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Figura en el Museo Bardo de Túnez con un impacto de bala de los atentados de junio de 2015.

Túnez sale del luto nacional y se pone a punto para volver al mercado en un año

El país del jazmín, descuartizado por el Estado Islámico en 2015, trabaja en silencio esperando su momento turístico

Ignasi Jorro
08.04.2016 22:24 h.
6 min

Walid Ben Cheikh Ahmed no los vio llegar. Bajó de un autobús con 40 turistas italianos para gestionar la entrada del grupo al Museo Bardo de Túnez capital. Era el 18 de marzo de 2015, la comitiva vestía abrigada --Túnez no es frío hasta abril-- y tomaba fotografías despreocupada: no era temporada alta. "Fueron las primeras víctimas. Solo burlar el control de seguridad, los tres terroristas abrieron fuego, dando a tres de mis turistas por la espalda. No sobrevivieron", explica a Crónica Global. Este guía turístico muestra su pesar a la vez que encarna la herida abierta de Túnez, que el Gobierno cuatripartito intenta suturar.

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Será en balde hasta 2017, por lo menos. "Este año ya está perdido. Hemos hablado con turoperadores y agencias. Han cerrado el destino para primar otros lugares, como España", señala Sonia Ayed, vicepresidenta de relaciones exteriores de la Federación Tunecina de Agencias de Viajes (FTAV).

En efecto, mientras España se prepara para otra temporada turística de récord, la otrora democracia start-up intenta salir del luto nacional y pinta y arregla su infraestructura turística. Lo tienen claro: "Volveremos", avanza Ayed.

A punta de pistola

Los dos profesionales coinciden con este periódico en la 20ª edición del Marché Internationale du Tourisme (MIT) de Túnez. La feria del turismo es hoy un rosario de caras de circunstancias, referencias veladas y pabellones vacíos. El evento no moverá negocio, no nutrirá destinos ni fletará chárters. Pero debe celebrarse. "Es su manera de decir que siguen aquí", explica una agente de viajes egipcia.

En el parque de exposiciones Le Kram se cocina la reprise, el retorno del Túnez turístico. Un destino cuyos deberes ingentes le impiden llorar a los 75 muertos que el Daesh causó en el país en 2015 en tres sangrientos atentados. "El país se ha blindado. Han venido expertos británicos y franceses en seguridad. Hay arcos detectores de metales en hoteles y museos, policías en cada esquina", admite Ayed.

Así, cuanto Túnez vuelva en 2017, tendrá otro aspecto. El país se ha israelizado, los controles son visibles, cuando no implacables, incluso con los vehículos de turistas.

"Tendremos los mejores hoteles"

No bastará. Para que Túnez vuelva al imaginario de los países que vale la pena visitar, precisará de otros dos elementos. "Uno, que no haya más atentados y dos, un producto turístico único (imagen inferior)", enumera Radhouane Ben Salah, presidente del gremio de hoteles del país (FTH). 

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Para ello, se trabaja en varias direcciones. Los 800 hoteles del país pasarán test de estrés. Todos deberán tener, además de seguridad, buen personal, infraestructura de primer nivel y un servicio impecable. "También retocamos el producto: golf, talasoterapia, el desierto, rutas culturales y demás", cita el también empresario.

Que se prepare España

Las tres puñaladas del Estado Islámico en Túnez de 2015 (Museo Bardo en marzo, Susa en junio y Túnez capital en noviembre) abrieron en canal al turismo. Este año, aguantará como pueda. "Llenaremos los hoteles con argelinos, tunecinos y alemanes, que han mantenido algunos vuelos", manifiesta Mohamed Sadok, de Magic Hotels&Resorts.

El mercado interior insuflará algo de vida a hoteles de cuatro estrellas a 60 dinares (26 euros), cuando antes de los atentados la tarifa media subía a 150 (65 euros). Pero el plan es otro. "Trabajamos con expertos de la coordinadora europea de agencias de viajes, la ECTAA. Ir a Túnez no será sol y playa. Será ir a pequeños hoteles del interior con comida única e historias junto al fuego. Autenticidad", se jacta Sonia Ayed.

En el horizonte, morder en Alemania, Francia, Reino Unido --que perdió a 30 compatriotas en Susa en junio-- y España, cuarto mercado emisor de visitantes al país. Y, por supuesto, arrebatar algunos visitantes a la Península. Cuando llegue el momento.

Lágrimas de Cartago

El momento aún no ha llegado. En el centro de Túnez capital cuesta oír idiomas que no sean el árabe, francés o bereber. Las termas de Antonino, las segundas más importantes del Mediterráneo, yacen desoladas (imagen inferior). Nadie visita una joya que mezcla mármoles que harían palidecer a la propia Pompeya.

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Tampoco es el momento para Walid Ben Cheikh Ahmed, el guía al que el Daesh segó las vidas de tres clientes y parte de su psique. "Días después me despertaba por la noche oyendo ráfagas de kalashnikov. Tuve que viajar a Italia un tiempo para olvidarlo", confiesa.

Meses después, la embajada de la República Italiana le invitó a la recepción en motivo de la fiesta nacional. Honraron su bravura al salvar la vida de los demás conciudadanos. El Gobierno tunecino, por su parte, aún no se ha dirigido a él. "Ni una llamada. Nada. Estarán ocupados. Suerte de nosotros que queremos esta industria. Sentimos que trabajamos para el país", concluye conmovido.