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Captura de pantalla del perfil de Twitter de Cabronazi, un anónimo irónico, casi vitriólico, de mucho éxito.

Cómo dar abasto para frenar a miles de #Tontosdelbulo

La policía tratade localizar a quienes difunden falsedades por las redes, aunque la mayor parte de las veces son bromas o inocentadas 

Antonio M. Yagüe
2 min

Los graciosetes ahora son digitales. Difunden sus bromas y avisos de mala fe, incluso para extorsionar a través de internet y de la mensajería instantánea. Pero son tantos miles de hoax o bulos (del caló, engaño), que ni la policía ni las autoridades dan abasto para colocarles la etiqueta #STOPbulos. No obstante, a veces salen a desmentir a esos personajillos que los responsables de comunicación de la Guardia Civil han bautizado como #Tontosdelbulo.

Históricos son el usuario que denuncia a Axe porque no “atraía a ninguna mujer”, el pequeño Marwan “caminando solo” por el desierto y el ya prehistórico “MSN se volverá de pago”. O el de los 33 perros de Mónica, que iban a ser sacrificados y pedía adoptantes. Una mentira, difundida desde 2008 a 2013, pero de proporciones tan cósmicas que solo en Google “sacrificar 33 perros” arroja todavía 449.000 resultados y por “sacrificar 33 perros mentira” se obtienen 204.000. Menos de la mitad.

Mentiras virales

Los últimos hoax o mentiras virales masivos han difundido que el zika se contagia por el aire o través del contacto con la piel. O han asustado a los poseedores de tarjetas de crédito contatless, alertando de que pueden estar haciéndoles cargos de hasta 20 euros en el metro con solo acercarles a su cartera un lector TPV portátil. El mensaje de un robo imposible (habría que reteclear el importe, y llegar a 3 centímetros de la tarjeta) fue compartido 10.000 veces en tan solo dos horas en el perfil de humor Cabronazi.

Los más alarmantes y peligrosos se aprovecharon de masacres como las de París y Bruselas para aterrorizar con falsas alarmas. Estos bromistas con dudoso ingenio se mueven en una relativa  impunidad. El artículo 561 del Código Penal recoge castigos muy severos para quienes quieren reírse a costa del miedo de los demás y atenten contra la “paz pública”.

En función de la movilización policial que consiga el chancero de turno, puede desde tener que abonar una fuerte multa, de 12 a 14 meses, o enfrentarse a penas de un año de prisión si sus actos obligan por ejemplo a desplegar a los Geos o Tedax.