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Montaje con las fotografías de dos de los hermanos Vall Companys / CG

El crecimiento del grupo Vall Companys alarma al sector cárnico

La compañía leridana se ha extendido en toda la cadena de valor del negocio, desde los mataderos hasta la distribución minorista, lo que puede generar en una situación práctica de monopolio

26.09.2019 00:00 h.
7 min

Josep, Meritxell y Óscar Vall Esquerda, herederos del imperio cárnico Vall Companys formado por su abuelo Josep y engrandecido por su padre Josep, han cambiado de forma radical el modelo de gestión del que es el primer grupo cárnico español y segundo de Europa, hasta convertirlo en una estructura encaminada a monopolizar la producción y comercialización de carne de vacuno, cerdo, pollo, conejo y derivados que determina los precios al resto de sus competidores y condiciona las relaciones con la distribución.

Fuentes del sector señalan la alarma con la que toda la industria cárnica contempla cómo lo que en principio era una estructura empresarial enfocada a la producción de piensos y cría de ganado para la venta en vivo aumenta poco después su potencial industrial con la incorporación de los tres principales mataderos de España --Cinco Villas, Frivall y Patel--, con una capacidad de sacrificio de cinco millones de animales anuales, y entra luego en el negocio de los secaderos de jamón hasta alcanzar una producción de seis millones de piezas anuales. Después se ha posicionado en el segmento de elaboración de productos, y se convierte al final en un conglomerado de tal tamaño que evidencia una clara intención de controlar el retail, el último peldaño hasta el consumidor, cerrando así un círculo en el que todo lo domina.

La cadena de valor

El objetivo del grupo catalán, señalan esas fuentes, es controlar toda la cadena de valor de la industria cárnica, imponer sus reglas a la distribución, controlar los precios y eliminar a todos los competidores que no se ajusten a su modelo. Un modelo que modificará el negocio de miles de ganaderos y de centenares de pymes que corren el riesgo de desaparecer si no se someten a las reglas que impongan los Vall, indican las fuentes consultadas.

Medios del sector consideran que, aunque desde el Grupo Vall se asegura que esta estrategia es una una forma de estabilizar el negocio cárnico, de introducir prácticas sostenibles en el mercado, lo cierto es que se trata de un eufemismo para ocultar una práctica monopolística y de control absoluto.

Josep Pedrós, el hombre fuerte

El brazo ejecutor de esta estrategia es Josep Pedrós, hombre fuerte de Vall Companys, cuyo lema corporativo es “la materia prima manda sobre el mercado”. Para preservar la esencia de su negocio, la materia prima del sector, la carne, Pedrós ha puesto en marcha una estrategia de control de la elaboración cárnica para, desde una posición de dominio sobre lo que de verdad compra el consumidor, imponer sus condiciones a la gran distribución y al resto de la industria.

Un modelo de negocio que muchos consideran que conduce a un auténtico monopolio.

Comprar para crecer 

Bajo este principio de control total se produce en los últimos años una agresiva estrategia de compra de empresas dedicadas a la elaboración de productos cárnicos de todo tipo. Empresas como Frimancha, Comapa, Rubiato Paredes, Disproave, Jamones Nicolau o Pollos Dolz han caído una tras otra bajo el control del grupo.

Todas ellas tienen el denominador común de ser empresas de carácter familiar y con una eficiente organización comercial que las posiciona muy bien en el mercado.

Capital, gestión y financiación

En una primera fase, el holding entra en el capital de esas empresas con una posición minoritaria, pero con el control efectivo en la gestión. Inmediatamente impone la compra de su materia prima con niveles de precios altos, asegurando la rentabilidad de sus propias empresas suministradoras de carne. Esto genera estrés financiero en esas empresas, que se ven obligadas a recurrir a la propia Vall para solucionar sus problemas, lo que conduce de forma inexorable a quedar bajo el control de los hermanos Vall.

El control del mercado que están imponiendo no se limita a la fijación de precios y pautas para la distribución, sino que alcanza a cuestiones especialmente sensibles como la estructura laboral del sector. En buena parte de las empresas elaboradoras de productos cárnicos que controlan rige el modelo de contratación de falsos autónomos a través de seudo cooperativas de trabajadores. Una mínima parte de los trabajadores pertenece a la plantilla de la empresa, y la inmensa mayoría son subcontratados a esas seudo cooperativas y empresas multiservicios.

Falsos autónomos

La Inspección de Trabajo ya ha ordenado la inclusión de esos falsos autónomos en las plantillas de la empresas, pero Vall Companys se resiste con toda clase de subterfugios. Decenas de empresas cárnicas se han visto obligadas a copiar este modelo laboral fraudulento para competir con los precios de Vall Companys.

El holding leridano y con sede en Madrid facturó el año pasado 1.775 millones de euros. En su página web informa que produjo 4,7 millones de cerdos, 72 millones de pollos, 152.000 toneladas de carne avícola, 380.000 toneladas de carne de porcino, 13.000 de toneladas de vacuno y 13.000 toneladas de jamón curado. Además, cuenta con 2.100 granjas ganaderas asociadas, entre otras magnitudes que incluyen, piensos, harinas y productos elaborados.