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Entrevista a Alejandro Santos Pérez

Alejandro Santos Pérez: "Es necesario desvictimizar al continente africano"

El coordinador del festival nómada de cultura africana lamenta las dificultades de acercar las artes escénicas del continente

12 min

¿Cuánto sabemos de teatro, cine y danza africanos? Si bien es cierto que cada vez los bailes africanos se extienden más como práctica casi deportiva o como hobby, las artes escénicas del continente vecino llegan de manera escasa a España.

El festival nómada de cultura africana Harmatán nació en 2019 para acercar estas tradiciones a España y, sobre todo, a ciudades que no sean Barcelona o Madrid. Una propuesta que fue todo un éxito en su primera edición y que ahora regresa tras la pandemia.

Crónica Global habla con el coordinador del evento, Alejandro Santos Pérez, días antes de que arranque este festival que se celebra del 23 al 28 de mayo en Albacete, Móstoles y Ourense. Una conversación que pone en evidencia aquello que no queremos ver.

Cartel del festival Harmatán
Cartel del festival Harmatán

--Pregunta: ¿Cómo surgió la idea de este festival?

--Respuesta: En España es raro ver compañías de teatro africanas, en danza se ven un poco más. Hay bastantes programadores y directores de teatro que suelen estar interesados. Lo que es verdad es que muchas veces les resulta bastante costoso o, por una cuestión de idioma o falta de conocimiento, pocas veces se atreven a programar este tipo de espectáculos. De ahí, este proyecto para facilitar esa labor a los teatros y diversificar cierta programación teatral de lo que se llama periferia española, ya que las sedes son Móstoles, Albacete y Ourense.

--Esta es la segunda edición, ¿cuán buena es la recepción de las obras programadas?

--La recepción fue muy buena y bastante sorprendente. El público se acerca con bastante interés y la respuesta es de sorpresa, sobre todo. La programación está compuesta por obras de máxima calidad y de referencia internacional que han girado por todo el mundo y se recibió con mucho entusiasmo.

--¿Por qué cree que cuesta tanto que lleguen obras de África con lo cerca que está?

--Las cosas, por suerte, están cambiando poco a poco en España. Lo que sí vemos es que sí hay cada vez más iniciativas de acercamiento a las artes escénicas africanas en Madrid y Barcelona, pero a otras ciudades les cuesta más. Aunque África esté cerca geográficamente en el imaginario está bastante lejos. Los programadores raramente se exponen a propuestas africanas. Es por falta de conocimiento, el idioma, porque muchos programadores no hablan francés o no hablan bien inglés.

--¿Cree, precisamente, que el imaginario, los prejuicios tienen mucho que ver en esto? No son pocas las personas que pueden dudar de que se haga buen cine o teatro.

--Lo hay, claro que hay prejuicio de África como país pobre, con pobreza intelectual. Justamente por eso, con iniciativas queremos que se tenga acceso a las culturas africanas. Las redes también ayudan. El Nobel de Literatura del año pasado, Abdulrazak Gurnah, también hace cambiar las cosas y somos optimistas.

--Entremos en las propuestas de este año del festival. Como bien ha dicho la danza africana es algo que llega más, pero ¿qué tiene de especial 'Koteba', de Seydou Boro?

--Es una propuesta que pone en el centro el Koteba, el teatro tradicional de Mali. Allí, paralelamente a la tradición griega del teatro había y hay --aunque esté en desuso-- este tipo de teatro para abrir la palabra sobre diferentes tabúes de la sociedad

Escena de 'Talking about trees'
Escena de 'Talking about trees'

--La película que se presenta en el festival, 'Talking About Trees', de Suhaib Gasmelbari, tiene también algo subversivo. Es una mezcla entre 'Cinema Paradiso' y compromiso social. 

--Sí. Porque si bien comparte esa fascinación por el cine que se ve en Cinema Paradiso, la italiana no reivindica nada a nivel político. Talking About Trees, en cambio, sí tiene un trasfondo político. Es un documental de los fundadores de ese cine de Sudán que tuvieron que exiliarse en los 80 por hacer cine y regresan durante los últimos coletazos de la dictadura. Deciden retomar su actividad y devolver el cine al pueblo. En Sudán se hace mucho cine, sobre todo, desde la diáspora. Y estos pioneros quieren desarrollar su vida, sus sueños y acabar sus días viendo cómo los jóvenes se emocionan ante la gran pantalla, enfrentándose a las dificultades y trabas que les pone la Administración en el camino.

