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La bolsa de Nueva York, en Wall Street / EP

¿Por qué Wall Street parece ignorar el coronavirus?

En los Estados Unidos, los estímulos monetarios han tenido un efecto mucho más preciso y evidente que en el mercado europeo

Miguel Uceda
5 min

Después de una de las caídas bursátiles más rápidas y duras de la historia, el Standard & Poor’s 500 ha vuelto a marcar máximos históricos. Hasta la fecha ha sido una recuperación espectacular, que deja perplejos a muchos inversores y que parece que se desliga de la sensación de crisis económica y de la evolución de muchos otros índices, como los europeos, que aún registran caídas del 15% frente a los niveles previos a la crisis.

¿Qué tiene de especial esta evolución? ¿Dónde está la clave para entender este comportamiento tan dispar? Podría decirse que en Estados Unidos los estímulos monetarios, las bajadas de tipos de interés y los programas de compras de activos y ayudas fiscales han tenido un efecto mucho más preciso, sobre todo por su impacto en el sostenimiento del consumo, pese a los grandes vaivenes de despidos y contrataciones --su mercado laboral es mucho más ágil que el europeo--.

El secreto de la economía americana

Sin embargo, una de las claves para entender la positiva evolución americana es la composición de sus índices y la evolución de las grandes compañías tecnológicas, cuyo peso en ellos es cada vez más grande. Compañías como Apple o Amazon acumulan revalorizaciones de más de un 40% desde el mes de febrero.

El Nasdaq Composite, el índice tecnológico americano, lleva un 14% de revalorización desde el anterior máximo de febrero, recogiendo en buena medida las expectativas de mayores beneficios para estas compañías por cambios de patrones de consumo después del Covid-19.

Desequilibro entre EEUU y Europa

Estos cambios de patrón se refieren fundamentalmente al mayor peso de compras on-line, el mayor consumo de ocio en casa y el teletrabajo. Las valoraciones de algunas de estas compañías alcanzan niveles muy altos, descontando unos crecimientos futuros a tipos muy bajos, que deben refrendarse en los próximos años.

Los índices europeos, con menor peso de sectores de tecnología, son de alguna manera más cíclicos y expuestos a negocios considerados value, o más expuestos a la crisis. Sectores como el financiero, la automoción, la energía y el turismo necesitan una mejora macro más contundente, que empujara más el crecimiento y los tipos al alza, con los que tienen una mayor correlación.

Gráfico elaborado por Bloomberg Finance
Gráfico elaborado por Bloomberg Finance

Evidente debilidad en Europa

Después de la presentación de resultados de las últimas semanas, las expectativas de beneficios han seguido mostrando la debilidad europea, tal y como puede verse en el gráfico de Evolución anual de los beneficios estimados del S&P 500 versus STOOX 600. Los beneficios siguen goteando a la baja frente a una recuperación en las estimaciones del mercado americano.

Evolución anual de los beneficios estimados del S&P 500 vs STOXX 600
Evolución anual de los beneficios estimados del S&P 500 vs STOXX 600

Por último, pensando en el futuro, esta evolución tan dispar dependerá de varios factores. En primer lugar, de la evolución y control de la pandemia, ya que una rápida solución sanitaria podría revertir en parte este diferencial. En segundo lugar, de los tipos de interés, ya que una subida de los tipos reales podría afectar a los sectores tecnológicos y otros sectores defensivos, vía un ajuste de valoraciones

El futuro, a la vueta de la esquina

Y, finalmente, con las elecciones norteamericanas a la vuelta de la esquina, en un momento en el que las economías están en guerra contra el coronavirus, y donde los desajustes presupuestarios dejan agujeros fiscales cercanos a los de la segunda guerra mundial, con déficit por encima del 15%, no sería descartable que en algún momento los legisladores tornen sus miradas hacia compañías cuya capitalización bursátil no hace más que atraer titulares --Apple superaba los 2 billones de dólares en la última sesión--.

Así que una de las preguntas que deberíamos formularnos es: ¿Morirán de éxito las grandes tecnológicas?

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