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Imagen de la Torre Glòries, edificio ofrecido por Rajoy para albergar la Agencia Europea del Medicamento / EFE

'Caso Torre Agbar': Barcelona y la seguridad jurídica

Merlin Properties compra el edificio para hacer oficinas entre quejas empresariales por las trabas del gobierno de Colau

Cristina Farrés / Ignasi Jorro
5 min

El fracaso de la transformación en hotel de la Torre Agbar de Barcelona ha encendido las alertas entre el empresariado por la factura que pasa a la seguridad jurídica de la ciudad. Merlin Properties ha comprado el icónico inmueble diseñado por Jean Nouvel por 142 millones de euros. Esta cantidad no cubre ni los 150 millones que pagó el fondo andorrano Emin Capital para adquirir el edificio en 2013 ni los 152 que desembolsó la patrimonialista Westmont Hospitality Group (WHG) el pasado septiembre para redondear la operación.

La firma estadounidense ha tenido un papel capital en la decisión de enterrar el proyecto de transformar la torre en un hotel de lujo, indican fuentes conocedoras de la operación.

Petición de licencia urgente en diciembre

Adquirió a Emin una participación del 60% del capital con un calendario de tres meses para resolver las trabas burocráticas que el Gobierno municipal de Ada Colau ponía al proyecto. La licencia para iniciar las obras, el verdadero freno a la operación, tenía que estar lista como muy tarde el 31 de diciembre de 2016. Nunca ha llegado.

Los mismos interlocutores indican que el Ayuntamiento de Barcelona tuvo desde principios de diciembre una reclamación urgente para desbloquear la situación en su poder. Afirman que no se contestó.

Defensa del Ayuntamiento de Barcelona

El relato de los portavoces municipales es diferente. Mantienen que la venta a la sociedad de inversión inmobiliaria cotizada dirigida por Ismael Clemente es una operación entre privados y recuerdan que WHG y Emin tenían licencia hotelera para operar. Se libraron de la moratoria a la actividad con la que Colau se estrenó en la alcaldía porque habían iniciado los trámites antes de que se anunciara la medida.

Sobre los retrasos burocráticos en el permiso de obras, indican que la fiscalización al proyecto de transformación de la Torre Agbar seguía el mismo calendario que el resto de peticiones. Niegan que se hayan dilatado los procesos para frustrar la apertura de un nuevo hotel en la capital catalana.

Efectos económicos

Los inversores deberán apuntar a su cuenta de resultados las pérdidas derivadas del fracaso del proyecto, aunque las consecuencias económicas van más allá. Merlin ha anunciado que invertirá 15 millones en “obras de conversión del edificio”. El presupuesto queda lejos de los 110 millones que estaban sobre la mesa para cubrir la transformación en hotel, más compleja por la naturaleza del inmueble icónico.

El naufragio de la iniciativa también tendrá un impacto laboral. Fulminará la creación de 600 empleados, según otras fuentes cercanas a los promotores. Cifran la pérdida en 350 puestos de trabajo directos para atender al centenar de huéspedes que se hubieran podido alojar en la torre, además de las visitas que se preparaban en su mirador. A ellos se les deben sumar otras 250 ocupaciones indirectas.

Críticas del sector

“Un gran Hyatt hubiera revalorizado Barcelona, igual que un Four Seasons en el edificio Deutsche Bank de Paseo de Gracia”, indica el gerente de un hotel de cinco estrellas de gran lujo de la capital catalana. Hace referencia al otro gran proyecto para abrir un establecimiento premium en la ciudad que hizo aguas por la negativa de Colau en otorgar la licencia y dar luz verde al proyecto urbanístico vinculado a las obras.

Reconoce que su competencia directa hubiera incrementado, “pero los beneficios eran incontables”. Otros operadores del sector señalan que el fracaso de ambos proyectos muestran las lagunas del actual equipo de gobierno local en ofrecer una solución a los problemas de Barcelona con la masificación turística.

¿Son los establecimientos de lujo los responsables del colapso que se vive en algunas zonas de la ciudad? “Elimina la oferta para un público que sí tiene poder adquisitivo y gasta dinero en la ciudad”, añaden.

Debate sobre la regulación turística

El debate aún está abierto, ya que Colau aún no ha conseguido el consenso municipal necesario para sacar adelante el plan urbanístico especial de alojamientos turísticos (Peuat). Solo tienen un borrador que fue blanco de críticas del Gremio de Hoteles de Barcelona en verano.

La asociación gremial que preside Jordi Clos ha declinado pronunciarse sobre las consecuencias para el sector de la venta de la Torre Agbar.