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La exposición de Bill Viola, Anima (2000), en el Espacio Fundación Telefónica

Bill Viola: El arte de despertar el alma

El Espacio Fundación Telefónica acoge, hasta el 17 de mayo, una exposición que recorre gran parte de la trayectoria del videoartista norteamericano

Yolanda Cardo
5 min

Bill Viola (Nueva York, 1951) lleva cerca de medio siglo indagando en las cuestiones universales del ser humano, “una búsqueda del significado de las cosas que nos rodean” apunta Kira Perov, su esposa, directora del Bill Viola Studio y comisaria de la exposición Bill Viola. Espejos de lo invisible.

Esos dilemas, tan absolutos como inmortales, son el punto de partida, el eje fundamental sobre el que gira la producción del artista neoyorquino, figura indispensable del arte contemporáneo y pionero del videoarte, una disciplina con la que Viola explora, como nadie, ese espacio que habita entre el arte y la tecnología.

Sus complejas creaciones apuntan directamente al alma del espectador. Le invitan a reflexionar con calma sobre los grandes asuntos que nos acechan, en una u otra medida, a lo largo de nuestra vida: la vida, la muerte, el dolor, el paso del tiempo o la soledad.

'El regalo del tiempo de Bill Viola

Kira Perov cita constantemente a Viola para mitigar, de alguna manera, la ausencia del creador por motivos de salud. Gracias a esas alusiones descubrimos que nos brinda su trabajo como un valioso presente: “Nosotros les damos el regalo del tiempo”. Un tiempo muy valioso que sentimos como se  ralentiza a lo largo de todo el recorrido.

Kira Perov, directora del Bill Viola Studio en Espacio Fundación Telefónica
Kira Perov, directora del Bill Viola Studio en Espacio Fundación Telefónica

Es por eso que contemplar la exposición implica un cambio de ritmo. Si no estamos dispuestos a sucumbir a esa maravillosa e inexorable “pérdida de tiempo”, no merece la pena visitarla. Y es que hay por delante más de una veintena de obras que transitan por gran parte de su trayectoria artística.

Una retrospectiva que comienza y finaliza con el propio autor como protagonista de ambas piezas. En Incrementation (1996) un contador va marcando cada una de sus respiraciones y Self Portrait Sumerged (2013) nos lo muestra de nuevo, esta vez, sumergido en agua, uno de los elementos más recurrentes de sus creaciones. El líquido elemento está omnipresente también en The Reflecting Pool (1977-1979) una de sus producciones más tempranas.

Podrán verse también algunas de las más conocidas: Las cinco pantallas que conforman la fascinante Catherine’s Room (2001), una obra que comprime el discurrir de toda una vida. La compleja y fascinante Martyrs (2014), el célebre “retablo tecnológico” realizado para la catedral de San Pablo de Londres. Three Women (2008) o la sugerente The Quintet of the Asthonished (2000).

The Quintet of the Astonished (2000), en la exposición Bill Viola, en Espacio Fundación Telefónica
The Quintet of the Astonished (2000), en la exposición Bill Viola, en Espacio Fundación Telefónica

De todas ellas se desprende un halo de misticismo que invade al espectador haciéndole involuntariamente parte de ellas. Nada es fortuito, esa es la premisa, transportarnos hacia nuestra propia espiritualidad. Una frase suya define a la perfección esta idea: “He acabado dándome cuenta de que el lugar más importante en que cobra vida mi obra no es en una galería de un museo, ni en una sala de proyección, ni en un televisor, ni tan siquiera en la pantalla de vídeo, sino en la mente del espectador que la ha visto. De hecho, solo puede existir aquí”.

Del Paseo de Gracia a la Gran Vía

Organizada por la Fundación Telefónica y la Fundación Catalunya La Pedrera, la muestra se ha concebido como la continuidad, el colofón final a la que se ha podido ver, durante el pasado año y hasta el 5 de enero, en Barcelona.

La Pedrera fue el núcleo central de un extraordinario proyecto coral que contó con otros espacios expositivos: El Gran Teatre del Liceu, el Palau de la Música Catalana, el museo de Montserrat, el museo Episcopal de Vic, o el Centre d’Art Contemporani de Girona.

Ambas exposiciones son una muestra de la fluida relación de Viola con nuestro país. Sus sofisticadas producciones se han podido ver en numerosas ocasiones. Sus narraciones visuales fueron las protagonistas del museo Reina Sofía en 1993. En 2014 lo disfrutamos por partida doble en un dialogo con los clásicos de la Academia de Bellas Artes de San Fernando y en el montaje operístico de Tristán e Isolda en el Teatro Real de la capital. El Guggenheim de Bilbao le dedicó una amplia retrospectiva en 2017 y al año siguiente su Vía Mística tomó la ciudad de Cuenca.