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París, escenario de los principales activos de Colonial en Francia, a través de su filial SFL / EP

SFL, la joya de la corona que salvó a Colonial de la burbuja

A comienzos de siglo, aun bajo el control de La Caixa, la inmobiliaria apostó fuerte por el pujante mercado francés, en el que ya funcionaban con éxito las socimi

7 min

La historia reciente de Inmobiliaria Colonial no se entendería sin tres letras situadas en su correcto orden: SFL. Acrónimo de Société Fonciere Lyonnaise, el nombre representa una de las principales compañías del sector en el país vecino y que desde mediados de la primera década del presente siglo está bajo el control de la compañía española. Clave para su proceso de expansión, SFL fue además fundamental para aguantar el impacto de la pasada crisis, que se cebó con el sector y que, además, sorprendió a Colonial bajo la gestión de uno de los tristemente recordados como “señores del ladrillo”.

En 2004, una Colonial aún bajo el manto protector de La Caixa adquirió el 55% del capital de SFL. Fue un movimiento que llegó como respuesta al frustrado intento de crecer en España a través de la toma de control de Metrovacesa.

Furor por Francia

La negativa de los accionistas de ésta a aceptar la operación hizo a Colonial fijarse en el exterior para crecer. Francia era el mercado más propicio, sobre todo porque en él ya estaban consolidadas las socimi, que aún tardarían un tiempo en llegar a España. Sociedades totalmente patrimonialistas, que disfrutaban de amplias ventajas fiscales si cumplían una serie de requisitos, entre ellos, cotizar en bolsa y repartir un elevado porcentaje de sus resultados en forma de dividendos.

El movimiento de Colonial desató un furor por el mercado francés en España. Poco tiempo después, fue la propia Metrovacesa la que adquirió un porcentaje mayoritario de otra de las mayores socimi de Francia, Gecina. Realia no se quedó atrás y compró SIIC de Paris.

Operación contra natura

Eran días de vino y rosas, en los que el dinero parecía el menor de los problemas. Y más para un sector en el nunca se veía el final del camino. Cada año era notablemente mejor que el anterior, pero nada comparable con el siguiente.

Tal era la locura que en 2006 una pequeña compañía cotizada llamada Inmocaral, notablemente más pequeña que Colonial, se lanzó a por ella y consiguió comprarla. Y después, proceder a la fusión de ambas. Una operación “contra natura” que, además, se produjo poco antes del dramático estallido de la burbuja y que estuvo a punto de terminar con la empresa resultante.

La etapa Portillo

Fue, sin duda, la etapa más negra de la historia de Colonial. Luis Portillo, un hasta entonces desconocido empresario sevillano, particularmente bien conectado con el poder político en la capital de Andalucía, pasó de la noche a la mañana de negociar recalificaciones de suelos para sus promociones en Dos Hermanas, donde inició su “imperio”, a la lista de las mayores fortunas de España.

Y, por supuesto, a erigirse en presidente y mandamás de SFL, en cuyo consejo de administración también colocó a su esposa. Colonial se llenó de activos tóxicos procedentes de la empresa de Portillo, cuyo castillo de naipes se desplomó de forma contundente a las primeras de cambio, cuando los primeros síntomas de la crisis comenzaron a asomar en el mercado.

Oxígeno

La insostenible situación llevó a la compañía a registrar fondos propios negativos y entrar en serio peligro de quiebra. En este punto, ya con Portillo fuera de la gestión, SFL fue algo más que una tabla de salvación a la que agarrarse. Especialmente, cuando Colonial decidió abandonar definitivamente el negocio residencial, que tradicionalmente había sido residual en su negocio hasta la operación con Inmocaral.

La filial francesa daba a Colonial el oxígeno necesario para seguir en pie, aunque en un momento determinado se planteó su venta con el fin de lograr liquidez y tranquilizar a una banca acreedora que no daba abasto en aquel tiempo con tanto concurso de acreedores y tanta promoción fallida adjudicada.

Interés de Amancio Ortega

En aquel momento llegó a entrar en escena incluso Amancio Ortega, al que el mercado inmobiliario francés siempre se la ha resistido. El mercado hablaba, y no paraba, de un interés del fundador y accionista mayoritario de Inditex por hacerse con la participación de control de Colonial en SFL. Sin embargo, no llegó a concretarse.

La vuelta de Juan José Brugera y Pere Viñolas al timón de Colonial llevó aparejada una primera decisión de forma inmediata: SFL no se toca. Si la compañía podría resurgir de sus cenizas no sería sin el concurso de la socimi gala. El proceso de reconstrucción y saneamiento fue arduo y complicado, pero se saldó con éxito.

Diecisiete años después de aquella primera compra, Colonial terminará de absorber un activo clave para su crecimiento y también para su supervivencia en el momento más difícil. Hoy en día, es Colonial la que goza del régimen que por entonces vio tan atractivo en SFL. Y cotiza entre las grandes de la bolsa española, en el Ibex 35. Llegó el momento de cerrar el círculo.