Menú Buscar

"Nadie sabía nada, nadie se enteró", ¿me la pueden tararear?

Manuel Trallero
5 min

La actualidad nos había dado la espalda, siempre tan caprichosa ella, dejándonos en la cuneta del olvido. Los gacetilleros rellenaban los titulares con otras batallitas, sin recordar que la madre de todas las batallas habidas y por haber en Cataluña se libra precisamente en esta causa. La reanudación de la vista ha traído novedades reseñables. Millet ha abandonado su sempiterna chaqueta a cuadros por una de color verde manzana clara, Osàcar lucía un cuello abierto y alguna colega iba ataviada Ad-lib Ibiza. Hay como un presentimiento del verano, enterrados en aquel búnker, unas ganas irremediables de finiquitar. Mientras se prosiguen con las rutinas habituales: Gemma Montull desayuna cruasán con Cacaolat, la presidenta del tribunal envuelve meticulosamente un mini bocadillo que deposita con esmero en el interior del bolso y el fiscal solo despacha en apartes con los grandes periodistas que son llamados a conferenciar.

La jornada se ha iniciado con los dos peritos de la Intervención de la Generalitat, uno de los cuales era precisamente el titular del organismo controlador en aquella época. Un éxito perfectamente narrable. El Consorcio --formado por Generalitat, Ayuntamiento de Barcelona y Ministerio de Cultura-- sufragaba el gasto del Orfeón y el mantenimiento del Palau. El dinero salía del Consorcio, pero solo la mitad de unos tres millones de euros llegaba a su destino final. O a pagar obras en los domicilios particulares de M&M. Un festival de pasta de los contribuyentes mondos y lirondos. Claro está que quien ordenaba los pagos y los recibía era la misma persona: Montull. Nada por aquí, nada por allá. El señor fiscal ha tenido uno de sus ya conocidos momentos de expansión lírica y ha preguntado: "¿Cómo fue posible?". El entonces interventor ha efectuado una larga disquisición. Tres entidades diferentes dentro del Palau, una sola cúpula directiva de las tres: M&M, tres contabilidades, etc. Conmigo fue más escueta: "Si hubiéramos visto que metía la mano en la caja, hubiéramos dicho: actúen que hay un tema, y den cuenta al fiscal".

Nadie sabía nada pero, como me dijo Gemma Montull, la señora Mariona Carulla cogía los papeles con los números, "se los llevaba a casa, sabía al dedillo lo que entraba y lo que salía"

No ha explicado, por ejemplo, que, cuando Millet salió de la cárcel por el caso Renta Catalana, fueron Pujol, como presidente, y Maragall, como vicepresidente del Consorcio, quienes lo pusieron al frente de la entidad porque por lo visto "era uno de los nuestros". O como me dijo Gemma Montull, la señora Mariona Carulla cogía los papeles con los números, "se los llevaba a casa, sabía al dedillo lo que entraba y lo que salía". La Sindicatura de Cuentas también apareció. Preguntaba en los lavabos a los empleados porque veían "que teníamos miedo". "Nos dijeron que era un tema político. Me sabe mal, pero este expediente ira abajo de todo". Millet respondió a la carta de la Sindicatura diciendo que "tomaba nota de las observaciones realizadas". Eulàlia Vintró era teniente de alcalde, miembro del patronato del Consorcio. "El acta se ponía sobre la mesa al comienzo de la reunión anual. Yo le dije a Pasqual que eso no era normal". La auditoría de la Generalitat era muy light, encima el auditor se lió con Gemma Montull...

¿Quién más no sabía nada? Claro, el Gobierno de la Generalitat. La directora del Protectorado de Fundaciones sabía que la Fiscalía estaba investigando. La consejera de Justicia, Montserrat Tura, sí que lo sabía. "El gobierno sabía que la Fiscalía estaba investigando al Palau y que creía que había indicios de delito en algunas actuaciones del señor Millet". Sin embargo, el presidente Montilla me aseguró que "el Gobierno no estaba informado". El consejero de Cultura se enteró del registro por la radio.

Antes del verano ya sabré tocarla. "Nadie sabía nada, nadie se enteró, ¡du, dua, du!".

Artículos anteriores
¿Quién es... Manuel Trallero?
Manuel Trallero

​Ex periodista y ex casi todo lo demás. Tengo una edad ímproba, ¡incluso me acuerdo de que Franco murió en la cama! Eché artículos en 'La Vanguardia' hasta que me cansé. Hice un libro junto con Josep Guixá sobre Carmen Broto y otro solito sobre el (mal) llamado 'caso Palau'. Ambos tuvieron un éxito descriptible. Preparo una biografía de Jordi Pujol. Me he dado de baja del fútbol y del gintonic. Me gusta Schubert, aunque empiezo el día con Bach, mi ídolo fue Cassius Clay. Leo libros de historia en la cama. No soporto los restaurantes, las novelas ni el cava. Jamás veo la televisión ni oigo a Jordi Basté en RAC1. Practico la siesta del carnero y el boxeo.