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Una de las imágenes del videojuego Betterworld / BETTERWORLD

Betterworld: el videojuego para jóvenes con ganas de cambiar el mundo

El objetivo de este lanzamiento es conseguir una transformación en la mentalidad de la juventud para que sus actitudes, habilidades e ideas se centren en mejorarse ellos mismos

5 min

Poner puertas al campo es difícil. Prohibir el acceso a las pantallas a toda una generación nativa digital, más difícil todavía. Desde que empezaron a popularizarse --a principios de los 70-- hasta hoy, los videojuegos han evolucionado muchísimo y están al alcance de cualquiera. Más allá de su uso excesivo o su contenido a veces violento, cada vez hay más educadores y expertos en aprendizaje que estudian cómo aprovechar el interés creciente que los jóvenes muestran por los videojuegos para utilizarlos con fines educativos y pedagógicos. Estudiando la forma de convertir esto en oportunidad surgió Betterworld, un videojuego educativo dirigido a familias y colegios para que los jóvenes descubran cuál puede ser su papel en el mundo y cómo pueden hacer de él un lugar mejor.

Este novedoso proyecto pretende lograr “un cambio en las actitudes, habilidades e ideas y que se conviertan en jóvenes con ganas de mejorar su mundo. En el colegio o en familia, y de forma divertida, se busca que los jóvenes reflexionen, descubran y decidan afrontar de forma diferente aspectos tan importantes como el rechazo y prejuicios hacia otras personas y culturas, la comunicación y resolución de conflictos, el uso seguro e inteligente de las redes sociales o los hábitos de consumo responsable y sostenible, entre otros”, explica Alba Rodríguez, directora de innovación y tecnología educativa en Possible Lab, la empresa impulsora de este videojuego.

Diseño del videojuego

A la hora de diseñarlo, y con la intención de conseguir que los jóvenes se comprometan de manera responsable como ciudadanos, se tuvieron en cuenta, entre otras cosas, cómo se desarrollarían competencias como pensamiento crítico, comunicación efectiva y asertiva, la empatía, y el pasar a la acción de manera consciente y responsable”, sostiene Rodríguez. 

La pantalla inicial del juego Betterworld / BETTERWORLD
La pantalla inicial del juego Betterworld / BETTERWORLD

De la mano de Valeria, una joven que, junto a su familia, se ve obligada a dejar atrás su país y partir en busca de una nueva vida, los jóvenes jugadores de este videojuego ayudarán a la protagonista a lograr “retos y tomar decisiones muy difíciles que nos van a hacer reflexionar en todo lo que les pasa: dificultades sociales, de integración, trámites administrativos. También vivirán situaciones de violencia con todas las consecuencias. Vivirán acoso y aprenderán a detectarlos, prevenirlos y, cuando se dan, resolverlos de manera pacífica”, detallan desde Possible Lab.

Sostenibilidad y equilibrio

Otro tema destacable que trata Betterworld es el de la sostenibilidad. “Cada capítulo fue diseñado para trabajar los distintos Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) incluidos en la Agenda 2030: fin de la pobreza, educación de calidad, igualdad de género, trabajo decente y crecimiento económico, reducción de las desigualdades, producción y consumo responsables, acción por el clima y paz, justicia e instituciones sólidas”, apunta la directora de innovación y tecnología educativa de Possible Lab.

Para encontrar el equilibrio entre diversión y educación y que los jóvenes descubrieran cuál puede ser su papel en el mundo y cómo pueden hacer de él un lugar mejor, desde Possible Lab se tuvo muy en cuenta la opinión de la generación millennial. “En Betterworld los jóvenes aprenden, a través de la empatía, a comprender mejor la realidad que se vive pasando a la acción de manera responsable para lograr transformaciones colectivas. Este aspecto lo confirmamos con los adolescentes de los centros educativos donde hicimos el pre-test del videojuego: uno de los aspectos que más resaltaron fue que se sintieron identificados con los personajes”, confirma Rodríguez.

“Además, al jugar a este videojuego, los adolescentes desarrollan la capacidad para analizar problemas y situaciones de importancia local, global y cultural como por ejemplo la pobreza, interdependencia económica, migración, desigualdad, riesgos ambientales, conflictos, diferencias culturales y estereotipos. Otras habilidades que van adquiriendo son la capacidad de comprender y apreciar perspectivas y visiones diferentes del mundo y la capacidad de establecer interacciones positivas con personas de diferentes contextos nacionales, étnicos, religiosos, sociales o culturales, o de distinto sexo”, concluyen desde Possible Lab, que han sabido transformar una necesidad en oportunidad.