Un fiscal modelo navaja suiza y la sardana versus las sevillanas

Manuel Trallero
5 min

Los asistentes a la sesión de hoy nos hemos ido desencajando con ciertas dificultades de nuestros respectivos asientos, efectuando para ello toda suerte de contorsiones --tengo las lumbares como las maracas de don Antonio Machín--, tras haber asistido impávidos a las cuatro horas (más las cuatro de ayer suman ocho) que ha invertido el ministerio fiscal en dar por concluido su informe. En algún momento he tenido la ensoñación de haber visto cumplido mi anhelo juvenil de ser corresponsal en La Habana.

El señor fiscal ha demostrado una versatilidad que ríanse ustedes del conocido producto Tres en uno. Para ello nos ha asaeteado con filminas que al cabo de un rato todo el mundo veía en una nebulosa, como cuando has de leer unas letras diminutas en el oculista. Ha empezado por ejercer de barman y nos ha mostrado el conocido cóctel prefecto, compuesto por las palabras obra, Ferrovial, pagar y Generalitat. Todo bien revuelto y se sirve frío.  No contento con ello, se ha mutado en lingüista y nos ha hecho caer en la cuenta de la sinécdoque de tomar el todo por la parte o la parte por el todo, es decir, el partido del señor Pujol con la Generalitat y por ende con Cataluña. Y de ahí hemos pasado a la consulta del psiquiatra en donde el fiscal nos ha diagnosticado "un esquema mental, una forma de pensar".

Deberíamos preguntarnos si el caso Palau no es una forma de dopaje político de Convergència, si no estamos ante una modalidad como otra cualquiera de amañar unas elecciones, más sofisticadas sin duda que romper las urnas a bastonazos pero igual de antidemocrática

El Palau, ya en el terreno del bricolaje, era la tubería por donde transitaba el dinero desde la constructora hasta llegar a las arcas de CDC, ya fuera en crudo, a través de empresas que facturaban trabajos al Palau que en realidad eran efectuados a CDC, o a través de los acuerdos con la Fundación Trias Fargas. Y es aquí donde ha calificado, en plan antropólogo, que "corresponde a un determinado pensamiento étnico mental que se pague a los ayuntamientos por poner sardanas en lugar de flamenco", tal como en su día declaró Daniel Osàcar, a quien ya puestos en balística ha calificado como "el gatillo del revolver que disparaba".

Todo ello ha ido convenientemente trufado con las correspondientes ilustraciones que en muchos casos eran auténticos fotomontajes, dando rienda suelta a la vena artística de su autor, con abundancia de vistosos colorines para resaltar lo más reseñable, entre cifras, columnas y porcentajes, un tanto mareante. Ha efectuado un planteamiento novedoso según el cual lo ocurrido en el Palau era "una forma de ir engrasando", de ahí que los concursos de adjudicación de obra pública --aquello que siempre reclamaba Artur Mas que la fiscalía se mirase-- eran impolutos; lo que hacía Ferrovial, once millones en diez años para el Palau, era satisfacer una especie de "impuesto", no por una obra en concreto sino para poder estar en la pomada. La fiesta ascendió a más de seis millones de euros que según el fiscal se ha tragado Convergència. Creo que deberíamos preguntarnos si no es esta una forma de dopaje político, si no estamos ante una modalidad como otra cualquiera de amañar unas elecciones, más sofisticadas sin duda que romper las urnas a bastonazos pero igual de antidemocrática. En cierta ocasión, un grupo de fiscales proclamaron: "Suerte tenemos de Emilio". Emilio Sánchez Ulled se lo ha currado y le ha quedado aparente. Veremos en qué acaba.

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¿Quién es... Manuel Trallero?
Manuel Trallero

​Ex periodista y ex casi todo lo demás. Tengo una edad ímproba, ¡incluso me acuerdo de que Franco murió en la cama! Eché artículos en 'La Vanguardia' hasta que me cansé. Hice un libro junto con Josep Guixá sobre Carmen Broto y otro solito sobre el (mal) llamado 'caso Palau'. Ambos tuvieron un éxito descriptible. Preparo una biografía de Jordi Pujol. Me he dado de baja del fútbol y del gintonic. Me gusta Schubert, aunque empiezo el día con Bach, mi ídolo fue Cassius Clay. Leo libros de historia en la cama. No soporto los restaurantes, las novelas ni el cava. Jamás veo la televisión ni oigo a Jordi Basté en RAC1. Practico la siesta del carnero y el boxeo.  

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