De cómo la prensa, el Parlamento y el Gobierno de Cataluña hacen un ridículo espantoso

Manuel Trallero
6 min

Hoy era un gran día. Prueba inequívoca de ello es que el plumilla ese que sale por la televisión nos ha regalado con su presencia, eso sí, en camisa de manga corta. La señora esposa de Millet se ha colocado tras él para ir comentando la jugada. Además, ya se conocía que el fiscal del caso, Sánchez Ulled, nuestro veloz correcaminos por su modo apresurado de entrar en la sala, ha sido designado por el Gobierno de Mariano Rajoy para un cargo en Bruselas. La prensa del corazón le dedicaba una glosa almibarada que rezaba así: "Una de las frases que lo definen [al señor fiscal] aparece en una de sus obras de referencia, Cyrano de Bergerac, atribuida a su protagonista: 'Quizás no escale a grandes alturas, pero escalo solo'". ¡Cómo añoro aquel tiempo en que los periodistas ingerían bebidas alcohólicas!

Tras la última sesión, en la que todas las acusaciones habían presentado sus conclusiones definitivas y en la que el abogado del Consorcio no había dicho ni pío de CDC, había una gran expectación. Esta había sido la semana cómica del (des)gobierno de Cataluña que, tras la votación del Parlamento, optaron por aquella forma de hacer política del "donde dije digo, digo Diego". El consejero de Cultura, señor Vila, ha sido capaz de decir dos cosas absolutamente contrarias casi sin interrumpirse. A este paso, Pinocho dejará de aparecer en los cuentos.

Así que el letrado del Consorcio, a quien sin duda alguna le espera un prometedor futuro haciéndole compañía a una fotocopiadora en cualquier dependencia de la Generalitat, ha tenido que pasar por el oprobio y cuchufleta de defender un escrito presentado al tribunal en que se solicitaba la inclusión de la acusación a Convergència, a la que la señora Carulla, presidenta del Orfeón, se ha opuesto para "no politizar el Palau", preocupada como está por recuperar el bolso que le robaron durante la boda de una hija de Millet y con el único voto a favor de uno de los socios para "salvar el honor de la entidad".

Esta había sido la semana cómica del (des)gobierno de Cataluña que, tras la votación del Parlamento, optaron por aquella forma de hacer política del "donde dije digo, digo Diego". El consejero de Cultura, señor Vila, ha sido capaz de decir dos cosas absolutamente contrarias casi sin interrumpirse

La ocurrencia del letrado ha sido acogida con una pulcritud en las formas estrictamente británica. Nadie se ha levantado de sus asientos para gritar "¡escándalo, escándalo!", como hubiera ocurrido en cualquier país meridional. La acusación popular se ha mostrado favorable a tal pretensión con un levísimo fervor, salpimentado por citas jurídicas que no han hecho mella en el ánimo de los presentes. Mientras tanto podría apreciarse un cierto brillo en los ojos de alguna de las defensas e incluso un rictus de complacencia ante la proximidad en que veían a la presa y el momento de entrar a degüello. He creído notar cómo el letrado Martell empezaba a ensalivar.

El primero en rematar el desaguisado ha sido el defensor de Millet, que le ha dado al abogado del Consorcio "la bienvenida al bando de la verdad". Porque lo cierto es, guste o no, que con su cambio de actitud lo que implícitamente reconoce el Gobierno de Cataluña es la verosimilitud de las confesiones de Millet y Montull sobre el cobro de Convergència de pagos efectuadas por Ferrovial. No tengo muy claro que hayan medido las consecuencias del seísmo y las réplicas del mismo en tiempos tan convulsos como los presentes. El letrado Melero, abogado del mencionado partido político y de su extesorero, ha estado sembrado. Ha recomendando que para hacer semejante papel se contratasen a un abogado privado y se librase a los ilustres miembros de la asesoría jurídica de semejante ridículo. Y ha concluido con una frase traída ex profeso para la ocasión: "Solo el formalismo nos protege del arbitrismo de los burócratas y de los políticos".

La señora presidenta del tribunal, tras la deliberación del mismo, ha acordado que las conclusiones definitivas, como su nombre indican, son definitivas y con su habitual tacto ha recordado al Consorcio que han tenido desde el uno de marzo en que se inició el juicio para presentar la acusación. Cosa que no hizo. Por lo visto esto de la separación de los poderes públicos solo reza para el denodado Estado español, antes España. En Cataluña algunos creen que tienen barra libre.

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¿Quién es... Manuel Trallero?
Manuel Trallero

​Ex periodista y ex casi todo lo demás. Tengo una edad ímproba, ¡incluso me acuerdo de que Franco murió en la cama! Eché artículos en 'La Vanguardia' hasta que me cansé. Hice un libro junto con Josep Guixá sobre Carmen Broto y otro solito sobre el (mal) llamado 'caso Palau'. Ambos tuvieron un éxito descriptible. Preparo una biografía de Jordi Pujol. Me he dado de baja del fútbol y del gintonic. Me gusta Schubert, aunque empiezo el día con Bach, mi ídolo fue Cassius Clay. Leo libros de historia en la cama. No soporto los restaurantes, las novelas ni el cava. Jamás veo la televisión ni oigo a Jordi Basté en RAC1. Practico la siesta del carnero y el boxeo.  

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