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Aula universitaria y algunas tarjetas de débito para estudiantes / FOTOMONTAJE CG

Tarjetas para estudiantes, otra forma de mover el dinero

Los bancos y las universidades ofrecen productos para que los jóvenes se familiaricen con el plástico

Ignacio Recio
7 min

Si por algo se distinguen estas tarjetas es porque ofrecen unas prestaciones debidamente diferenciadas de las de otros destinatarios. Contemplan una serie de descuentos, no solamente para realizar sus compras, sino también para reservar viajes o satisfacer sus demandas de ocio y tiempo libre. Incluso en algunas modalidades permiten llevar la gestión de sus gastos en los estudios. Preferentemente, a los jóvenes que estén cursando una carrera universitaria. Pudiendo, en cualquier caso, formalizar sus matrículas u otra clase de procesos administrativos en su etapa académica. Todas estas funciones son las que distinguen a estos plásticos de los destinados a otros segmentos sociales: autónomos, profesionales o usuarios en general.

Una de las aportaciones que presentan las tarjetas para estudiantes es que, por lo general, están exentas de gastos en su emisión, renovación y mantenimiento. Sin ningún coste económico para sus titulares. Con lo que ahorrarán una media todos los años en torno a 30 euros, que es la cuota de las tarjetas dirigidas al perfil senior. Aunque, a cambio, están limitadas exclusivamente a sus funciones a débito. Sin tener acceso a ninguna línea de crédito a través de este medio de pago universal. Desde este escenario, el único requisito para llevarlas en la cartera es tener una edad comprendida entre 18 y 30 años. Y, en algunos casos, que esté vinculada a una cuenta de ahorro de la entidad. Para a partir de este momento empezar a contar con todos los servicios que genera entre los estudiantes que las hayan suscrito.

Con las prestaciones bancarias básicas

Esta clase de tarjetas están habilitadas para que los jóvenes puedan familiarizarse muy pronto con el mundo del dinero. Incluso para administrar sus propios ahorros o crear una bolsa de ahorro con la que puedan satisfacer sus necesidades más inmediatas: abonar la matrícula de sus estudios, comprarse una moto o sacarse el carné de conducir. No obstante, si lo que desean es un modelo más flexible, a la semejanza del que tienen sus mayores, no será la respuesta adecuada. No obstante, proporciona las prestaciones bancarias más elementales, sin ninguna aportación digna de mención. El pago de sus compras y, sobre todo, la retirada de efectivo desde los cajeros automáticos se constituyen en sus principales funciones. Limitando siempre sus movimientos a operaciones a débito en ambos procesos. Un plástico que recoge esta demanda es la Tarjeta Estudiantes Blue BBVA, para controlar mejor los gastos de sus titulares.

Están enfocadas a satisfacer unas necesidades muy bien definidas, generalmente vinculadas a su actividad académica o demanda de esparcimiento. Con toda clase de propuestas, tantas como tarjetas comercializadas por las entidades bancarias hay en estos momentos. Cada modelo aporta sus propias características para tratar de diferenciarse de la competencia. De esta forma, no hay prácticamente dos tarjetas que sean completamente iguales. Cada una de ellas imprime su propia personalidad, que será percibida por sus destinatarios desde el primer día en que la contraten. Desde cualquier medio de pago, a través de La Caixa, se pueden beneficiar de las ventas de los programas para jóvenes. Aunque, en cierta forma, es el preámbulo de otra clase de tarjetas de débito más avanzadas en cuanto a los servicios que ofrecen.

¿Cuáles son sus características?

Desde luego que sus propuestas están muy diversificadas y abarcan una extensa gama de operaciones, en la mayor parte de los casos extrabancarios. Desde los dispositivos automáticos pueden realizar toda clase de consultas sobre su estado y el de la cuenta a la que está asociada la tarjeta. Generan una amplia oferta de descuentos y promociones en diferentes productos turísticos (reserva de vuelos, viajes, alojamientos, alquiler de automóviles, etc.). Como consecuencia de esta aportación, son muy útiles para enfocarlas hacia los viajes al extranjero y cualquier clase de intercambio cultural. Como en el caso concreto de la Tarjeta Euro Student impulsada desde Banco Santander, que a las prestaciones habituales añade la exención de cambio para las compras realizadas en otras monedas ajenas al euro.

Bonificaciones y seguros gratuitos

Pero su practicidad se hace más patente en cuanto generan potentes herramientas en actividades relacionadas con la cultura y el ocio (espectáculos, museos, parques de atracciones, etc.). Con importantes bonificaciones en sus entradas, hasta conseguir reducirlas en casi la mitad de su valor. Uno de los formatos más habituales que recoge esta tendencia es el Carné Joven Europeo. Su suscripción les ofrece los servicios de una tarjeta de débito tradicional, unida a todos los descuentos específicos que tienen como destinatarios adolescentes que son. Estos formatos están comercializados por buena parte de las entidades financieras que operan en nuestro país. Sin que les suponga ningún gasto adicional al contratarlas.

Otra de sus principales ventajas es que aportan a los jóvenes estudiantes sus primeros seguros y de forma gratuita. A través de unas pólizas muy sencillas y con las coberturas mínimas. Generalmente vinculadas con sus desplazamientos (accidentes, asistencia en viajes, etc.), a lo que unen otras contingencias más vinculadas son su plástico (robo y expoliación). Como elemento innovador con respecto a otras propuestas en este medio de pago, la inclusión entre sus coberturas de los accidentes en transportes públicos. De todas formas, con un enfoque muy bajo en que se presentan las protecciones del sector asegurador.

Sin olvidarse, por último, de todas aquellas tarjetas universitarias que son emitidas por los centro de formación superior. Identifican a los estudiantes durante su vida académica y les permite el acceso a una serie de servicios, como la biblioteca o la entrada a locales y aulas.