotros tenemos que ser lo más cultos y conocer la vida. Esa es la gente a la que admiro, a las que revelan esas verdades.

--¿Cómo ha visto la gestión de la pandemia?

--Es una de las cosas que considero contradictorias, pero en el sentido de perverso, demagógico, inmoral, falto de ética y de legitimidad. El hecho de que en el teatro mantengamos distancia, estemos con mascarillas, tengamos el aforo del 50% en el ámbito de la cultura y, sin embargo, en la hostelería tu puedes comer a 30 centímetros de otra persona, sin mascarilla, riendo, fumando, en mesas de a cuatro, de a cinco, de a seis, porque ya hay un desmadre… Eso muestra la falta de inteligencia, pero sobre todo, la falta de humanidad de quien nos legisla.