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Cataluña en el banquillo

Cómo hacer 'un infanta Cristina' y cometer dos bodorrios

Manuel Trallero
5 min

El propio Millet me explicó la anécdota. Un viejo amigo de Jordi Pujol, nacionalista como él, le invitó a comer en un restaurante. Y eligió un vino de Rioja. Pujol --quien no paga nunca-- le pegó una bronca monumental por no haber escogido un vino catalán. Su amigo, impertérrito, le respondió: "Mira, Jordi: la mujer, catalana; pero el vino, español". Mientras hoy iban declarando las respectivas esposas de Millet y Montull, así como las hijas del primero, no me quitaba la idea de la cabeza ni tampoco lo que me dijo un empresario catalán: "El Palau se llevaba como una empresa familiar, nadie miraba nada". La imputación de Narcís Serra por su gestión de Caixa Catalunya parte de ese mismo principio universalmente aceptado.

La familia catalana, la clave de bóveda de toda la estructura social, se basa, según lo escuchado en la sala, en el principio sacrosanto de que los hombres mandan y las mujeres obedecen sin rechistar. "Es buena persona --dice la esposa del primero-- pero más vale no discutir con él". Son administradoras de sociedades que no saben para qué sirven, van al notario y firman lo que les dice su cónyuge, hacen viajes de lujo y les van dando el dinero para los gastos, sin preguntarse de dónde sale, todo por la sencilla razón de que ellos son gente de dinero, de mucho dinero. Ellas ni sabían, ni preguntaban, ni les interesaba. Doña Cristinala nostra, como se la solía denominar a la Infanta en Barcelona, ha creado tendencia.

La familia catalana, la clave de bóveda de toda la estructura social, se basa, según lo escuchado en la sala, en el principio sacrosanto de que los hombres mandan y las mujeres obedecen sin rechistar

Las hijas de Millet --la mayor, Clara, era la niñita de sus ojos, pensaba en ella como su sucesora y le montó un departamento internacional para que viajara con las amigas-- celebraron sus bodas en el Palau contra su voluntad. Fue una cabezonería de su señor padre porque "mi marido se le había metido en la cabeza". Eso no fue lo sorprendente; sí, en cambio, que a todo el mundo le pareciese la cosa más normal. A mí no y así lo publiqué. A la boda de Laila asistieron, entre otros, Xavier Trias y señora, el matrimonio Suqué, Javier Godó, Jorge Fernández Díaz, Enrique Lacalle, Carlos Godó, Ricard Fornesa, Salvador Alemany, Antoni Cambredó, Macià Alavedra, Sixte Cambra, Borja García Nieto... tutti quanti.  Entre los ausentes --pero que depositaron su óvalo-- figuran Josep Lluís Núñez, Juan Antonio Samaranch, Isidro Fainé, Rafael del Pino y, cómo no, Jordi Pujol y Marta Ferrusola. A la de Clara hasta fueron Jordi Vilajoana y Francesc Homs. ¡Ya estaban todos!

Hoy se ha desvanecido uno de los grandes mantras que se han repetido hasta la saciedad y que el nene de Vázquez Montalbán nos ofreció en exclusiva para La Vanguardia, siete años más tarde de su publicación: que la parte pagada por el suegro había ido a parar al bolsillo de Millet. Clara Millet en su declaración --y ha asegurado tener pruebas de ello-- lo ha desmentido, como ya se desprendía de la primera auditoría efectuada tras la entrada de los Mossos.

Tras lo cual, esa cara que aparecía siempre junto a los encausados de Convergència, desde Oriol Pujol al mismo extesorero Daniel Osàcar, y que corresponde al señor Francesc Sánchez, representante legal de Convergència, ha sentenciado que "era habitual que empresas que trabajaban para el partido ayudaran al partido; no era nada extraño". Había oído excusas mejores, pero ahora mismo no recuerdo cuándo fue.

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¿Quién es... Manuel Trallero?
Manuel Trallero

​Ex periodista y ex casi todo lo demás. Tengo una edad ímproba, ¡incluso me acuerdo de que Franco murió en la cama! Eché artículos en 'La Vanguardia' hasta que me cansé. Hice un libro junto con Josep Guixá sobre Carmen Broto y otro solito sobre el (mal) llamado 'caso Palau'. Ambos tuvieron un éxito descriptible. Preparo una biografía de Jordi Pujol. Me he dado de baja del fútbol y del gintonic. Me gusta Schubert, aunque empiezo el día con Bach, mi ídolo fue Cassius Clay. Leo libros de historia en la cama. No soporto los restaurantes, las novelas ni el cava. Jamás veo la televisión ni oigo a Jordi Basté en RAC1. Practico la siesta del carnero y el boxeo.