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La directora de cine Carla Simón / EFE

Carla Simón: “Han bajado mucho las ayudas al cine catalán y TV3 no está en su mejor momento”

La directora defiende un movimiento antiprisa a la hora de filmar y huye de la palabra "contenido" referido al audiovisual

15 min

Carla Simón (Barcelona, 1986) irrumpió en el panorama cinematográfico español con Estiu 1993 y arrasó. Con esta historia familiar con el sida como telón de fondo, que bebía de su propia vida, se alzó con tres Goyas --uno de ellos a la mejor dirección novel--, dos premios Gaudí, el premio Platino a la mejor ópera prima y fue elegida para representar a España en los Oscar, entre otros.

La directora se ha convertido en referente de una manera de hacer cine. Tanto es así que ya ha entrado en la Acadèmia de Cinema Català como secretaria. Un hecho que no le impide hacer lo que más le gusta: filmar. Eso sí, con todo el tiempo que sea necesario.

Cortos y pandemia

La barcelonesa regresó al cortometraje un año más tarde con Después también, también sobre la temática del VIH. Posteriormente tuvo una correspondencia grabada con la directora uruguaya Dominga Sotomayor, y en 2020 tenía previsto dirigir su segundo largo, Alcarràs. La pandemia se lo impidió.

El nuevo film, rodado en la homónima localidad de Lleida, vuelve a beber de la autoficción, ya que de allí es su familia, pero asegura que tendrá muchos más elementos de ficción. Todavía en fase de edición. Se detiene un momento para atender a Crónica Global, días antes de dar una masterclass en el marco del festival L’alternativa de Barcelona. Una clase con un nombre de lo más misterioso.

Carla Simón en el rodaje de 'Alcarràs' / EP
Carla Simón en el rodaje de 'Alcarràs' EP

--Pregunta: Este sábado enfrenta una nueva masterclass en el festival L’alternativa, cuyo título es Los errores afortunados. ¿Por qué ese título?

-- Respuesta: La idea es hablar de la dirección de actores a partir del modo de hacerlo. Yo tengo la sensación de que en los ensayos salen cosas más interesantes con ellos que en el rodaje en sí. Es muy difícil hacer que surja algo interesante entre actores a nivel de rodaje, porque hay mucho equipo, se repiten tomas, todo está muy preparado. Lo clave para mí es el ensayo, porque en caso de que salgan errores afortunados se impone la realidad y surge la vida dentro del plano por la relación que ya tienen.

--¿Eso quiere decir que en sus películas hay escenas medianamente improvisadas?

--Para mí no se trata de improvisar, porque para mí el guion es súper importante. Me paso mucho tiempo escribiéndolo y con precisión, por lo que cuando ruedo quiero grabar lo escrito. Eso implica que todo sea más rígido. Y se tiene que buscar la medida de una improvisación muy preparada por los ensayos y seguir el guion. Es un equilibrio muy difícil a lo que no he dado respuesta. Y en la masterclass planteo lo que para mí es esencial, que es ensayar mucho para preparar a los actores para el rodaje, y también plantar mis dudas.

--Lo curioso es que en sus guiones incorpora parte de su vida, es casi una autoficción. ¿Se hace raro dar pie a improvisar cuando se relata parte de su historia y la de su familia?

--Para mí es raro. Porque cuando explicas que están tan cerca de uno mismo que quieres esa precisión a la hora de rodar cosas que recuerdas. Es más difícil ser espontáneo. Tengo esa manera de hacer de buscar escenas muy orgánicas que retraten momentos muy concretos de mi vida. Al final, es un dilema entre el control y el descontrol. Porque yo soy súper controladora, pero me gusta el cine en el que parece que las cosas salen por casualidad. Es una contradicción muy grande, aunque sea con la que convivo.

--¿Esta voluntad de precisión es la que ha provocado que haya tardado tanto en hacer una segunda película, más allá de los cortos estrenados? ¿O es más una razón presupuestaria y de dificultades de industria?

--La verdad es que no he tenido problemas de financiación. La pandemia sí ha sido un problema, porque teníamos que rodar Alcarrás en 2020 y ya estaría estrenada. Me puse a hacer otro guion mientras tanto, pero si hubiera seguido el planning previsto entre una película y la otra hubieran pasado cuatro años, que para mí es el tiempo necesario para que las cosas salgan bien. Esta nueva película también era muy compleja: es muy coral, todos son no-actores, y estuvimos casi dos años de casting. Fue muy complejo escribir el guion y es una historia de mi familia, pero de la que no tengo un conocimiento muy profundo, y tuve que hacer un proceso de investigación. Hay gente que es muy productiva, yo soy lenta y muy meticulosa, por eso mis procesos son largos. No sé funcionar de otro modo.

--Entre medio de ambas ha hecho un corto y una correspondencia filmada. Es poco habitual con un debut tan multipremiado como el suyo que los directores regresen al cortometraje, ¿a qué se debe?

--Yo volví al corto por un encargo que me parecía súper divulgativo hacerlo. Correspondencia es el tipo de proyectos que tiene sentido hacer entre pelis. Un film es tanto tiempo, gente, dinero, que pasas mucho tiempo sin rodar y una correspondencia fílmica es una manera de conectar con el cine porque soy yo, la cámara, mis tempos y nadie más. Para mí es crear desde una intimidad absoluta, que es lo contrario a grabar productos más grandes en los que has de dirigir equipos de 50 o 60 personas. El corto, además, es un lugar donde experimentar y crear desde otro lugar: más rápido, más libre, sin el peso de la audiencia y de la taquilla.

