Martell superstar o en el cielo manda Dios, y en la tierra, Ferrovial

Manuel Trallero
5 min

Entre show mediático y clase magistral de alta jurisprudencia, entre la oratoria decimonónica e incansable de don Emilio Castelar y las morcillas cómicas propias de Eugenio del "saben aquel que dice...". Había entre las asistentes quienes le miraban embelesadas como si fueran fans adolescentes a punto de llorar ante su ídolo. El defensor de Pedro Buenaventura hacia esfuerzos denodados para aflojarse el cuello de la camisa y al mismo tiempo afirmaba que Millet pronunció "una frase del Telediario: que desde Ferrovial se pagaron comisiones a CDC a través del Palau". No para quieto un solo instante, ni por asomo. "Se le cae el cohecho", mientras junta los dedos de la mano y hace con ella un brusco movimiento en descenso. "Contratos de patrocinio publicitario", y mueve las dos manos en paralelo con las palmas enfrentadas.

Vestido de negro riguroso como el enterrador del cómic del oeste aquel de los hermanos Dalton, tiene el aspecto de un Unamuno flacucho o de vampiro de película de la serie b. "No tiene ningún papelote", le atiza al ministerio fiscal, que en actitud hierática parecía haber alcanzado el nirvana dejando el cuerpo presente en la sala y el espíritu en el más allá. Retorciéndose sobre sí mismo como una voluta barroca, "los concursos de adjudicación eran de primera comunión", mesándose la barba mientras se pelea por enésima vez con el micro y no encuentra los papeles. Ante la supuesta falta de argumento de la acusación, le espeta mientras se aparta el flequillo de la frente: "Yo también quiero un mundo mejor". Y el fiscal coloca la mirada en el infinito.

Desde la más absoluta ignorancia jurídica, no sé si he asistido a unos simples fuegos artificiales o a un ataque con misiles hasta convertir el edificio primorosamente construido por el ministerio fiscal en un solar desolado

Administra las pausas y los silencios. Es un virtuoso del tempo. Aparece el tema estrella. Da la casualidad de que el CD en donde están registradas las operaciones de Ferrovial, menos de un terremoto, ha sido víctima de todas las demás desgracias posibles. No se pudo leer, la secretaria judicial relacionó en el acta del registro del Palau, en una copia aparecieron archivos que no estaban en otras, la fecha es la misma para todos, los metadatos, la cadena de custodia... Martell, golpeando la mesa con los nudillos, anuncia: "Me hago mayor, ingenuo... pero ¿el garantismo es solo para la heroína turca?". Desde la más absoluta ignorancia jurídica --que puedo reconocer sin ambages ya que no voy a ninguna tertulia ni de radio ni televisión--, no sé si he asistido a unos simples fuegos artificiales o a un ataque con misiles hasta convertir el edificio primorosamente construido por el ministerio fiscal en un solar desolado.

Reconfortados con un merecido receso, y una vez superado el efecto del tsunami provocado por más de dos horas del letrado con más glamur y más de moda, ha tomado la palabra el defensor del otro ejecutivo de Ferrovial, Juan Elizaga. Ha sido un cambio de estilo, una evidente disminución de los decibelios, pero no por ello se ha rebajado la contundencia. En relación con el dichoso CD, ha puesto como ejemplo que si se rompe el recipiente en el que se deposita la prueba de un supuesto dopaje deportivo, la prueba queda anulada. Ni tampoco hace falta sufrir un ataque de locura entre quienes custodian una prueba judicial, como sostenía el fiscal, para la anulación de la misma. Ha concluido con una frase de mucho calado: "El derecho no es una ciencia exacta, pero no puede ser una lotería". Sin embargo, algunos parece que tengan todos los números para que siempre les toque.

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¿Quién es... Manuel Trallero?
Manuel Trallero

​Ex periodista y ex casi todo lo demás. Tengo una edad ímproba, ¡incluso me acuerdo de que Franco murió en la cama! Eché artículos en 'La Vanguardia' hasta que me cansé. Hice un libro junto con Josep Guixá sobre Carmen Broto y otro solito sobre el (mal) llamado 'caso Palau'. Ambos tuvieron un éxito descriptible. Preparo una biografía de Jordi Pujol. Me he dado de baja del fútbol y del gintonic. Me gusta Schubert, aunque empiezo el día con Bach, mi ídolo fue Cassius Clay. Leo libros de historia en la cama. No soporto los restaurantes, las novelas ni el cava. Jamás veo la televisión ni oigo a Jordi Basté en RAC1. Practico la siesta del carnero y el boxeo.  

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