--En teatro apuestan por 'Traces' que a la vez une poesía y música, ¿cómo definiría el montaje?

--Es un texto bastante poético y musicado, escrito por una figura relevante como Felwine Sarr, artífice de un informe que se le entregó a Emmanuel Macron para que se devolviera el patrimonio que había sido saqueado a Senegal durante la colonización. Un proceso que se ha iniciado. Felwine Sarr defiende una filosofía de la autoafirmación de lo africano, que reivindica la voz de los africanos que debe ser llevada a todo el mundo. Este texto es tan poético como potente, por eso, porque reivindica un África que se levanta, que tiene cosas que decir y proponer sus modelos de desarrollo.

--En el mismo debate que se organiza durante el festival con Smockey y Hassane K. Kouyaté, se aborda esa juventud africana que se levanta artística y políticamente para pedir cambios y reivindicarse. Para quien quiera acercarse y conocer ¿qué otros modelos plantea el continente?

--Sobre todo, en las mesas se quiere difundir que es necesario desvictimizar al continente africano, que no se vea solo como la brecha del mundo, como me dice mucha gente. La juventud o los países africanos no necesitan el apoyo de Europa y otros países para salir adelante, como se cree muchas veces. Ellos mismos son motores también de esos cambios políticos y se ha demostrado en los últimos años con los movimientos sociales que han partido de iniciativas artísticas. Sobre todo, desde la música se ha conseguido movilizar a la población para que exija un cambio político y lo han logrado. Pasó en Egipto y en Túnez hace unos años y ahora sucede en otras zonas de África. A nivel artístico, también se reivindican otros espacios, lenguajes y aproximaciones al teatro, a la danza. Quieren que se tenga en cuenta toda esa diversidad de lenguajes que no tiene por qué ser dictada desde los grandes centros culturales de Europa. Todas las propuestas siguen la línea de pensamiento de Felwine Sarr de un África que se levanta, reinventa y propone modelos adaptados a sus propias realidades. 

Escena de 'Traces' / HARMATÁN
Escena de 'Traces' / HARMATÁN

--De hecho, parece que el arte allí sí está mucho más relacionado con la política y la sociedad que en Europa, ¿lo ve así?

--Generalizar sobre las temáticas es complicado y más hacerlo de un continente tan grande como África. Pero si se nos permite (sonríe de forma nerviosa), sí hay una aproximación mucho más social y reivindicativa, porque la situación de la gente es mucho más dura que en Europa, por eso los artistas están más comprometidos con los problemas de la gente en sus países, en sus pueblos. Eso no quita que haya obras sobre problemas y asuntos universales, pero sí hay un compromiso político más fuerte. Eso también puede servirnos de inspiración, porque África no debe verse solo como el problema de todo, sino como la solución o, al menos, la inspiración de muchas cosas. El mismo actor de la obra, Etienne Minoungou, creó un festival en Burkina Faso hace cierto tiempo que se toma como modelo de cómo un evento como este se adapta a las necesidades locales. Y es que lo que hizo fue transformar todo un barrio en estudio escénico. La gente abre las puertas de su casa, para que los artistas usen los patios de sus hogares como estudios de creación y es allí donde, durante el festival, se representan las obras y los vecinos se involucran. Un hecho, que además da mucho trabajo. 

--Hay una recuperación de las artes como creador de tejido social, se diría.

--Sí, eso es muy importante. Si implicas a los vecinos en un festival vas a tener muchísimo público. El trabajo directo con la población es muy importante, sobre todo, en países donde, a veces, la educación es algo deficiente.

--El hecho de que ustedes apuesten por ciudades alejadas de los ejes culturales españoles ¿tiene que ver también con la voluntad de crear otros públicos en distintos públicos de España?

--Exactamente, es un poco el objetivo. Quien vive en una gran capital casi siempre tiene acceso a lo que quiere. En el resto de ciudades, en cambio, muchas veces faltan otro tipo de estímulos, propuestas que vengan de afuera y no siempre lleguen las mismas compañías. Esto suma público o, por lo menos, lo enfrenta a otros lenguajes. Por ejemplo, hay gente que por primera vez se enfrenta al teatro subtitulado, que en otras ciudades lo han rechazado.

--¿Tienen intención de abrirse a otras ciudades españolas?

--Es la idea. Es un objetivo a más medio o largo plazo. Algunas ciudades ya se han mostrado interesadas en ser sedes también.