El irresistible atractivo de las cifras

Manuel Trallero
5 min

Un alma caritativa ya me advirtió --quizás porque sabía que soy de letras y una persona mayor-- que la de hoy iba a ser una sesión "todo de números", así que, mientras ella no se ha presentado, yo he sido uno de los dos pobladores que han aparecido por el palco de la prensa. Ni el hijo de Manolo Vázquez Montalbán, ni los pregoneros de fiesta mayor, ni los plumillas esos que aparecen por la televisión han hecho acto de presencia. Hoy era solo para los amantes del heavy metal o de las óperas de Wagner. Tocaba picar piedra. Nos han perpetrado una matinal con una pericial conjunta, que no se trata de ninguna cochinada, sino que acuden todos los peritos juntos pero no revueltos. Así, han formado la Agencia Tributaria --por el Ministerio Público--, la auditora Deloitte --por la acusación particular-- y los peritos de Montull y Millet capitaneados por el multimedia José María Gay de Liébana, que parecía echar en falta una cámara que le enfocase, buscando insistentemente con la mirada alguien que le reconociese.

Nos han llevado y traído por un laberinto intrincado de informes y anexos a los informes, facturas duplicadas en que aparecían las obras en can Millet en la Ametlla y su versión sin destape con el importe que debía abonar el Palau por presuntas obras en el propio Palau. Después de debatir como si les fuera en ello la vida por setenta mil puñeteros euros y por si en el Palau había o no había un inventario, o si había visto o no había un octavo aparato de esos que evitan que cuando hay una bajada de la tensión eléctrica se escachifolle hasta el último fluorescente. Tras una especie de subasta del pescado, la cosa ha quedado, pellizco arriba pellizco abajo, en una horquilla que va de entre los 2,3 a los 2,5 millones. Es lo que nos habrá costado el capricho que incluía un auditorio de música para a quien nunca nadie ha visto en un concierto de música: Félix Millet. Mientras tanto, algún letrado pegaba unas cabezadas de mucho cuidado, que hacían sufrir por temor a un encontronazo violento de la testa contra la mesa.

En 2009, el interventor general de la Generalitat, Josep Maria Portabella, me explicó que detectaron irregularidades: "La auditoría se envió al Consorcio, a la Sindicatura de Cuentas, al consejero de Economía, pero llegan tantas... Y el que tenía que actuar..."

Pau Molins --el primer abogado de Millet-- acudió como miembro que era de la Fundación a la reunión informativa en la que Llinares explicó todo lo que hasta entonces había encontrado Deloitte en sus dos meses de trabajo. El resto fue como coser y cantar: la carta de autoinculpación de Millet y Montull, gran expulsiva de La Vanguardia. Claro que Molins dimitió como miembro de la Fundación. No sin antes manifestar que "procuraré hacer compatibles la defensa de los intereses de Millet con los del Palau". Así se las ponían al rey Arturo.

Al Consorcio lo auditaba la Intervención General de la Generalitat, a través de una empresa externa. En 2009, con el fiscal pisándole los talones a Millet, el propio interventor, Josep Maria Portabella, me explicó que detectaron irregularidades: "La auditoría se envió al Consorcio, a la Sindicatura de Cuentas, al consejero de Economía, pero llegan tantas... Y el que tenía que actuar...". Así que, cuando "el juez me preguntó si me fiaba de la firma de Millet en referencia a los recibos falsos que nos daba para justificar la salida de dinero, yo me callé, pero estuve a punto de decirle... Si se fiaba la reina, que salió fotografiada en los diarios; si se fiaba Aznar, que le dio dinero para las obras; el Ministerio de Cultura, el presidente de la Generalitat y las fuerzas vivas de Barcelona... Entonces, ¿no se tenía que fiar el auditor de su firma? Me callé. Aquí se nos pasó, al interventor del Ministerio de Cultura, al auditor privado, a la síndica y a todo el mundo".

A todos no, si no, hoy no estaríamos aquí.

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¿Quién es... Manuel Trallero?
Manuel Trallero

​Ex periodista y ex casi todo lo demás. Tengo una edad ímproba, ¡incluso me acuerdo de que Franco murió en la cama! Eché artículos en 'La Vanguardia' hasta que me cansé. Hice un libro junto con Josep Guixá sobre Carmen Broto y otro solito sobre el (mal) llamado 'caso Palau'. Ambos tuvieron un éxito descriptible. Preparo una biografía de Jordi Pujol. Me he dado de baja del fútbol y del gintonic. Me gusta Schubert, aunque empiezo el día con Bach, mi ídolo fue Cassius Clay. Leo libros de historia en la cama. No soporto los restaurantes, las novelas ni el cava. Jamás veo la televisión ni oigo a Jordi Basté en RAC1. Practico la siesta del carnero y el boxeo.  

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