--Además, en su caso, con su primer film arrasó en festivales y premios. ¿Impone? ¿Da miedo? ¿Hay mucha presión a la hora de ponerse a rodar una segunda película?

--Estamos en un momento bastante difícil en el cine independiente y yo, personalmente, ahora siento mucha presión. Durante el rodaje no pensaba en ello, grabábamos, y ya. Cuando ya estamos en el montaje aparece el miedo al qué dirán, que hasta ahora no había sentido de una manera tan fuerte. Es difícil lidiar con ello, pero lo importante es crecer como cineasta en cada peli, y con esta yo creo haber aprendido mucho más que con la primera. De todos modos, estrenar una peli es muy difícil. Con la primera no tenía tantos miedos, tienes esa inocencia que ahora ya no. De todos modos, espero que pueda haber venido otra.

--Y con la primera película ya entró a formar parte de la Acadèmia del Cinema Català. ¿Cómo lo vive?

--En realidad entré por afinidad con miembro de la junta sin saber del todo qué implicaba. Me di cuenta al entrar que es un espacio donde se pueden hacer muchas cosas. Es hablar de cine, educación, se tiene contacto con instituciones, puedes hacer presión para impulsar el cine catalán… Es un aprendizaje cada reunión y siento que avanzamos. Es guay sentir que piensas el cine desde otro lugar. Más allá de en tu peli, piensas el cine catalán, qué hacer para que haya más, la gente lo vea.

Carla Simón en el rodaje de 'Alcarràs' / AVALON
Carla Simón en el rodaje de 'Alcarràs' / AVALON

--¿Cómo ve la situación del cine catalán?

--Difícil, hemos de estar alerta. Han bajado mucho las ayudas. TV3 no está en su mejor momento y tenemos que apretar más por protegerlo. Talento no falta, pero cada vez hay más amigos que se van a Madrid porque se rueda más allá, cuando antes se rodaba mucho aquí. Hemos de empujar para que eso no pase y poder trabajar desde aquí. Después está la falta de producción en catalán, que no sé por qué pasa.

--¿Por qué cree que el epicentro del audiovisual se ha ido a Madrid?

--Creo que tiene que ver con que las plataformas se han instalado allí y producen mucho, por lo que hay mucho trabajo. Antes estaba más diversificado. No sé el motivo real, pero estaría bien rodar más allí.

--¿Qué relación tiene usted con las plataformas?

--Es un tema muy difícil. Desearía que hubiera más dedicación a los proyectos que se hacen desde allí. Siento que se hace mucho. Se habla de contenido, producciones, que son unas palabras que me ponen muy nerviosa. Hay gente muy talentosa y artística que hacen cosas como arte y otras que están lejos de serlo. Si se dedica más tiempo a los proyectos es más fácil que salga este arte, y a veces hay mucha prisa en producir mucho. Como yo soy antiprisa, y creo que los proyectos necesitan tiempo y ponerle alma, a veces me parece que faltan. Pese a todo, estoy superorgullosa del trabajo que hacen, y soy muy optimista al respecto. Creo que un día habrá más series de autor, en formatos más pequeños, desde otros lugares. Ya existen, pero pocos. A mí me apetecería hacer una serie, pero mi manera de trabajar no sé si encaja por ahora, pero espero que sí.

--Su cine es cierto que se aleja de estos modelos. Se escapa también de las grandes ciudades y de los temas de la agenda pública. Por ejemplo, puso sobre la mesa el VIH cuando ya apenas se habla.

--Bueno, uno de los riesgos de producir con prisas es que no hay mucho tiempo para la reflexión y se dejan llevar por temas muy actuales. Las cosas de las que hablo son las que me interesan. Yo vengo de un pueblo y el mundo rural es de lo que me ocupo porque no está nada cuidado. Se trata de tener un panorama diverso de directores y creadores, no siempre la misma gente, sino de diferentes ámbitos. Cuando las cosas se piensan como productos, desde la industria y sobre lo que la gente habla ahora es difícil que haya diversidad. Hay plataformas como Mubi o Filmin que son estupendas y HBO ha hecho series increíbles, pero yo soy de cocinar poco a poco. Se trata de encajar de diferentes tipos de producción y distintas maneras de hacer.

--Tiene pendiente de estrenar Alcarràs en 2022, y tiene otro proyecto. Además, está con ganas de rodar…

--Ganas de rodar tengo siempre, el problema es que le dedico tanta energía y me deja tan vacía después que han de ser cosas que me fascinen mucho. Por eso ruedo poco (ríe). Durante la pandemia me puse a escribir un nuevo guion, pero necesita mucha reescritura.

--O sea, que es de las que la pandemia le inspiró.

--A mí me fue bien, sé que a otros no y les bloqueó. En mi caso supuso un refugio absoluto, porque como no pasaba nada fuera, ¿qué había que hacer? Conecté conmigo misma.

--Y en cuanto al sector, ¿cree que la gente saldrá más ávida de cine o lo tocará de muerte?

--Al cine independiente no le ha hecho bien. Se han reforzado las plataformas y la idea de consumo. Por eso, tenemos que defenderlo mucho. Yo no pierdo el optimismo, y creo que las salas no morirán nunca. Siempre habrá gente que entiende el ritual de ir a un cine, otra no, prefiere consumir las cosas en su casa. De ahí que la educación sea tan importante. Enseñar a los niños que el cine es un arte más allá de una industria, que las pelis pueden aportar mucho, que ir al cine es una experiencia en la que surgen debates extensos. Pero el tema de la educación es muy lento.