Factureros... y Bergós escondido entre los actores de reparto

Manuel Trallero
5 min

Estamos ya con las migajas. Han salido, en esta lotería, los primeros premios y ahora nos conformamos con la pedrea. Hemos dejado atrás a las grandes estrellas de este juicio y sus abogados de relumbrón y ahora nos tocan las conclusiones de los defensores de aquellos que, en acertada definición de la acusación popular, eran "trabajadores que jugaban en una división que nos les tocaba". Era tal el interés que despertaban que he tenido todo el palco de la prensa para mi solito. Al fin y al cabo se trataba de simples personas humanas. Y como bien se dice en la película Primera plana, "¿quién demonios leerá el primer párrafo?".

Durante todos estos días se ha ido elaborando una jerga propia que solo los muy avezados son capaces de entender. Así han aparecido los "factureros", que no son otra cosa que aquellos a quienes Convergència mandó a cobrar al Palau los servicios prestados al partido, por gastos de las campañas electorales. Tuvieron para ello que confeccionar las oportunas facturas falsas. Tardaron cuatro años en cobrar a capricho de Montull y ahora sus abogados tratan de rebañar alguna disminución de la pena entre una intrincada selva de sentencias del Tribunal Supremo y artículos del Código Penal. Hacen uso de una oratoria plana, enzarzándose consigo mismos y aclarando los conceptos entre poco y nada. Creen necesario citar a Kafka o hacer algún chiste malo.

Estamos ya con las migajas. Han aparecido los "factureros", que no son otra cosa que aquellos a quienes Convergència mandó a cobrar al Palau los servicios prestados al partido, por gastos de las campañas electorales. Tuvieron para ello que confeccionar las oportunas facturas falsas

Algunos colegas suyos, mientras tanto, dan cabezadas, preparan las clases en el ordenador, bostezan sin disimulo, leen en los móviles las noticias. Todos sufrimos un frío de congelador por mor del aire acondicionado y de las togas que lucen sus señorías a modo de abrigo. En medio de este paisaje más bien monótono ha conseguido camuflarse el seños Bergós, a quien su defensor le hace un recién llegado "al templo de la música catalana, del catalanismo, cuyos órganos de dirección estaban plagados de figuras relevantes". Uno ya se imagina al abogado ascendiendo por las escalinatas del Palau perseguido por un interminable travelín cinematográfico.  "Millet tenía pedigrí --proclama el defensor--, su padre lo había fundado y dirigido". Lástima porque el Orfeón lo fundó su tío abuelo, Lluís Millet junto con Amadeu Vives en 1891, y su padre fue tan solo presidente en 1952. Pero tampoco es obligatorio que los abogados sepan de qué hablan. Tanto es así que, según la defensa del señor Bergós, en el Palau "los tiros se han disparado hacia abajo, no hacia arriba". En una imagen propia de cualquier contrarrevolución, como una toma de la Bastilla en sentido contrario a la marcha de la historia. No parece muy propia la adscripción de su defendido a los descamisados y desheredados de la tierra cuando la Casa del Rey en el año 2007 se puso en contacto con el despacho del señor Bergós para tratar de poner un cierto orden en las actividades del Instituto Nóos que presidía Iñaki Urdangarin.

La señora presidenta ha anunciado, antes de desearnos un feliz fin de semana, que salvo imprevistos la próxima sesión del 15 de junio será la última del juicio. Un cierto alivio se ha traslucido en el rostro de todos los presentes.

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¿Quién es... Manuel Trallero?
Manuel Trallero

​Ex periodista y ex casi todo lo demás. Tengo una edad ímproba, ¡incluso me acuerdo de que Franco murió en la cama! Eché artículos en 'La Vanguardia' hasta que me cansé. Hice un libro junto con Josep Guixá sobre Carmen Broto y otro solito sobre el (mal) llamado 'caso Palau'. Ambos tuvieron un éxito descriptible. Preparo una biografía de Jordi Pujol. Me he dado de baja del fútbol y del gintonic. Me gusta Schubert, aunque empiezo el día con Bach, mi ídolo fue Cassius Clay. Leo libros de historia en la cama. No soporto los restaurantes, las novelas ni el cava. Jamás veo la televisión ni oigo a Jordi Basté en RAC1. Practico la siesta del carnero y el boxeo.  

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