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Una de las obras de arte urbano de Aryz, en Marruecos

De grafitero en Barcelona a artista en Japón

Las diferentes corrientes del 'street art' se hacen un hueco en museos y galerías y reivindican su reconocimiento como expresión artística

25.03.2019 00:00 h.
12 min

¿Puede una pintada callejera considerarse arte? Esta pregunta no tiene una respuesta sencilla, pero lo que sí se puede asegurar es que los grafitis, murales callejeros y demás intervenciones en espacios públicos son expresiones artísticas que, en muchas ocasiones, se enfrentan a las leyes y ordenanzas municipales. Sin embargo, y a pesar que la calle es el hábitat natural del arte urbano, en ocasiones sus artistas deciden entrar en los museos y reivindicar sus creaciones de una manera más tradicional. 

Este sería el caso de Octavi Serra Arrizabalaga, Aryz, uno de los jóvenes talentos que participa en el ciclo de encuentros que organiza CaixaForum en diversos puntos del país. A pesar de que su nombre sea mayoritariamente anónimo, no ocurre lo mismo con su denominación artística. Aryz ha pintado murales --algunos de más de 30 metros de altura y de forma completamente legal-- en edificios de todo el mundo: desde Cardedeu (Barcelona), localidad en la que vivió durante su infancia y adolescencia y donde comenzó como grafitero, hasta Japón, donde ha realizado su última intervención hace escasamente dos semanas. 

La última creación de arte urbano de 'Aryz', en Tokyo (Japón), en marzo de 2019

La última creación de Aryz, en Tokyo (Japón), en marzo de 2019

Expresión artística en el espacio público

Los inicios en el arte urbano son diferentes para cada artista. A veces es, simplemente, el grito de un grupo de adolescentes que utiliza un espacio público como vía de expresión, tal como ocurrió con Aryz. De hecho, asegura que su primera intervención "era tan mala que al día siguiente volví para intentar arreglarlo". A partir de entonces empezó a desarrollar su técnica, cuya poca ortodoxia dentro del mundo del grafiti también le dio problemas --"lo normal era pintar con espray, yo lo hacía con rodillo y eso no gustó; me decían que quería ser moderno"--. Finalmente decidió que se dedicaría por completo al mundo artístico y cursó la carrera de Bellas Artes, lo que le permitió, por una parte, conocer nuevas técnicas y estudiar a los grandes maestros de la pintura y, por otra, tener tiempo para desarrollar su propia forma de expresión.

Otras veces, sin embargo, el street art  nace como una forma de interactuación entre varias personas que asumen la calle como un espacio común y que, por tanto, todos tienen el derecho de reivindicar como propio. Es el caso de MeLata, una pareja de artistas que ha llenado Barcelona de mensajes de amor a través de latas pegadas en la pared y cuya identidad se mantiene en el anonimato --porque "lo importante es la obra", no ellos mismos, y porque lo que hacen no deja de ser ilegal--. Para ellos, todo comenzó un día de Sant Jordi, cuando se conocieron, y poco tiempo después decidieron expresarse sus sentimientos de forma pública. "No sabemos cómo surgió", explican a este medio. "Fue algo espontáneo, no premeditado; nos apetecía hacer algo juntos en la calle y surgió esta idea, sin más". A finales del pasado año, cerca de cinco años después de encontrarse, inauguraron una exposición en la galería Artevistas de Barcelona donde mostraban y vendían sus mensajes enlatados.

De una pared al mundo

La originalidad de MeLata radica, sobre todo, en el soporte. ¿Por qué elegir unas latas, un elemento tan cotidiano y externo al mundo artístico, para enviar mensajes de amor? "Vivíamos en el bario de El Raval y aquello estaba lleno de latas por todas partes", explican. "Quisimos usar algo tan característico del barrio para trabajar y así también tener punto de relación con el lugar donde residíamos". La interactuación con el entorno es algo que despunta en las obras de Aryz. Sus enormes intervenciones al aire libre --también realiza trabajo en estudio-- crean un gran impacto visual para el viandante y el muralista juega con todo lo que se encuentra tanto en la pared como a su alrededor para adecuar la creación al lugar. "Intento ponerme en el lugar de la persona que pasea para saber qué va a ver cuando pase por delante", atestigua ya que al final "invadimos el espacio y obligamos a que vean lo que creamos, algo que a veces pues no gusta y hay gente que no se lo toma muy bien". 

Aryz ante una de sus obras de arte urbano en Detroit (EEUU) durante su charla en el CaixaForum Barcelona / CG

Aryz ante una de sus obras en Detroit (EEUU) durante su charla en el CaixaForum Barcelona / CG

Las obras de estos artistas deben buena parte de su difusión a internet y a las redes sociales. Para Aryz, por ejemplo, crear un blog y colgar en él sus creaciones le abrió una ventana al mundo. "Es increíble lo que puede hacer internet. El hecho de poder viajar a sitios para pintar es algo que jamás hubiera imaginado que llegaría a suceder cuando empecé", asegura el artista. Algo parecido atestigua la pareja de MeLata, quienes decidieron salir de las calles de El Raval "cuando nos dimos cuenta de que mucha gente se preguntaba quiénes éramos y se enviaban nuestros mensajes entre parejas, a amigos y a la familia". La acogida que tuvieron sus creaciones les animaron a extenderse por todos los barrios de Barcelona y, después, a exponer sus latas en calles de otras ciudades, como Badalona, Girona, e incluso París y Londres. 

Espacios de creación legales

La explosión que ha vivido el arte urbano y su reconocimiento como tal ha generado varias iniciativas para darle apoyo. Entre ellas se encuentra Open Walls, una asociación que se proclama como una "bisagra" entre los artistas urbanos y la administración y gracias a la cual se puede disponer, de forma legal, de un espacio para realizar intervenciones en las ciudades, tanto de propiedad pública como privada. Un modelo que funciona, tal como comenta Xavier Ballaz, uno de los impulsores de Open Walls, ya que "lleva más de diez años funcionando y en otros países también hay proyectos como éste". Tanto Aryz como MeLata aseguran que estas iniciativas son "positivas" para aquellos artistas que estén empezando, pero aseguran que también tienen sus claroscuros.

La pareja de las latas defiende que "los muros legales dan lugar a un muralismo contemporáneo que la ciudad entera puede gozar" pero no considera que este tipo de expresión sea street art ya que "pierde su fuerza rebelde". Aryz, por su parte, explica que aún con este tipo de iniciativas "faltan espacios" y que, normalmente, los muros legales acaban "sobresaturados" y las obras se pierden al cabo de unas horas. "Este tipo de arte es efímero, yo entiendo que mis creaciones serán modificadas o desaparecerán de aquí a unos años porque están en la calle, donde cualquiera puede pintar encima, están expuestas al mal tiempo, etcétera. Pero una cosa es que lo sea y otra es que dediques un tiempo y un dinero en algo y que al día siguiente te lo hayan borrado o que otra persona pinte encima. A mí me fastidiaría".

El arte efímero en un museo

Aryz defiende que toda obra en la calle no deja de ser un "diálogo del artista con la pared" con una fecha de caducidad por el simple hecho de estar en un lugar público. Llegó a declarar, incluso, estar en contra de que sus obras sean restauradas. "Me gusta el hecho de que sea efímero y que la gente que convive con mi trabajo sea partícipe de su degradación", fueron sus propias palabras. En ello también recaban los componentes de MeLata, que incluso se sorprenden de que sus intervenciones perduren tanto tiempo. "En este mundo es fácil que tu obra desaparezca rápido porque, al final, lo que haces es ilegal", explican. "Parece que nuestro trabajo gusta, que se respeta, y eso es gratificante".

arte urbano efimero

Intervención de MeLata en París (Francia) con la frase "Arte efímero, amor eterno"

¿Y qué lleva a unos artistas de la calle a apostar por una exposición museística? Para MeLata fue, sobre todo, un nuevo reto al que enfrentarse y con el que "sorprender" a los demás. "En la calle tienes que ser rápido y muy discreto. Una exposición nos permitía jugar con el mundo escultórico, pudimos hacer intervenciones más grandes y más pensadas y, sobre todo, para nosotros significaba un reconocimiento para lo que hacemos". Para el muralista, sin embargo, responde a un estímulo algo diferente.

Por un lado, piensa en su salud física y mental: "La gente se cree que cuando viajo me paso el tiempo de turismo cuando la mayor parte del tiempo lo paso visitando tiendas de pintura y mirando una pared. Es un trabajo cansado y ahora tengo el chip en el trabajo de estudio y en la exposición" que se estrenará próximamente en París. Por otro, lo ve como una forma de apoyar a los artistas urbanos noveles. Admite que al principio dudó en formar parte del ciclo Encuentros con... de CaixaForum pero que lo pensó con tranquilidad y lo vio claro: "los que venimos de pintar en la calle sabemos que no se nos dan muchas oportunidades de explicarnos. Hay una falta de apoyo enorme por parte de las instituciones y cosas como esta nos ayudan a que se nos tome un poco más en serio".